
Por: Laura Garganta
Cada marzo, la península se transforma en escenario de uno de los eventos deportivos más exigentes del calendario internacional. El Ironman 70.3 de Punta del Este —que combina 1,9 kilómetros de natación, 90 de ciclismo y 21 de carrera a pie— volvió a convocar este año a más de mil atletas de distintos países para enfrentar un recorrido de 113 kilómetros que pone a prueba tanto el físico como la resistencia mental.
En su décima edición, disputada el 8 de marzo, la competencia consagró al uruguayo Federico Scarabino y a la argentina Romina Palacios en la categoría profesional, pero entre los participantes también hubo historias personales que reflejan el espíritu del evento. Una de ellas es la de Julia Dartayete, una joven de 18 años nacida en Minas pero que desde los 4 años vive en Maldonado, que decidió animarse por primera vez a la distancia 70.3.
Para Dartayete, el Ironman no era un acontecimiento desconocido. Durante años lo había visto desde afuera: algunas veces acompañando a familiares que competían y otras trabajando en la organización del evento. Esa cercanía con la carrera fue despertando una curiosidad que terminó transformándose en desafío personal. “Siempre me generó un sentimiento muy fuerte ver la pasión que transmiten los atletas. Eso me impulsó a querer hacerlo”, cuenta.
La competencia comienza con la natación en aguas abiertas de Playa Mansa, continúa con el tramo de ciclismo que se extiende hacia Punta Ballena —con ascensos que exigen una buena estrategia— y culmina con una media maratón por la rambla, con llegada en la zona de la calle 30. Para quienes participan por primera vez, el desafío no es solo completar las tres disciplinas, sino también administrar las energías durante varias horas de esfuerzo.
En el caso de Dartayete, la parte que más la inquietaba era el tramo final. “Yo sabía que correr iba a ser el segmento más desafiante para mí, así que traté de ir paso a paso y no pensar tanto en lo que faltaba”, recuerda. Con esa estrategia logró atravesar el momento más exigente y, según cuenta, terminó encontrando disfrute en un tramo que imaginaba mucho más duro.
El desafío de completar su primer 70.3
Su vínculo con el deporte viene de mucho antes de este debut. Creció en un entorno familiar donde la actividad física ocupa un lugar central, algo que influyó en su forma de entender el entrenamiento y los desafíos deportivos. Practicó distintas disciplinas desde chica y siempre contó con el acompañamiento cercano de su familia. “En mi casa el deporte está muy presente. Cuando me propuse hacer el 70.3 recibí apoyo desde el primer día de entrenamiento hasta que crucé la meta”, señala.
La preparación para una prueba de estas características implica mucho más que sumar kilómetros. Durante los meses previos, la organización de la rutina cotidiana se vuelve clave: entrenamientos, alimentación y descanso forman parte del mismo proceso. En su caso, además, había un componente extra. Se trataba de su primer triatlón, por lo que una parte importante del trabajo estuvo enfocada en adaptarse al cambio entre disciplinas, especialmente en las llamadas transiciones.
A la preparación física se sumó también un trabajo mental. Dartayete explica que visualizó el circuito muchas veces antes de la carrera y que en los últimos meses entrenó directamente en el recorrido para familiarizarse con cada tramo. Esa práctica previa, dice, ayudó a que el día de la competencia todo resultara más previsible.
Como suele ocurrir en las pruebas de resistencia, hay momentos en los que el desafío pasa por la cabeza tanto como por el cuerpo. Uno de esos instantes aparece cuando, ya en la etapa de pedestrismo, los corredores ven la meta cerca… pero todavía deben completar otra vuelta del circuito. “Sabía que ese momento iba a llegar porque otros atletas me lo habían contado. Traté de bloquear la mente y seguir adelante”, relata.
Competir en casa sumó un ingrediente especial a la experiencia. El circuito por la rambla y la presencia del público acompañando durante todo el recorrido generaron, según describe, una energía particular. “Pasar en la bici y escuchar cómo la gente alienta a cada atleta, incluso sin conocerte, te levanta muchísimo”, dice.

Un nuevo capítulo entre estudios y entrenamiento
Aunque el deporte ocupa hoy un lugar central en su vida, no es su única pasión. Dartayete también está vinculada a la música: canta, toca instrumentos y forma parte de una banda. Durante el último año, sin embargo, debió reorganizar prioridades para poder sostener la exigencia del entrenamiento. Aun así, la música sigue siendo parte de su rutina. “Es una forma de motivarme y de acompañar la carga del entrenamiento”, explica.
El Ironman 70.3 marcó para ella un punto de llegada, pero también el inicio de una nueva etapa. En los próximos meses se trasladará a España para comenzar la carrera de Comunicación en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), donde espera continuar entrenando triatlón mientras cursa sus estudios.
La decisión surgió después de plantearse, durante 2025, la posibilidad de combinar ambas vocaciones. “La idea es estar en un entorno donde el deporte tenga mucha presencia y sea compatible con estudiar”, comenta.
Con apenas 18 años y su primer 70.3 completado, Dartayete se suma así a la larga lista de atletas que encuentran en el Ironman algo más que una competencia: un desafío personal que, para muchos, termina marcando el comienzo de nuevas metas.











