“No lo creo”, por Danilo Arbilla

El resultado del referéndum aparejará transformaciones. No creo que después del 27 el país “vuelva” a los carriles habituales, como algunos dicen.
Si gana el Si será muy malo para el país y para los uruguayos, pienso. Pero tampoco será bueno que gane el No por mucha ventaja. Quizá lo mejor sea un resultado similar al de las elecciones pasadas con lo cual nos mantendremos en el punto medio, sin hacer olas. Como siempre, más o menos. Y si así ocurre, como es muy probable que ocurra, la pregunta es ¿para qué se hizo el referéndum?.
A las respectivas coaliciones les sirvió de algo. A la de gobierno para mantener la unidad; en definitiva, el que se opone te sostiene y además la LUC es de todos y hay que defenderla.
También sirvió a la coalición opositora para mantener la unidad y recobrar una cierta autoestima, malherida tras la derrota. Se transformó además en un motor para agitar y movilizar a su gente y en ello avanzar en el camino para recuperar el poder. Al principio no lo calibraron tan así ni el PIT-CNT y ni el FA, cuando la iniciativa del sindicato de ANCAP. La LUC es un instrumento para reordenar ese desquiciado organismo y entre otras cosas acabar con los privilegios de un sector minoritario de funcionarios. Para éstos sí estaba más que justificado el intento. Los otros, con las pancartas algo descoloridas, lo admitieron como una “buena zanahoria”, la que a la postre los puso en marcha arribando a un buen puerto: la realización de un plebiscito contra el gobierno.
Nada les importó la pandemia, los esfuerzos hechos por el gobierno y por la mayoría de la población durante la crisis sanitaria venida de afuera, ni las consecuencias dañinas de una guerra también foránea. Rápidamente el presidente del FA se agarró del tema precios, que ha afectado a todo el mundo, para atacar al gobierno.
Se olvidaron de la LUC -el único tema en cuestión- a la que encararon con una campaña de medias verdades y falsedades que rápidamente quedó el desnudo. De ahí saltaron a desacreditar a la policía, cuyo accionar ha hecho desaparecer en buena medida la ansiedad y la sensación de miedo en la población, y en tándem con la comisión de DDHH y los defensores de oficio sacaron de la galera 50 casos de abusos policiales. Todo mentira, según las autoridades. El presidente del FA atacó a la justicia y dijo que hay una justicia para pobres y otra para ricos, lo que es decir que no hay justicia. Hablo de “muchachitos” indefensos. ¿De cuáles? ¿De los que trafican con drogas, los que roban droguerías y asaltan kioskos y matan a kiosqueros, los que copan hogares y maniatan a ancianas de más de 100 años, los que mataron al joven en Paso Carrasco? Pues todos ellos han tenido y tienen garantías.
Si ese ha sido el tono de la campaña, como habrá de ser si gana el Si. Desbordarán de soberbia, con todo lo que ello implica. Fernando Pereira, que llegó a la presidencia del FA merced a comunistas y tupamaros, a dos semanas de haber asumido pidió un debate con el Presidente de la Republica. Nada menos. Si gana el SI, que va a pedir ¿que le habiliten el Palacio Estévez?
No es bueno tampoco que el No gane por un amplio margen. No están libres de caer en la soberbia. Ese es un tema que ronda en la coalición de gobierno y uno de los que más la debilita. Hay quienes creen que se las saben todas. Y eso es malo para la coalición y para todos.
En definitiva, los uruguayos poco tendremos para agradecerle al referéndum.