A setenta años del caso Alberzoni: el misterio que aún envuelve al chalet La Campana de Punta del Este

El expediente judicial, que llegó a acumular cerca de 2.000 fojas y un extenso desfile de testigos, nunca logró determinar con certeza si la muerte fue autoinfligida, provocada por terceros o producto de un desenlace fortuito

Paulette Francoise Jérome Donati Casalta de Alberzoni, fue hallada muerta el 10 de julio de 1956 en la residencia ubicada en el barrio San Rafael

El pasado viernes 10 de julio se cumplieron 70 años de uno de los episodios más recordados de la crónica policial de Punta del Este: la muerte de Paulette Francoise Jérome Donati Casalta de Alberzoni, cuyo cuerpo fue hallado el 10 de julio de 1956 en el chalet La Campana, la imponente residencia de dos plantas y cinco chimeneas que su esposo poseía en el barrio San Rafael. El análisis de las muestras realizado por el Instituto Técnico Forense determinó que Francoise murió de inanición. Casi cuarenta años años atrás, el autor de esta nota observó que en la sede del entonces Juzgado letrado de Primer Turno, ubicado en la calle 25 de Mayo entre Román Guerra y Sarandí de la ciudad de Maldonado, se encontraban algunas prendas de la fallecida, entre ellas un abrigo de piel. Un simple recuerdo de ese caso que conmocionó a tres países y generó la atención del secretario de Estado de Estados Unidos, John Foster Dulles, que se puso a las órdenes del esposo de Francois. El hallazgo de su cuerpo disparó un sinfín de inquietudes. Sin embargo, las dudas persisten setenta años después.

La Campana
La finca, que en su momento ocupaba toda una manzana entre las calles Mar del Plata, San Remo, Carrasco y Copacabana, con el tiempo fue fraccionada en distintos padrones, aunque la casa original —bautizada así por la gran campana de bronce que Alberzoni había hecho instalar en la puerta principal, réplica de la que tenía en su estancia de Pilar, Paraguay— aún se conserva en pie. En realidad, el enorme padrón fue fraccionado en varios terrenos donde hoy se levantan varias edificaciones. Este domingo, al caer la tarde, varias de estas fincas, incluso la que exhibe el mítico cartel “La Campana” tenían sus luces encendidas.
El hallazgo se produjo alrededor de las 10 de la mañana del 10 de julio de 1956, cuando el chofer de la familia, Anselmo Poli, el constructor Manuel de Barros y el comisario de la Jefatura de Policía de Maldonado ingresaron a una habitación del segundo piso, a la que se accedía por un corredor, y encontraron el cuerpo tendido sobre la cama. La escena llamaba la atención por su orden: la ropa de la víctima cuidadosamente colocada sobre una silla, un vaso con residuos junto al cuerpo y ningún signo de lesiones, a diferencia de lo ocurrido meses antes, el 29 de abril del mismo año, cuando Paulette había sido hallada golpeada en esa misma casa. Los funcionarios policiales habían ingresado cinco días antes del hallazgo del cadáver de la francesa. En esa inspección ocular no ingresaron a los dormitorios en uno de los cuales apenas días después encontraron el cadáver de Francoise.

Una vida marcada por la inestabilidad
Paulette, una mujer alta, delgada y pelirroja de 39 años, de origen impreciso —se mencionaron tanto Córcega como el norte de África—, había llegado al Uruguay en 1953 junto a su primer esposo. Tras un divorcio y un regreso a Europa, volvió al país y se empleó como institutriz de Magdalena, la hija de Paolo Federico Alberzoni Figaroli, un acaudalado industrial italiano con negocios textiles y ganaderos en Paraguay, viudo de la madre de la niña. Con el correr de los meses, empleador y empleada contrajeron matrimonio en Montevideo, aunque el vínculo, según trascendió, nunca fue del todo armonioso.
La escalada de hechos que desembocaría en la tragedia comenzó en abril de 1956, cuando el matrimonio se hospedaba en el Hotel Victoria Plaza de Montevideo. Un incidente entre ambos derivó en una crisis nerviosa de Paulette, que motivó la intervención de los doctores Lavrot y Reyes Terra, y su posterior internación en el Sanatorio Etchepare, donde llegó a sufrir un shock que puso en riesgo su vida. Días después, ya recuperada, Alberzoni retiró sus pertenencias de la casa de San Rafael y ella se instaló en el Hotel La Alhambra, frente a la Plaza Matriz, desde donde denunció recibir llamadas telefónicas amenazantes. Ante la falta de confianza en la protección policial ofrecida, llegó a comprar una pistola Browning calibre 6.35.
El 29 de abril de 1956, Alberzoni, su hija y el chofer familiar encontraron a Paulette en la finca de San Rafael, golpeada y con la casa revuelta, y una ventana forzada. El episodio, ampliamente cubierto por la prensa, despertó tanto conmoción pública como sospechas sobre su veracidad, en un clima donde algunos sectores periodísticos llegaron a atribuirle a la propia Paulette una eventual simulación de los hechos.

Un escándalo con repercusión internacional
El affaire Alberzoni copó las primeras planas durante meses y trascendió fronteras: el entonces secretario de Estado norteamericano, John Foster Dulles, envió una carta a Alberzoni interesándose personalmente por el desenlace del caso. A nivel local, las irregularidades detectadas en el operativo policial —entre ellas, no haber forzado la puerta del dormitorio en una inspección realizada apenas cinco días antes del hallazgo del cuerpo, la circulación descontrolada de la llave de acceso al chalet y la demora en dar intervención a la policía técnica de Montevideo— derivaron en sanciones administrativas: el jefe de Policía de Maldonado presentó renuncia y el subjefe fue suspendido por 40 días.
El dictamen final del Instituto Técnico Forense, estableció que la causa de muerte fue inanición, lo que alimentó la hipótesis de que Paulette habría ingerido una fuerte dosis de barbitúricos esperando ser encontrada a tiempo por su esposo, quien sin embargo viajó a Buenos Aires en esos días. El expediente judicial, que llegó a acumular cerca de 2.000 fojas y un extenso desfile de testigos, nunca logró determinar con certeza si la muerte fue autoinfligida, provocada por terceros o producto de un desenlace fortuito.
Siete décadas después, el caso Alberzoni permanece como uno de los grandes misterios sin resolver de la historia policial de Punta del Este, un capítulo que combinó fortuna, escándalo social y una pregunta que el tiempo no logró despejar: qué ocurrió realmente aquella noche en el chalet La Campana.