Vecinos y expertos se unen para preservar la identidad patrimonial de dos barrios emblemáticos de Punta del Este

La Fundación Patrimonio Rodríguez Arnabal y Leon López Brennan, lideran un ambicioso proyecto de rescate cultural y arquitectónico

Entre las primeras señales de alarma que impulsaron la creación del proyecto, figura la demolición de casas históricas como Loma Verde y la residencia que perteneció a Amalita Fortabat.

Por Laura Garganta

En la franja costera donde la Brava se encuentra con los pinos y las casas de estilo normando, San Rafael y El Golf se alzan como testigos de una época dorada de Punta del Este. Hoy, estos barrios enfrentan una encrucijada: resistir la ola de desarrollos inmobiliarios que amenaza con borrar su identidad o ceder ante el avance del progreso sin memoria. Con esa preocupación como punto de partida, el pasado miércoles 30 de abril se realizó en la sede del Municipio de Punta del Este la presentación oficial del proyecto “El Abrazo”, una iniciativa orientada a rescatar, valorar y proyectar el patrimonio urbanístico, natural e intangible de los barrios El Golf y San Rafael. La actividad fue organizada en conjunto por el Municipio de Punta del Este y la Liga de Fomento y Turismo de Punta del Este, con una convocatoria abierta a toda la comunidad.
El evento estuvo encabezado por Gabriel Rodríguez Arnabal, presidente de la Fundación Patrimonio Rodríguez Arnabal, y por Leon López Brennan, jefe de investigación del proyecto. Ambos compartieron con los asistentes la visión, los fundamentos y los avances de esta propuesta que apuesta a promover la identidad y la memoria local desde una mirada integradora y participativa. “El Abrazo” se presenta como una instancia de construcción colectiva, que busca fomentar la conservación del entorno urbano y natural con el protagonismo de los propios vecinos.
“Cuando me mudé a Punta del Este, elegí San Rafael y El Golf porque encontré en ellos la paz y la sofisticación que buscaba. Son barrios diseñados con propósito, no al azar, y eso se refleja en su arquitectura y en su entorno natural”, explica Gabriel Arnabal. Su llegada a la zona en 2021 marcó el inicio de una serie de acciones que desembocaron en este ambicioso plan de recuperación.

La teoría del entorno
La propuesta de la fundación parte de una mirada integral, basada en la teoría del entorno, una corriente de la escuela francesa que entiende que preservar una casa no basta si se pierde el paisaje que le da contexto. “No se trata solo de salvar una propiedad, sino de proteger el tejido urbano y natural que le da sentido”, señala Arnabal. Dentro de ese conjunto, la arquitectura de Arturo Dubourg ocupa un lugar destacado, con sus residencias de aires europeos, tejados inclinados y jardines amplios que dialogan con el paisaje. “Estos barrios históricamente fueron diseñados, es decir, no fueron construidos de manera aleatoria, como suele pasar en otras partes del mundo donde simplemente hay terrenos y la gente edifica casas y por ende la municipalidad desarrolla calles y lotea. Este es un barrio que se diseña con un plan urbanístico, por eso es que se encuentran padrones de determinado tamaño y no de menos. Esto es lo que lo hace único y lo que los une en contexto; son barrios hermanos”. Y continúa: “Es muy importante que la gente entienda que estos barrios no son privados, no son un country, sino barrios públicos, por lo tanto, forman parte del patrimonio puntaesteño, sin lugar a dudas, pero también del patrimonio de todos los uruguayos y de los visitantes, por lo que queremos promoverlo, darlo a conocer y que la gente entienda y reconozca la arquitectura de calidad”.

Una puñalada al corazón
Entre las primeras señales de alarma que impulsaron la creación del proyecto, figura la demolición de casas históricas como Loma Verde y la residencia que perteneció a Amalita Fortabat. “Lo de Loma Verde fue una puñalada al corazón. Ahí fue cuando comencé con todo esto”, recuerda Arnabal. La pérdida de estos íconos despertó la conciencia sobre la urgencia de actuar para evitar que la identidad barrial se diluya.
Durante la presentación, también se delinearon algunas de las actividades comunitarias previstas: safaris fotográficos en bicicleta, talleres de pintura sobre las fachadas de las casas, un libro en proceso que recoja la historia del lugar, y una película documental con testimonios de vecinos y expertos. “Queremos que este sea un movimiento cultural de base, que ponga en valor lo que ya existe y que le devuelva a la comunidad su sentido de pertenencia”, expresa Arnabal.
La dimensión educativa es otra pieza clave. “Vamos a trabajar desde la infancia, con propuestas pedagógicas que ayuden a los niños a reconocer el valor del entorno. Hay generaciones que no tienen internalizada esta sensibilidad y por eso es importante empezar desde temprano”, afirma Arnabal.
El crecimiento de la construcción en altura, en zonas antes residenciales, ha generado tensiones con los valores paisajísticos y patrimoniales que se quieren preservar. La transformación del antiguo Hotel San Rafael en un complejo con torres residenciales es uno de los ejemplos que más controversia ha generado. Según el arquitecto William Rey, exdirector de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, se trata de áreas sensibles que requieren un planeamiento riguroso. “Hay que revisar lo que se autoriza, porque si no, lo valioso termina desapareciendo”, ha advertido.
Frente a este panorama, desde la fundación se plantean avanzar hacia una eventual declaración de la zona como área de interés patrimonial, en articulación con autoridades locales, nacionales y referentes académicos. “Queremos llegar hasta el máximo de nuestros cometidos, porque creemos firmemente en lo que estamos haciendo”, asegura Arnabal.
En esa línea, destaca el acompañamiento del gobierno local. “Por parte del municipio de Punta del Este, hemos tenido no solamente el apoyo, sino el cariño de su alcaldesa María Sara Baroffio, que no me voy a cansar de agradecerle por su buena disposición”, afirma.
El entusiasmo vecinal también ha sido decisivo. “Fue maravilloso, superó las expectativas. La ciudadanía ha respondido de manera fantástica”, relata Arnabal sobre las primeras actividades. La iniciativa ya ha logrado captar el interés de otras organizaciones y personalidades del ámbito cultural, e incluso se proyecta hacia la región. “Vamos a presentarlo también en Argentina, porque muchas de estas obras tienen autores o influencias argentinas. Queremos que sea un reconocimiento compartido con nuestros hermanos de la otra orilla”, concluye. “El Abrazo” se presenta como una iniciativa que procura integrar el desarrollo urbano con la preservación de los valores patrimoniales, destacando la importancia de conservar la identidad barrial en el proceso de transformación de la ciudad.