Hoy estás, mañana no estás

 

El “progreso” ya no avasalla con ruidosas piquetas sino con sólidas máquinas provistas de palas, arietes y grúas por delante y por detrás, de modo que las historias urbanas sucumben ahora en un periquete. Ayer pasó a la historia una modesta vivienda que llevaba cerca de 90 años en la calle Sarandí. Nadie sabe qué pondrán en su lugar, pero los veteranos lugareños han hecho su minuto de silencio por esas viejas paredes. Allí vivió, se dice, una familia de apellido Cajiga y luego funcionó, por muchos años, un enclave dedicado a la gastronomía macrobiótico. Ahora es el turno de nuevas generaciones. Que pase el que sigue.