“Patria embrutecida”, por Ricardo Garzón

Suscita espanto e incredulidad advertir diariamente la ligereza y desconocimiento temario con que se manifiestan figuras del gobierno y del elenco parlamentario sobre los aconteceres diarios del país.
La patria se ha embrutecido al compás del deterioro intelectual y falta de criterio con que se manejan hombres y mujeres en los polos de decisión, presionados por la fuerza sindical en un país que ha hecho del fútbol su principal preocupación.
Pendientes de los nuevos técnicos de Nacional y Peñarol, y del enfrentamiento con Chile por las eliminatorias de la Copa del Mundo, a tambor batiente la prensa alimenta, no ya diariamente sino minuto a minuto la pasión del gol en un pueblo destruido y sumergido en la ignorancia, en donde los menos estudian y los más deambulan por la vida sin ilusiones ni horizontes aceptables.
Una rendija de esperanza, un refresco, aparejó el triunfo de la coalición multicolor, nave que peligra ir al garete en el mediano plazo, si tenemos en cuenta el estado sufriente de la ciudadanía debido a la desocupación y salarios miserables en su tercio.
El despilfarro de los dineros públicos se ha verificado incontrastable en un país con hijos y entenados, que tiene eje en un sistema político auto protegido, en donde todos cuidan del bolsillo de todos como principal preocupación, por encima de toda bandería y facción. Un tercio de la población vive por debajo de la línea de pobreza, y se ha denunciado públicamente que otros tantos o más cobran por mes lo que aquellos auto privilegiados en un día.
Esa grieta se irá cerrando cuando gobernantes y políticos emparejen para arriba al ciudadano. No para abajo, como ha practicado el gobierno que se va, mentiroso e incapaz desde el presidente de la república al último del escalafón. Del primero al último, parafraseando a Jorge Batlle.
El despilfarro y dilapidación de los dineros públicos trajo como consecuencia impuestos que hoy no se pueden pagar. Industrias fundidas; tambos cerrados, y desaparición diaria de grandes y pequeñas empresas en todo el país.
Con infinita paciencia, prudencia y rapidez, el nuevo gobierno deberá intentar, por lo menos, revertir la inseguridad ciudadana e igualmente el deterioro institucional, educativo y familiar en todos sus aspectos, con el contrapeso que supone la falta de idoneidad que exhibe el sistema político en su conjunto. La tarea, para salir del pozo, no admite fisuras.
La patria embrutecida tendrá que dejar paso a reformular la república. La reforma educativa no puede esperar más, en un entorno de violencia gremial y desconocimiento flagrante de las jerarquías, al amparo de una mal entendida y manipulada autonomía.