“La «grieta», la foto y cuatro discursos”, por Graziano Pascale

El valor de los actos oficiales celebrados con motivo del medio siglo del inicio formal de la dictadura militar, debería medirse en función de la respuesta a esta pregunta: ¿son suficientes una foto y cuatro discursos para dejar atrás el pasado que aún divide al país?
La realidad política nos dice que no. Porque no basta la reafirmación común del valor de la democracia, más allá de que tomamos nota de esa proclamación por parte de alguien que se alzó en armas contra la democracia. Eso no es suficiente. Debe dar un paso más, y decir públicamente que se equivocó, y asumir el daño que le hizo al país.
Y lo debe hacer porque es su deber, y porque el pueblo uruguayo ya lo perdonó, a través de la ley de amnistía votada por sus representantes libremente electos.

Una cadena de errores
Una cadena de errores en el manejo de la transición de la dictadura a la democracia nos trajo, medio siglo después, a este presente. El primero de ellos fue el Pacto del Club Naval, que acordó las bases de la salida en ausencia y en perjuicio directo del Partido Nacional, uno de los dos fundadores de la República, por el ensañamiento militar contra Wilson Ferreira Aldunate, uno de los grandes de la historia uruguaya, defensor como pocos de la democracia y la libertad. De ese error nacen seguramente los otros.
El segundo error -y éste es fruto de una responsabilidad compartida- fue el haber acordado una amnistía unilateral, o, mejor, dicho, haber acordado una amnistía en dos leyes diferentes. Al obrar de esa manera, el Parlamento se apartó de la tradición uruguaya en la materia, que luego de sus guerras civiles siempre acordó la amnistía recíproca. Y aunque esa ley fue ratificada en dos oportunidades por la ciudadanía, dejó abiertas vías jurídicas para perforarla, en la siempre inacabada tarea de ajustar cuentas con el pasado.
Las guerras civiles suelen ser crueles y bárbaras, como lo son las peleas entre hermanos en una misma familia, que dejan heridas que nunca cicatrizan. La amnistía traduce en una ley el sentimiento de reconciliación y de esperanza en el futuro. El Uruguay debió apelar al subterfugio de «la caducidad de la pretensión punitiva del Estado» para amnistiar la mayoría de los delitos cometidos por los militares. Y paradójicamente esa salida legal la aportó el único partido excluido del Pacto del Club Naval, lo cual da la medida del error de quienes acordaron la salida sin su presencia.
El relevo generacional en la conducción del país ha recibido esa pesada herencia, y no atina a encontrar una salida.
La apuesta al valor simbólico de una foto y cuatro discursos en favor de la democracia es el reflejo intuitivo de que algo falta para la reconciliación nacional. Pero en esa búsqueda no debe haber ausentes, como ocurrió hace 40 años.
Un país no se construye sobre la base de la división permanente, en una especie de «guerra perpetua», alentada por quienes creen que pueden alcanzar la victoria en una especie de «batalla final». El nuevo liderazgo del Frente Amplio debe entenderlo de ese modo. No sólo porque es su deber con el pais, sino también porque le conviene.

Publicada originalmente en https://contraviento.uy/