“Luis Alberto de Herrera”, por José Luis Rapetti Tassano

El 8 de abril de 1959 muere el Dr. Luis Alberto de Herrera, llamado Jefe Civil del Partido Nacional. El triunfo electoral de 1958, luego de 93 años en el llano, lo pudo disfrutar muy poco. Bastante más de medio Siglo de la vida del Uruguay, tuvo a este hombre como figura principal junto a la de Batlle y Ordóñez y otros. Hombre del patriciado oriental, hijo de Juan José de Herrera, el gran Canciller del Presidente Berro, muy joven Luis Alberto se destacó en la política, la diplomacia y la guerra revolucionaria junto al General Aparicio Saravia. Luego, con la reconstrucción del País, un formidable tribuno, administrador y conductor partidario.

Para destacar más esta personalidad, recordemos que fue historiador investigador serio, que escribió infinidad de artículos y de libros, que fue señalado con acierto por Alberto Methol Ferré como el primer revisionista de la Historia de nuestro País, con fuerte influencia en la otra orilla del Río de la Plata.

Sus estudios de investigación lo llevaron a publicarlos en La Misión Ponsonby, en La Paz de 1828, en Los Orígenes de la Guerra Grande, fue el primer historiador en cuestionar la Guerra de la Triple Alianza. El Paraguay años después tuvo un agradecimiento a su gran defensa, la que debió ser de mucha dureza para Herrera, porque los escribas y periodistas de la historia oficial Colorada y Unitaria en ambas márgenes del Plata, fueron por mucho tiempo implacables defensores del atroz crimen genocida del Pueblo Paraguayo. El Gobierno de Paraguay le dio ciudadanía de ese País y lo nombró General. Quiso el destino que este inquieto hombre también llegara a formar parte de ese Ejército que lo tuvo como General, pues cuando en 1932 estalló la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, allá fue a participar Herrera junto a los patriotas paraguayos.

¿QUÉ ESCRIBIR SOBRE HERRERA?

Muy difícil abarcar en pocas líneas una trayectoria política como la de este Conductor de multitudes, un estadista anti imperialista que debió atravesar las más grandes turbulencias en épocas fermentales para nuestro Uruguay. Alguien que, siendo un intelectual, deja un cómodo cargo diplomático en los Estados Unidos para venirse a formar parte del Ejército Revolucionario de Aparicio Saravia, que muerto éste va tomando cada vez más el liderazgo y la recomposición de un Partido vencido en la Guerra, pero triunfante en sus principios, con el compromiso de encauzar la vida institucional por los caminos de la Paz, superando las heridas aún sangrantes de las confrontaciones civiles. El Mundo se estremecía con grandes cambios y dos Guerras Mundiales, el auge de los totalitarismos, las caídas de viejos imperios. En ese mar tormentoso navegaba Luis Alberto de Herrera sosteniendo al nacionalismo oriental, a la concepción americanista de nuestras relaciones internacionales buscando el destino común que el vínculo hispánico nos había legado. Quedará para recordarse su célebre frase “La quilla de nuestro barco hiende mejor las aguas embravecidas”. Nunca callará su verbo encendido. Por tanto y ante la brevedad de los espacios en la prensa, elegimos solamente algunos aspectos menos conocidos del Dr. Herrera.

“EL GAUCHI-DOCTOR” Y LA CUESTIÓN RELIGIOSA

Así lo llamó Alberto Methol Ferré (Tucho), queriendo simplificar una ubicación en la Sociedad de aquel abogado, patricio, guerrero, periodista, diplomático y político. Agrega Methol Ferré en “La Formación Histórica Rioplatense” en su prólogo, que Herrera “Denota su estrecha relación con la versión del positivismo dada por Hipólito Taine y Ernesto Renán….”, dice de éste que fue de poderosa influencia en Latinoamérica. De Taine le decía a Methol “un ateo con cierta superioridad cordial frente al hecho religioso como Renán”. También lo ubica con la “impronta liberal de un Tocqueville y un sentido nacional a lo Maurice Barrés”. Estos serían 4 autores en los que se nutre Herrera. En este aspecto, la posición de Herrera, sin ser un opositor al catolicismo quedó más disimulada por el frontal enfrentamiento de José Batlle y Ordóñez con la Iglesia. Herrera designaba con el término de “jacobinos” a quienes en esa época eran virulentos anti católicos y anti religiosos como ocurría desde el diario El Día. Sin embargo, ambos líderes de los grandes Partidos fueron partidarios de la separación de la Iglesia y el Estado que terminó por consagrarse en la Constitución de 1917.Como dice Methol Ferré entre los autores en “que abreva” Herrera se encuentra Alexis de Tocqueville. Sobre este tema de la religión y el Estado, Tocqueville en su obra “ La Democracia en América” luego de historiar desde el viaje de la embarcación “My Flower” de Europa a los Estados de Norteamérica, sostiene que la laicidad imperante en esa democracia, lejos de opacar la religión, ampara en su concepto a las diferentes vertientes del cristianismo, que en total libertad, sin ajustarse a las políticas oficiales se desarrollan mejor; a la vez compara con los extremos que se viven en Europa en materia religiosa y las guerras que provocan. Herrera en su obra “Desde Washington”, Correspondencia publicada entre 1901 y 1903, coincide con esa opinión de Tocqueville expresando: “La prosperidad de las religiones en Estados Unidos entraña otro argumento elocuente a favor de la separación de la Iglesia del Estado. Ella vendrá muy pronto a nuestro País, para beneficio de todos. Sensible es que el catolicismo no quiera entenderlo todavía y se oponga hoy, apasionadamente, a una reforma saludable e impuesta, como se opondrá mañana, a esa otra ley de divorcio, que también vendrá a pesar de las oposiciones sectarias”. Se pregunta si no sería mejor que ponerse en pugna con los representantes de la sociedad civil, si “no sería más hábil imitar el ejemplo de Norteamérica y concederles el carácter dirigente, superior a todos los grupos que a ellos corresponde”. Concluye que “Los Gobiernos ya no pueden tener divisa religiosa”.

EL LIBERAL

Herrera no ubica el tema religioso como otros en favor o en contra y para excluir; eso sería negativo para su concepción liberal. Dice en La Formación Histórica Rioplatense que “las sociedades civilizadas no se fundan sobre negaciones” y que “Bien es sabido que los gobiernos no deben tener divisa religiosa y que la creencia se adultera y reclama enérgica represión civil cuando ella invade el fuero de las cosas temporales”. Ubica entonces el tema en la concepción amplia de un auténtico liberal y tolerante, como hombre de Estado que era.

DEFENSA DEL CAUDILLISMO- FEDERALISMO

Uno de sus escritos lo inicia Herrera así: “La causalidad todo lo rige”. Es una regla para interpretar y seguir al escritor. Imposible saltear la apreciación de Herrera sobre el fenómeno que es el Caudillo y la relación causa efecto. Hubo mucha tinta empleada en favor y en contra del caudillismo en las tierras platenses íntimamente ligado al Federalismo y por tanto a nuestro Artigas. Un detractor ha sido nada menos que Domingo Faustino Sarmiento, para él los caudillos representan la barbarie, como el gaucho, mientras la ciudad es la civilización. Herrera discrepa aquí con Sarmiento pero lo respeta por sus otras obras cívicas. El planteo de Sarmiento y el Partido Unitario liderado por el General Bartolomé Mitre es establecer una historia afín a los intereses del centralismo unitario porteño. Tema vasto éste si los hay. Solo podemos mostrar lo elemental. Iniciamos con palabras del General Mitre transcriptas por Herrera: “Esta palabra es Federación. Pronunciada por primera vez por Moreno, el numen de la Revolución de Mayo en 1810, los diputados nombrados para formar el primer Congreso Nacional la renegaron falseando su mandato…..” Sigue por el Paraguay que por ella es acusado de segregacionista de la unidad colonial, continua: “…. Adoptada, sin comprenderla por Artigas y los suyos, se convirtió en sinónimo de barbarie, tiranía, antinacionalismo, guerra y liga de caudillos contra los pueblos y gobiernos”. Una síntesis de la concepción mitrista que repetirá luego el diario que Mitre dejó hasta ahora. Herrera responde que los males en Sudamérica no pueden adjudicarse a los caudillos, que no puede confundirse el efecto con la causa. Se pregunta: “¿Podían las entrañas de América dar fruto superior al caudillaje?” “El caudillaje fue consecuencia lógica, impuesta, de la condición moral y política de la sociabilidad indígena. ¿El medio hacía a Rosas, o Rosas hacía el medio?” Agrega Herrera que la declamación unitaria “siempre ha querido infamar con el tilde de barbarie a las multitudes de la campaña encarnando en el montonero Artigas los mayores desenfrenos.” En tanto que para ellos, los unitarios la capital porteña era el símbolo de la libertad municipal y del porvenir espléndido asaltado “por el gauchaje sanguinario”. Ahí encontraremos la coincidencia de dos de los más grandes pensadores de los países del Plata, Luis Alberto de Herrera y Juan Bautista Alberdi. Ambos vieron la realidad social y económica de la campaña y sus pueblos, con la expresión de su gente, el gauchaje marginado hasta de los puertos, con la única autoridad que emanaba directamente de ellos que fueron sus intérpretes y guías: los Caudillos