Bajo algunas nubes un poco amenazantes y unos calurosos rayos de sol comenzó la puesta en escena. El atardecer estaba a pocas horas de llegar y los vecinos, previamente organizados, se reunieron en el Muelle de Mailhos para colocar cientos de velas. Como hace varios años, se festejó esa playa de la rambla Mansa, su historia y la lucha de vecinos que terminó con la reconstrucción del viejo muelle. “Hace 7 años festejamos la iniciativa de los vecinos” dijo Diego Rubio, uno de los vecinos organizadores de la actividad, sobre el muelle que es patrimonio departamental. “Este lugar está lleno de historia y de historias. Se había partido en tres y se había vuelto inutilizable, tanto el muelle como la playa. A los puntaesteños y fernandinos nos dolía en el alma y eso fue lo que nos motivó a buscar a alguien que escuchara nuestros reclamos y lo reparara.”
En 2013, después del reclamo de un grupo de vecinos, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas decidió restaurar el muelle que estaba, casi en su totalidad, perdido por la fuerza del mar, el tiempo y las inclemencias climáticas. Con una inversión de 300.000 dólares es que se restauró totalmente la plataforma que hoy es usada por turistas y locales. El año pasado el Municipio de Punta del Este colocó escalones nuevos para que el acceso al agua sea más fácil. “Somos vecinos que amamos nuestra tierra y cuidamos nuestro patrimonio” dijo Rubio sobre el grupo de personas que se reúne cada año para organizar el evento.


La fiesta
Doscientos bidones de plástico, que fueron donados por la empresa Salus, fueron colocados a lo largo del muelle, cada uno con una vela en su interior. Cuando el sol comenzó a bajar, la playa ya se había llenado de gente y entre pequeñas luces de fuego, el show comenzó. El lugar se llenó de música con artistas locales: Cristina Lemos, Alex Osorio y Lucia y Maximiliano, jóvenes que suelen cantar en la peatonal Sarandí. Con el show también llegó al Muelle de Mailhos Emilia, una sirena que atrajo la atención de grandes y chicos, con una magia similar a esas históricas figuras mitológicas que enamoraban marineros con su canto. La luz del sol se fue y a lo lejos algunos relámpagos amenazaban tras una nube, pero la gente continuó llegando a la playa. Como si fuera un desfile, veintenas de personas recorrieron de punta a punta el angosto muelle que tiene vista directa a la Isla Gorriti, como algún día lo hizo la familia Mailhos.


Un lugar con historia
La familia Mailhos vivía frente a la rambla mansa, exactamente en la esquina donde hoy se encuentra el edificio Espigón, frente a la playa que hoy lleva por nombre el apellido familiar. Todos los veranos, la atracción de la playa era un banco de arena en el medio del agua que tenía la perfecta profundidad para bañarse cómodamente. Hacía allí cruzaba siempre la familia Mailhos, atravesando una hondonada con rocas al fondo. Según cuenta la historia, para evitar lastimarse se calzaban y luego colgaban el calzado en una vara. Después de un tiempo accediendo al banco de arena de esa forma la familia decidió poner manos a la obra y construir una pasarela que les permitiera saltar directamente al agua sin tener que cruzar las rocas. Así fue que nació hace más de 40 años un muelle que han disfrutado diferentes generaciones de ciudadanos locales y extranjeros.

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