“Los amigos tuertos”, por Danilo Arbilla

Bueno, … a otra cosa. Primeras planas para el caso Astesiano.
Lo que para unos no pasa de ser una noticia policial con algún ribete político de alto nivel, para otros, quizás más con fines políticos-partidarios, es un caso en el que están en juego las instituciones y la propia democracia en el país.
¿Será para tanto?
“El gobierno se comió un garrón”, dijo Álvaro Delgado. Si, pero ¿quién designó a Astesiano? Se lo debió investigar un poco más. Pensarlo dos veces. Para esa función nada menos. ¿Bastaba con que era un hombre “de confianza personal”?.
Se dice que cuando los amigos son tuertos se los mira de perfil. Y si, pero para jugar al truco, para comer un asado, ir a pescar, pero para otras cosas conviene ver un poquito más. Para un cargo público y más de significación: hay que mirarlos muy de frente.
Quizás el problema de este gobierno y del presidente en particular es que tiene un equipo de gente de confianza y, eso sí, jóvenes – (a los de más de 60’ ni para consulta). Juegan en todas las canchas y se las saben todas: van de subsecretarios a directores generales y de asesores presidenciales a Ministros. Estos últimos son fusibles cuando la oposición lo toma por el lado flaco y pide sangre, pero en los otros cargos, incluso si se es jefe de la custodia del presidente, ¿cuál es fusible?.
La oposición hace su juego: aparece la noticia y Pereira y Carreras embarran un poco la cancha, luego viene el centro y entran a cabecear Cosse y Orsi. La oposición lo hace bien y lo bien que hace.
El problema es quién mete los centros.
Lo de Astesiano, y según surge de los propios chats que acompasadamente aparecen, me resulta muy inflado, más allá de lo que haga o diga la oposición. Si hay una asociación para delinquir, no parece que él sea el jefe ni de los principales. Un pícaro, un busca vida por la cornisa que no respeta normas, que consiguió ubicarse en un lugar de privilegio para venderse mejor. No más que eso. Se transformó en una especie de Casimiro Parola (el que lo arreglaba todo con una palabra sola). Atendía todo, no le hacía asco a nada. Me imagino lo que pondría en las tarjetas, más lo que “abundaría’.
Difícil que Astesiano estuviera al servicio o fuera parte de agencia de inteligencia extranjera alguna; resulta casi ridículo pensarlo; incluso que sea un soplón barato. Pero nunca se sabe y no deja de alarmar lo fácil de la “infiltración”.
Otro elemento para poner atención es cómo se han ido filtrando las noticias de lo que investiga la fiscalía. Por momentos me hace acordar a lo de “operación Océano”. ¿Será esta la “operación Astesiano”?. Respecto a Océano, cuando a la fiscal, que era la gran declarante, se le acusó de armar “un circo mediático” respondió “me chupa un huevo”. El de Astesiano es distinto: uno, porque la fiscal es mesurada en sus declaraciones y dos porque hasta podría tener eventuales derivaciones políticas e “institucionales”. Pero en ambos hay “circo”
A nadie escapa lo “bien distribuida” que ha estado la información. Y ojo que ello no es culpa de los periodistas: estos publican lo que entienden que es noticia. Lo preocupante está en otro lado.
Ya hemos planteado dudas y críticas sobre este sistema procesal que puede incitar al “vedetismo”, al “circo mediático”, como en España o Argentina, y que quizás otorga demasiado poder a los fiscales para disponer nada menos que de nuestra libertad. Deberíamos estar preocupados.