“Y el Papa los bendijo”, por Danilo Arbilla

Y apareció el Papa. Ya nos estaba extrañando. Un poco demorado Francisco. Sin embargo fue al día siguiente que la llamó, se solidarizó con ella y se plegó a la nueva campaña contra el odio. Se sumó así los kirchneristas, a Lula, a Petro y a nuestro Fernando Pereira.

Una llamada que buena parte de los argentinos cree que no existió. Es que los vecinos están muy escépticos: 6 de cada 10 aun cree, con procesados y todo, que lo del atentado fue un invento. (Un fanático pro nazi o un terrorista que no se da cuenta de si una arma esta cargada o no, no se lo traga nadie).
Cristina, con voz quebrada, contó que la llamó y le dijo que estos actos de odio van precedidos de la palabra, del verbo. He ahí la versión divina, la santificación de la nueva campaña. No dijo si cuando Francisco habló de “palabras que preceden”,se referiría a cosas como estas: “si la tocan a Cristina qué quilombo se va armar“, “si condenan a Cristina incendiamos Buenos Aires”,“ haremos una pueblada en su defensa”,“cerraremos las rutas hasta que caiga la Suprema Corte”, “espero que a Luciani no se le ocurra suicidarse como Nisman”, “habrá paz social si se suspenden procesos judiciales contra Cristina”. La oposición, lógicamente, no quiere diálogo. Para eso está el Parlamento, dicen. Desconfían; no están dispuestos a hacer canjes.

Y aquí pasa lo mismo. No tanto como en Argentina, pero, como que cada vez los frenteamplistas se parecen más a los kirchneristas. Uno piensa que aquello de que Alberto Fernandez es un político clase A había sido un lapsus, un apresuramiento, pero no. Se contagian, siguen sus pasos y eso que los kirchneristas los han tratado mal y además no son buenos amigos de Uruguay.
La cuestión es que Fernando Pereira lanzó una convocatoria para un diálogo contra el odio. ¡Mira vos! Pura coincidencia. No para tratar en buen tono y con ánimo constructivo los grandes temas que hacen a todos, como la seguridad social o la reforma educativa. No, es para bajar la pelota al piso (¿?).
El llamado de Pereira ha sido acompañado por un paro general del PIT-CNT ; y no nos hagamos trampas al solitario, el FA y el PIT son parte de lo mismo, incluso antes del enroque Pereira – Abdala. Además encaja con la doctrina leninista de que los sindicatos y las organizaciones sociales deben ser parte y estar al servicio del partido que es el legítimo conductor y defensor del proletariado. Así lo creen y tienen derecho. Lo que no está claro si tienen derecho a embarcarlos a todos y por sobre todas las cosas, si efectivamente ellos representan a todos.

Pero no solo el paro, incluido lo que pasó con la comida de los niños -¡un aplauso para los docentes!¡qué bien estuvieron!-, sino las palabras: Pereira, por ejemplo, cada vez que habló sobre seguridad social repitió que el presidente incumplió su compromiso preelectoral de no aumentar la edad para jubilarse, cosa que el propio Lacalle admitió: vio que estaba equivocado, dijo. Pero Pereira ha sido insistente, casi como una provocación. Lo mismo que lo de los cigarrillos, mucha mala fe al tratar de cambiar el sentido de lo que Lacalle dijo y adjudicar cosas raras. “Están embarrando la cancha” señaló el mandatario.

Embarran la cancha y piden diálogo y bajar el tono. Para el FA parece que ello significaría darle plata a los partidos políticos, diluir el Caso Carrera y amordazar a dos senadores que le pegan fuerte y, por los gritos, aparentemente le dan justo en la matadura. Con la bendición del Papa, eso sí.