
POR MARCELO GALLARDO
@emepege
El gran actor argentino Luis Brandoni murió en las últimas horas tras una vida dedicada al arte escénico. Su talento inigualable iluminó escenarios, pantallas y hogares durante décadas, convirtiéndolo en uno de los referentes indiscutibles del cine, teatro y televisión del vecino país. Pero para muchos puntaesteños, Brandoni era también un querido residente de verano, un rostro familiar que encarnaba la sencillez y el cariño por esta zona.
Cada temporada llegaba puntualmente a su apartamento en el Roosevelt Center, sobre la avenida que lleva el mismo nombre. Lo hacía acompañado de su esposa Marta Bianchi y de sus hijas Micaela y Florencia. Eran días de sol, mar y vida familiar en los que el actor disfrutaba con la misma naturalidad con la que interpretaba sus personajes más memorables.
En Punta del Este se movía con total discreción a bordo de su Volkswagen Escarabajo, un auto modesto y entrañable que utilizaba para sus visitas habituales al Casino Nogaró. Aquel pequeño escarabajo se convirtió, para quienes lo veíamos pasar, en el símbolo de su presencia cercana y sin pretensiones. Quien escribe estas líneas tuvo la fortuna de compartir con él un momento que hoy, ante su partida, adquiere un valor incalculable. En una temporada de verano de mediados de los ochenta trabajé como adicionista en el restaurante Hippopotamus, de Guido Parisier, que por entonces se había instalado en Casapueblo. Al finalizar la temporada, en los primeros días de marzo, mientras preparaba el cierre del local, apareció Brandoni acompañado de otras dos personas. Una de ellas era un hombre muy flaco, de larga barba. «¿Está Carlitos?», preguntó por el dueño de casa, el recordado Carlos Páez Vilaró. Le respondí que no, que estaba de viaje. «Qué lástima», dijo Brandoni con esa sonrisa tan suya. «Fijate quién me acompaña. Yo quería presentártelo». Al barbado le encontraba cara conocida, pero no lograba identificarlo. Días después me enteré: se trataba de Robert De Niro, que había llegado a Punta del Este unas semanas antes de comenzar el rodaje de La Misión, la recordada película.
Aquel encuentro fugaz, en el que un grande del cine argentino quiso compartir con un simple empleado de restaurante la presencia de otro gigante mundial, resume la humildad y la generosidad de Luis Brandoni. No solo fue un actor excepcional; fue un hombre que amaba los veranos uruguayos, que elegía la sencillez y que dejaba huella con su calidez.
Una despedida con Punta del Este en el recuerdo
En este día de despedida a un grande como Luis Brandoni (Beto), Marina Borensztein compartió un emotivo recuerdo familiar que revive una época dorada del espectáculo argentino. “Me acuerdo de tantos momentos compartidos…”, escribió la hija del icónico humorista Tato Bores y actual esposa del actor Oscar Martínez. En las fotos que acompañan su mensaje se ve mayo de 1990, el día de su primer casamiento. “Papá y mamá eran muy amigos. Esos inolvidables veranos en Punta del Este se divertían muchísimo”, rememoró. Tato Bores y Brandoni formaban un dúo inseparable: jugaban al truco con otros amigos y pasaban largas noches frente al Trivial Pursuit. “Yo llegaba de bailar o salir y ellos estaban jugando y divirtiéndose. ¡Eran muchos!”, cuenta Marina. El grupo era de lujo: Sergio Renán, Emilio Disi, Daniel Rabinovich y tantos otros entrañables. “Eran largas las noches y con tantas risas que no me dejaban dormir. Para mí lo más normal del mundo”, confiesa. Hoy, con la perspectiva del tiempo, se emociona: “Pienso que en casa estaba lleno de talentos jugando al Trivial y daría cualquier cosa por poder ir otra vez a esos veranos, a esos momentos en Punta del Este y disfrutar por un ratito de lo que me perdí por ser tan chica”. Nunca fue una casa común. “Para mí entrar y salir de casa y que estuvieran todos ellos en casa, era lo normal”, dice. Pero el lazo con Brandoni trascendió la diversión. Marina jamás olvidará el gesto de Beto el día del adiós a su padre: “Llevó junto a mis hermanos el féretro de papá hasta su lugar en el cementerio. Siempre fue tan cariñoso conmigo. ‘Hola nenita’, me decía”. Luego de casarse con Oscar Martínez, el vínculo se mantuvo intacto. “Así es la vida de sorprendente. Oscar y yo te vamos a recordar siempre con mucho amor y admiración”, expresó. En su mensaje envió un abrazo especial a las hijas de Brandoni, Florencia y Micaela, y a sus nietos. Y cerró con una frase que resume el sentir de toda una generación: “No habrá otro Beto”.











