“La Pila Bautismal de la Capilla de Aguilar”, por Mario Scasso Burghi

En la penuria económica y social que había ocasionado la sucesión de acontecimientos bélicos: invasiones militares (británica en 1806-7 y dos portuguesas en 1811 y 1816), Revolución de 1811, reocupación española 1812 y Guerra de Independencia 1825-28, en San Fernando de Maldonado, habían interrumpido la construcción del templo (primera fase 1801-1806, la gestión administrativa del Alcalde Francisco Aguilar durante el Estado Oriental (1828-30), se había orientado en principio a la construcción de un local escolar, en un predio de propiedad estatal, donde había funcionado en la época colonial, la Comandancia Militar.
Dada la estrechez de recursos, utilizó materiales de construcción: ladrillos, tablazón, cal, acumulados para la prosecución de las obras de la “Iglesia Mayor”, durante el período de la “Provincia Cisplatina”. Esto levantó la oposición del Cura Párroco Pbro. Dr. Feliciano Rodríguez y de la mayoría de los vecinos. Esto era debido al deterioro progresivo de la cuadra del Cuartel de Dragones, habilitada como capilla para su utilización como templo parroquial en 1801, por falta de recursos para su mantenimiento, principalmente su techumbre de madera y teja.
Se decide entonces habilitar la construcción de la estructura que había sido construida con la intención de habilitarla como local escolar. Esta estructura, considerada provisional, mientras no se pudieran reiniciar las obras de la “Iglesia Mayor”, estaba concluida en 1835.
A la par se produjo el traslado del cementerio (se continuó dando sepultura a los vecinos junto a los muros inconclusos), a un predio a mitad camino entre la ciudad y el puerto, en medio de los arenales.
El vecino más relevante de Maldonado, dueño de varias empresas y de varios terrenos y propiedades en la población, era el canario Francisco Aguilar, que también tuvo decisiva participación política, fue el principal contribuyente a la obra del edificio religioso, lo que dio pie a que se llamara “Capilla de Aguilar”. A pesar de que su iniciativa era otra también había sido el impulsor de la habilitación del nuevo lugar de enterramiento.

Donación
Al habilitarse la capilla como sede de la Parroquia de San Fernando, el Párroco era el Pbro. Rafael de Cubas. Este obtiene como donación un reloj de sol (¿de Francisco Aguilar?), de mármol, con pedestal del mismo material y lo utiliza como pila bautismal. La tosca pila de piedra circular tallada, que perteneció a la antigua capilla, demolida para construir la “Iglesia Mayor” y se había trasladado a la cuadra del Cuartel de Dragones, no fue llevada a la nueva sede, tal vez por su peso y tamaño.
En 1889, fue encontrada en una casa particular, utilizada como bebedero de aves, figuró en las pertenencias del Liceo Departamental, hasta que fue apropiadamente reinstalada en la Capilla del Cuartel de Dragones, al ser restaurada en la década de 1970.
En cuanto al bloque marmóreo del cuadrante solar, se le practicó una excavación profunda en su centro, de 10 cm., de tallado más tosco que el pulido de la superficie de la pieza original, para poder contener el agua bautismal, que se derrama sobre la cabeza del catecúmeno. En el borde superior conserva la inscripción de las horas en números latinos del reloj de sol original. En el borde superior anterior, existe una inscripción en letras mayúsculas superpuestas, en la que sólo se advierte una fecha: 1775.
Según el historiador Carlos Seijo en su libro “Maldonado y su Región”, en el Capítulo: “Las Iglesias”, se refiere a la inscripción interpretada por el Pbro. Román Maritorena, transcribiendo: “Horizontal. Quadrante Sur. Determinado y fecho en el año 1775 de Jesucristo. En XX de Octubre.
Esta pieza fue utilizada por los tres vicarios que rigieron la Parroquia de San Fernando de Maldonado desde 1835 a 1895, Pbro. Rafael de Cubas (1835-1852, fecha en que fallece), Pbro. Juan Manresa (1852-1873, fecha en que fallece), Pbro. Pedro Podestá (1873-1895, cuando la sede parroquial se traslada al nuevo templo).

Bautizados
En ella se bautizaron los hijos de los vecinos, algunos de los cuales tuvieron señalada trascendencia, local y nacional: Juan Bautista Gorlero (1er. Intendente Municipal), Dr. Ángel Cuervo (de destacada actuación profesional en Fray Bentos), Juan de Dios Devincenzi (diputado), Dr. Garibaldi Devincenzi (fundador del Servicio de Emergencias del Hospital Maciel), Pedro Podestá (sacerdote que culminara la obra de la iglesia), Raúl Odizzio (Intendente Municipal), Martiniano Chiossi (Maestro e Intendente Municipal) y en fin los hijos de las familias características de la ciudad: Acosta, Alegre, Barla, Bengochea, Canale, Cabrera, Cruzado, Grossy, Montañés, Plada, Pou, Rivero, Sagristá, Tort.
Estas familias fueron testigos de épocas turbulentas: Guerra Grande (1838-51), Revolución del Gral. César Díaz (1858), Revolución del Gral. Venancio Flores y la Guerra del Paraguay (1863-69), Revolución de “Las Lanzas” (1870-72), el “Año Terrible” (1875), lo que llevaron a la población a una evolución plena de estrecheces e inestabilidad. Esto posibilitó que una capilla considerada en principio como provisional y transitoria, se utilizara durante seis décadas. Recién se recomenzaron las obras en 1882, de la “Iglesia Mayor”, gracias a la estabilidad que le otorgó al país el “Militarismo” y luego la “Influencia Directriz” de Julio Herrera y Obes.

Al olvido
Al concluirse la obra e inaugurarse el templo, en 1895, el Padre Podestá, recibe la donación de una nueva pila bautismal de origen italiano, de su amigo Francisco Piria. La improvisada pila bautismal, quedó arrumbada en un depósito de la nueva sede parroquial, hasta que el Padre Domingo en la década de 1940, la integró en un museo organizado en el atrio lateral derecho del templo, que luego fue desarmado y la pieza terminó cedida ¿en préstamo?, al Museo Mazzoni. Allí sin ninguna explicación de uso y procedencia, está colocada en el primer patio de la finca, también expuesta a los elementos y habitualmente llena de agua de lluvia.
Me entretiene pensar qué sentiría el Padre Domingo de saber que la pieza sacramental que rescatara, está en esas condiciones, en un museo creado por un reconocido masón y agnóstico.

Dr. Mario Scasso Burghi
Bibliografía.
Maldonado y su región. – Carlos Seijo. 1940.
Historia de Maldonado. Tomo I. – María Díaz de Guerra. 1988.
Ensayo de Historia Patria. Tomo II. – H.D. 1955.

 

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