La primera cancha de golf de Punta del Este cumplió 98 años

A comienzos de los años cincuenta, la cancha pasó a manos del Cantegril Country Club, una transición que aseguró su preservación y evolución

Este jueves se cumplieron 98 años de la inauguración de la primera cancha de golf en Punta del Este, un hito que inauguró una era de elegancia, deporte y visión turística en el balneario.
Ubicada en el entonces denominado Rincón de San Rafael —según narra don Carlos Seijo en Maldonado y Su Región—, frente a la costa este y colindante con el bosque del Parque Municipal, esta cancha no solo representó un avance deportivo, sino también un símbolo de planificación urbanística y atracción turística.
Con el paso de los años, integró el emblemático Cantegril Country Club, consolidándose como ícono regional.
La historia se remonta al 22 de enero de 1928, cuando se inauguró esta joya del golf sudamericano. Como reseñaba el Diario del Plata en aquella época: “La situación del campo es sin igual por su belleza; y las condiciones que lo elevan en categoría sobre todos sus similares sudamericanos consisten en la acentuada ondulación del terreno indispensable por la naturaleza del juego y en la abundancia de excelente agua potable. A todo lo cual se agrega su proximidad a playas que serán los balnearios propios del club futuro”.

La cancha
Estas palabras capturan la esencia de un proyecto ambicioso, diseñado para atraer a elites locales e internacionales. El terreno, de 63 hectáreas y 8.313 metros cuadrados —incluyendo 12 hectáreas de un frondoso bosque de pinos y eucaliptos—, fue adquirido con fondos propios por los visionarios C. José Willement y Ernesto Van Peborgh. El plano topográfico estuvo a cargo del agrimensor Carlos Burmester, mientras que el trazado de la cancha fue obra del experto golfista Alex Philp.
Inicialmente concebida con 12 hoyos, la prospectiva ya preveía 18, expansión que se concretó en 1947 bajo la dirección de Luther Koontz, elevando su estándar a nivel internacional.
La construcción demandó un esfuerzo considerable: el desmonte y preparación del campo requirieron decenas de millares de pesos de la época. Se perforó un pozo de 35 metros para obtener agua purísima y cristalina, esencial para el mantenimiento. Cada hoyo contaba con cañerías para riego y lavado de pelotas —un detalle innovador que costó 3.000 pesos—, sumado a 20.000 pesos en otros rubros.
Los hoyos se dispusieron técnicamente para evitar cruces de trayectorias, aprovechando las ondulaciones naturales del terreno que ocultaban a los jugadores entre sí, garantizando seguridad y privacidad.

Transición
La obra fue ejecutada por la Empresa Rossinelli y Cía., con estudios previos del ingeniero Buceta, de la Dirección Técnica del Consejo Departamental de Maldonado. El presupuesto total ascendió a 45.000 pesos, financiados por el Consejo, y se complementó con tres kilómetros de camino de macadam que conectaban directamente al sitio, facilitando el acceso en una era de caminos precarios.
A comienzos de los años cincuenta, la cancha pasó a manos del Cantegril Country Club, una transición que aseguró su preservación y evolución.