“¡Puesta!, señores”, por Danilo Arbilla

Lo que pase en Argentina en el 2024 será un factor que, si no determinante, incidirá fuertemente en las elecciones uruguayas. Estará presente en la campaña electoral, aquí. Pero, para qué adelantarse, lo que va a pasar por allá por ahora es imprevisible. Miguel Wiñazki, reconocido analista argentino, escribió hace unos días en Clarín, “…ningún escenario puede descartarse.Todas son apuestas firmes. Todo está por verse”. Una forma de decir yo que sé (lo que va a pasar).
Aquí, en tanto, según Opción Consultores si las elecciones fueran por estos días habría un empate; técnico o como se le quiera llamar; “puesta”, como se dice o decía por mis pagos de Casupá en las pencas de caballos, cuando los pingos llegaban igualados.
Pocos números para no marear: sin duda al Frente Amplio le iría mucho mejor si su candidato es el intendente canario, Yamandú Orsi: 45% frente a 45% sumados los de todos los partidos de la coalición gubernamental (CG). Con Carolina Cosse como candidata de la izquierda, el resultado sería más doloroso: 10 puntos por debajo. Por el FA optarían un 39%, en tanto la suma de la CG sería del 49%.
En la CG van cómodos los blancos y entre estos más cómodo aún Álvaro Delgado, quien en estos días renuncia como Secretario de la Presidencia. También Orsi mantiene un liderato en el FA, aunque la intendenta capitalina se ha acercado un poquito. El aparato del Partido Comunista se hace sentir; no se sabe, de todas formas, como jugará, si a favor o en contra de Cosse, el haber firmado por el plebiscito contra la ley jubilatoria. Los comunistas contentos, pero aparentemente ese no es el estado de ánimo de la mayoría de los frenteamplistas.
En las internas la gran batalla se dará en el FA. Por el momento hay una especie de tregua entre ambos favoritos, pero ya vendrán épocas de fuertes castañazos.
La estrategia hasta entrar en la recta (la de los castañazos) parecería que es la de atacar al presidente Lacalle Pou. El asunto es marcar el perfil de duro opositor y dañar la imagen del mandatario, del gobierno y como efecto colateral la de los restantes miembro de la CG.
El apoyo popular al Presidente, por encima de los 40, les pesa. Podría tener más, pero algunas imprudencias propias y de colaboradores amigos, le han mellado un poco. No tanto, por cierto, como para debilitar el fuerte respaldo de la población ganado, sin duda, por el manejo que ha hecho al enfrentar temas, inesperados y ajenos a él, como la peste, la invasión de Ucrania y sus consecuencias económicas, y la gran sequía; una de las más grandes sino la más grande de la historia. Los timoneó con mano firme, respetando las instituciones, como se debe, y sin afectar la libertad de los uruguayos. Y la gente se lo reconoce. Se imagina el lector cómo hubiera sido la cosa si gobiernos frenteamplistas – que jugaron siempre con “viento a favor” desde afuera- hubieran estado a cargo. Con la pandemia, por ejemplo, plantearon una cuarentena total y vacunas rusas- como Alberto Fernández en Argentina- y cacerolearon contra el gobierno por lo que hacía, no condenaron a los invasores rusos -de hecho apoyaron la invasión- y en sequía criticaron al gobierno por no hacer las represas que ellos debieron hacer con fondos que destinaron a satisfacer “una idea” de la precandidata. Imagínese el lector: todos estos líos manejados por Cosse, Pereira, Carreras, Olesker, Abdala y el PIT-CNT. Lo que hubiera sido.
Imagínense uruguayos, imagínense.