“Silencios”, por Danilo Arbilla

No sé por dónde empezar. Si por el discurso de Alberto Fernández en la Cumbre, o la “parada de carro” en el Senado.
¿Lo escucharon al presidente argentino? El considerado “político Clase A” por el Frente Amplio. Creo que en tan solo 10 minutos confirmó que es el rey de los chantas. Y no quiero ser irrespetuoso: chanta es aquel “que presume de tener algo, especialmente una capacidad, un conocimiento o un poder, que en realidad no posee”. Para colegas argentinos fue vergonzoso y lo calificaron de “caradura” y de “presidente títere”.
Alberto con tono de “che pibe” le indicó a Joe Biden, el anfitrión, a quiénes debía haber invitado y le dio algunos lineamientos sobre política interna de los EEUU. Mientras los piqueteros tenían tomado Buenos Aires, él manejo fórmulas de salida para la guerra de Ucrania, para la corrección de las políticas del FMI y del Bid y fundamentalmente para superar los problemas del hambre, la pobreza (¿Caradura dijeron?).
El momento cúlmine fue cuando clamó por el “silencio de los ausentes” en referencia a Maduro, Ortega y el castrista Díaz Canel. Al silencio de éstos, no al silencio -más pobreza y represión- que ellos le imponen a los pueblos de Venezuela, Nicaragua y Cuba. (Doble discurso y otra vez lo de caradura). Fernández habló, según dijo, desde el humanismo. Para periodistas argentinos dijo lo que días antes Maduro le dijo que dijera. Ello en base a declaraciones públicas de Maduro, siempre tan prudente y con ese toque diplomático propio de un tractor.
Un desubicado Alberto: pidió que echaran a Luis Almagro de la OEA mientras éste crece y se afirma por la buena senda, porque, dados sus enemigos, ¿qué otra cosa se puede pensar?.
Y en materia de silencios y dobles discursos está lo de la interpelación a Heber. Al respecto lo único que la gente sabe y comenta es que Beatriz Argimón trancó duramente a una senadora del FA, que pretendió “mojarle la oreja” hablando de femicidios. “Atrevida”, le dijo la vicepresidenta a la senadora y, en alguna medida, ello se justifica por provenir de quién desde hace casi cuarenta años es militante feminista en serio. De cuando no estaba de moda. De cuando no había “cargos rentables”, ni existía la bendición de la ONU y sus representantes en el país y no había sellos inventados ni financiación externa. Argimón es una pionera en esto de defender los derechos de la mujer, desde la época en la que ella y sus amigas y compañeras eran calificadas por la izquierda de “burguesitas que una vez al año salían a manifestar del brazo de sus domésticas”. No lo hacían para acomodarse ni para juntar votos, ni para cortar género en nombre del “género”, como hoy. Y eso hay que saberlo y respetarlo.
En este tema el “doble discurso” de la izquierda campea a gusto y ganas. Y eso que tiene los mayores “machirulos” del orbe, como Ortega, Evo, Putin; el único mandado por una mujer es Alberto Fernández-. Sus feministas se rasgan las vestiduras si Heber dice no sé qué, pero se hacen las tontas con lo que ha opinado Mujica – que no tiene pelos en la lengua- sobre esta cuestión o por aquello de que eran mucho más las mujeres muertas por cáncer que por femicidios. ¿o digan que no se acuerdan? Y no es lo peor, saben y la senadora también debería, de cosas que pasan puertas adentro. Nadie está libre. Se avergüenzan pero callan aunque en esto no cabría aquello de que los trapos sucios se lavan en casa.