Micaela Núñez: un viaje marítimo a través del arte en Punta del Este

Conversamos con la talentosa pintora acerca de sus recuerdos, experiencias y su visión del arte en Punta del Este hoy

Ciudadana Ilustre de Punta del Este, la reconocida artista nos transporta a su infancia en el balneario y nos revela cómo crecer rodeada de mar, ha influido en su destacada trayectoria. Desde su conexión con los veleros hasta la inspiración de los faros y las marinas, descubrimos cómo Micaela ha logrado plasmar su pasión por el mar en cada una de sus obras, que han conquistado tanto a reyes como al público internacional. Conversamos con la talentosa pintora acerca de sus recuerdos, experiencias y su visión del arte en Punta del Este hoy.

-¿Cómo recordás la Punta del Este de tu infancia?
-Mi paisaje de chica era el puerto. Las Mesitas. Recuerdo que todo lo que me rodeaba ahí era mar, era como vivir en una isla. Punta del Este era eso. Estaba el Cine Ocean, la panadería, el correo, el zapatero. Todos vivíamos ahí en la punta. Después, con el tiempo, se agrandó más.Y nosotros nos fuimos a vivir a Aidy Grill, que era como ir al bosque. Pero en definitiva estaba a tres, cuatro cuadras de la playa.

-¿Nos regalás algún recuerdo, escena, paisaje?
-Tengo varios, elegir uno sería muy difícil. Recuerdo mucho La Salina, ahí nosotros corríamos con Américo (uno de sus hermanos) y una oveja que tenía mi mamá, que la llevaba a La Salina, como si fuera un perro, toda negra. Se llamaba Trinidad, mi papá la había traído de Flores. Eso me encantaba. Después, recuerdo ir a la playa. Íbamos mucho a Zorba, con mamá y mis hermanos. Y a la tarde, venía el barquillero y jugábamos a ver cuántos barquillos sacábamos. Y después, tengo una imagen que me llena de cariño: ver a mi padre parado en la puerta de El Ciclista, con su saco blanco. Esa sonrisa impecable que tenía, saludando. Esos son mis recuerdos. Me crié en cada pedacito de Punta del Este. Y cuando camino, cada pedacito guarda un recuerdo.

-¿El mar se volvió tu materia artística?
-Pensar en la playa, pensar en los veleros que se veían, los barcos, los pesqueros…yo considero que soy parte de todo eso, y creo que mi pintura significa eso, lo que soy yo. Después con el tiempo me perfeccioné en lo que significa la pintura marítima y desarrollé mi pintura en base a la náutica deportiva, que es lo que más me gustaba por el dinamismo y la impronta que yo podía sacar de ese producto, que es el deporte que me encanta.

-Naciste a dos cuadras del faro de la ciudad, ¿cómo creés que tu infancia en esta ciudad costera haya influido en tu obra y en tu conexión con el mar?
-Nací en la esquina de “Los Cuatro Mares”, y sí, mi infancia cerca del mar influyó en mi pintura ciento por ciento. Yo empiezo a pintar veleros porque me sentía identificada. Y me empezaron a llamar la chica de los veleros. Con el tiempo, me dieron un premio de pintura marítima en Montevideo, y ahí yo tomé la decisión de tomar esto más respetuosamente, y es por eso que me puse a estudiar todo lo que significaba la náutica, tanto en mi pintura y en mi persona. Y así desarrollé un estilo propio, una forma propia de personificar un instante de ese deporte que tanto admiro y quiero.

-Tus obras relacionadas con temas marinos, faros y marinas han sido exhibidas en numerosos países. ¿Qué te inspira particularmente sobre estos temas y cómo creés que tu arte refleja esa conexión con el mar?
-Llega un momento que desaparece el barco y aparece la plástica, la soltura, la expresión, un montón de cosas. Y los faros salen por un tema de de sentir la protección de ese faro que me guió toda la vida. Un faro que vi desde que aprendí a caminar. Adoro los faros y tengo el recuerdo del faro de la Isla de Lobos de noche así, una noche de invierno. Y lo veo, pero los faros son la protección, te están avisando que hay algo que te está cuidando. Y eso es para mí el faro, y me parecen sumamente increíbles.

-Tienes una amplia trayectoria exponiendo en diferentes países. ¿Podrías compartir alguna experiencia o anécdota memorable de alguna de tus exposiciones en el extranjero?
-Sí, gracias a Dios, he expuesto en varios lados. Y anécdotas tengo montones. La última fue en París, en el Salón Náutico de París, en la Puerta de Versace, y recién se había abierto la exposición, una exposición gigantesca… y de repente, escucho “Allá está Micaela, está Micaela”. Era un programa de televisión de Argentina. Vinieron corriendo y me hicieron la nota. Entonces, ahí es cuando vos te das cuenta de los años de trabajo que uno tiene, y el respeto que la gente tiene de tu carrera.

-Tu atelier se encuentra en Santa Mónica, cerca de la laguna José Ignacio. ¿Cómo llegaste ahí y cómo te inspira en tu día a día?
-Mi taller en Santa Mónica fue algo que yosoñé toda la vida. Lo dibujé millones de veces este taller. Va a ser así, va a ser asá, y lo quiero así, lo quiero asá. Hasta que un día, Antonio me dijo, tengo mi terreno para vos, Micaela, espectacular. Y cuando vine a verlo, dije, acá voy a hacer mi taller. Porque yo soñaba con tener mi taller y ver el mar. Trabajé muchísimo, muchísimo, para tener el taller. No fue fácil, no fue de un día para otro, me costó su tiempo. Pero es algo que lo soñé, y ahora disfruto sentada mirando desde la ventana, como desde un faro.Veo todo el mar… José Ignacio hasta donde se pierde, y después veo para el lado de la Punta. Veo llegar los veleros y los cruceros. Y lo que más me encanta es ver lo cambiante que es el océano. Porque estoy enfrente del OcéanoAtlántico. Tiene unos cambios de color impresionante. Y lo más lindo fue un día que sentíel ruido de una ballena y dije “no puede ser”…Y abrí la ventana, y sí, era una ballena que estaba enfrente al taller. ¿Qué puedo pedir? Es un regalo de Dios, de papá, de mamá, porque gracias a ellos yo estoy acá.

-Fuiste nombrada Personalidad 2005 de Punta del Este y Ciudadana Ilustre, ¿qué significaron para ti estos reconocimientos en tu ciudad natal?
-Que me hayan reconocido en mi ciudad para mí es un honor, una responsabilidad, y a su vez, es estar presente como “familia autóctona”, como yo siempre digo, de Punta del Este. Y también imagino que para mi papá hubiera sido todo un orgullo, para mi madre lo es y para mis hermanos también.

-¿Cómo ves el arte en Punta del Este —artistas, muestras, museos—en la actualidad?
-Veo que ha crecido muchísimo. De la época que yo empecé a tener mi local en el Apolo hasta que me mudé a La Barra hubo un cambio increíble.Fue cuando comenzamos con los Gallery Nights, y ahí comenzaron a abrirse muchísimas galerías y hay una variedad increíble de artistas, de obras. No hay un solo estilo, sino que hay de todo. Y en la actualidad, me encanta que se haya abierto el Maca. Solo de ver la extensión del campo y las esculturas… sin hablar de lo que significa la estructura, que es impresionante. Para Punta del Este ha sido un antes y un después. Como lo fue Casapueblo. ¿No? Punta del Este tiene un nivel artístico muy bien conceptuado y hay artistas increíbles. Uruguay tiene fabulosos artistas. Y los que han llegado, que no son uruguayos, también han hecho de Punta del Este una gran galería de arte. Y yo, la verdad, que los felicito a todos.

-¿Qué es el arte para ti? ¿Cuál creés que es su valor en la sociedad?
-El arte para mí es mi vida. Yo pinto desde muy chiquita, sin saber que iba a ser artista, mi sueño era ser azafata. Pero toda la vida pinté. El arte es una forma de vida, una forma de expresarte, una forma de hacer una realidad paralela. Creo que para mí es eso: expresarme y representar lo que siento por el deporte, por mi Punta del Este y por mí misma.

La visita de los reyes de Malasia
-Sabemos que el rey Abdullah de Pahang y la reina Azizah Aminah Maimunah de Malasia han adquirido una de tus creaciones. ¿Qué significado tiene para ti que tu obra sea apreciada y comprada por figuras de la realeza?
-Cuando el rey vino a Uruguay, no estaba ni enterada. Estaba trabajando en La Barra, y en unos días viajaba para mi taller de Buenos Aires. La cosa es que alguien me dijo que el Rey de Malasia quería conocer mi pintura y que quería ir a mi taller y pensé que era una broma. Al principio me costó creerlo, pero era cierto. Cuando el rey y la reina llegaron al taller me sentí abrumada, estaba como nerviosa, me preocupaba qué iban a pensar de la obra. Pero ellos quedaron como asombrados, no sé, miraban las paredes, veían los cuadros, y se miraban entre ellos… y él le decía a ella “¿y cuál te gusta?”,y ella decía, “a mí me gustan todos”. Con la admiración con que miraban mi obra y me hablaban no hacía falta que compren nada, para mí esa era la gran compra. Igualmente, se llevaron un mural de 2 mts por 3. Y la verdad que para mí eso fue algo increíble. Poder tocarle la fibra, el sentimiento a alguien que está acostumbrado a ver muchisímas cosas fue muy importante.