“Dos nociones de equidad”, por Hoenir Sarthou

Lo que quiero decir hoy es sencillísimo, por más que, sobre todo hoy, 8 de marzo, pueda despertar reacciones poco amigables y pisar algún hipersensible “callo” mental o institucional.
Hay dos grandes formas de propender a la equidad social.
Una consiste en desarrollar políticas universales –destinadas a todas las personas- que apunten a equilibrar los puntos de partida e ir eliminando privilegios injustos o ventajas hereditarias, fundadas en la razón que sean.
La democracia, la educación (si es universal y de parejo nivel para todos), la seguridad social y la igualdad de derechos ante la ley, son ejemplos claros de esas políticas. Si se las aplica bien, su efecto es la progresiva eliminación de los privilegios y de las postergaciones injustas. Y como consecuencia, también de discriminaciones y conflictos de larga data.
No son de efecto inmediato. Son de efecto profundo. Llevan tiempo, pero terminan transformando la realidad social en forma casi irreversible.
Hay otra forma. Es el otorgamiento de privilegios compensatorios a cada sector o identidad social que se considera perjudicada o discriminada por la organización social. Las cuotas por identidad de sexo, género o raza, la ruptura de la igualdad ante la ley para favorecer a alguno de esos sectores, y toda medida que invierte una discriminación poniendo al discriminado en posición de discriminador, son ejemplos claros de esa segunda alternativa.
En las últimas décadas, esta segunda alternativa es la que ha inspirado a las políticas sociales del Uruguay. Basta ver la enorme cantidad de políticas y de cambios legislativos que conceden privilegios compensatorios a sectores sociales tradicionalmente desfavorecidos.
Quizá el mejor ejemplo sea la absurda regulación del delito de “femicidio”, que sólo puede ser cometido por hombres y que tiene una pena mucho mayor que la de cualquier homicidio.
Desde luego, esa ley no mejorará en absoluto la situación de las mujeres, en especial de las que puedan ser víctimas de violencia. ¿Qué le importa a la víctima el nombre que le pongan al delito que puso fin a sus días?
Claramente, esa ley no busca evitar el delito al que se refiere. Busca otra cosa.
En realidad, todas las políticas no universales y pretendidamente compensatorias, basadas en condiciones de sexo, género, raza, u otra condición identitaria buscan otra cosa que no es la declarada. Buscan establecer compensaciones simbólicas entre categorías de personas. Que es una manera de decir que las personas concretas no son lo importante, sino que lo son las categorías. ¿De qué otra manera explicar que la violación y muerte de un niño varón tenga menos pena que la de una mujer adulta?
Los efectos sociales de esta forma de entender la equidad empiezan a sentirse en la sociedad uruguaya. La igualdad real de las personas sigue sin existir. Pero sí hay un creciente resentimiento entre hombres y mujeres, homo y heterosexuales, y entre quienes se perciben como “blancos” con quienes se perciben como “negros” o “indios”.
Complementariamente, lo que crece es un temor social a ser visto como discriminador. El sólo uso de los términos “negro” o “indio”, como lo hago en este artículo, ya es un pecado para la lógica de las equidades simbólicas y compensatorias.
En síntesis: hipocresía. La clave no es tanto desarrollar políticas sociales que igualen a todas las personas como personas, sino mostrarse como firme defensor de dar beneficios a ciertas categorías de personas.
Nada de eso es casual. Enormes sumas de dinero llegan a través de Fundaciones y ONGs para promover las políticas compensatorias y “antidiscriminatorias”.
¿Por qué?
Muy sencillo: porque enfrentar a las personas por su sexo, género, raza, edad, capacidad física o preferencia sexual es una manera de evitar que se identifiquen como personas, con iguales derechos e igual deseo de ser tratados como iguales.
Es otra forma de facilitar la manipulación la manipulación social.
La equidad, la igualdad y la justicia no tienen nada que ver con esto.
Lo escribo hoy, en esta fecha, sin ánimo de ofender a nadie. Como un intento de reflexionar juntos sobre algo que nos está afectando a todos.

Publicada originalmente en Semanario Voces