Hace pocos días se dio cita en Uruguay la II Cumbre Mundial de Comisiones de Futuros 2023. Una oportunidad para debatir y pensar en el futuro, que es hoy, y que si no lo encaramos con madurez, profesionalismo y profundo carácter ético nos va a pasar por arriba.
A lo largo de la historia de la humanidad la libertad siempre ha derribado muros, saltado obstáculos y ha sacado lo mejor del ser humano.
Tal vez uno de los grandes desafíos de nuestros tiempos sea valorarla, redimensionarla y no permitir avasallamientos, especialmente los silenciosos que emanan de la naturalización y por lo tanto son imperceptibles. Eso sucede en el campo de la tecnología.
Hay una palabra que es parte de nuestra vida cotidiana y nada hace pensar que deje de serlo en un buen tiempo: algoritmo
Y ese conjunto ordenado de operaciones está tan desplegada en millones de acciones diariamente, tanto en cuestiones banales como en otras verdaderamente trascendentales, que es imposible no tenga incidencia directa en la Democracia.
Desde lo que tiene que ver con el big data y lo que implica como insumo para la toma de mejores decisiones, hasta la utilización de herramientas digitales para expresar voluntades de millones de personas o el manejo de información creíble y fidedigna como antídoto a la desinformación de las fake news, todo ello está en el plano de la “Democracia algorítmica”.
Estos algoritmos son los que retroalimentan lo que pensamos y no nos dejan escapar. Si estamos en un plano de lo racional y la verdad, no sería problema. Pero el asunto es que no siempre es así.
Suele ser un terreno amplio y difícil, que puede ir desde los terraplanistas a cuestiones ideológicas, desde ovnis a perfiles de candidatos políticos. Hay de todo y los algoritmos nos terminan convenciendo aún más, porque no muestran otras opiniones. Hablando en criollo, son “manija” pura y dura
En este campo la libertad debe ser el instrumento para escapar de la manipulación y arrojar luz en la construcción de la verdad. La red debe ser un campo para dar la oportunidad a que todos tengan voz y no para tergiversarlas, debe ser un campo que nutra el conocimiento colectivo, acerque la educación y brinde oportunidades. Ahí existe un gran desafío, pero también una inigualable oportunidad para la democracia, especialmente para los ciudadanos digitales que hoy tienen una nueva visión de ella y por lo tanto nuevas expectativas.
Nadie sabe lo que vendrá, pero debemos ser capaces de estar preparados para encararlo de la forma mas natural y eficiente posible, o la realidad nos pasará por arriba. Y ya sabemos lo que ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad cuando la Política no ha podido administrar la realidad.
Hoy la inteligencia artificial, la robotización, la sustitución de personas por máquinas en infinidad de trabajos, el ciberdelito, el acceso temprano a tecnologías, la falta de acceso a tecnologías, son desafíos que las sociedades están enfrentando. Y digo sociedades, porque hay que reflexionar y accionar en clave de gobernanza, con una visión transversal que trascienda al Estado, a los gobiernos, a los organismos internacionales, a las empresas, a la Academia, a la sociedad civil.
Hoy hay nuevos actores en el tablero que tienen la misma o más trascendencia que los actores convencionales.
Analizar hoy una realidad cada vez más dinámica y compleja, requiere capacidad de adaptación pero sobre todo de anticipación.
No cometamos el pecado de interpretar fenómenos políticos en el 2023 con lentes del Siglo XX. La democracia, los Estados, la libertad, el poder, la comunicación, son distintos hoy. Pero también son distintas cuestiones extremadamente personales vinculadas al fuero íntimo de los individuos, como las aspiraciones, sus sueños, las metas, sus relaciones interpersonales, sus vínculos con el empleo, con el disfrute y con el tiempo libre.
Nuevos individuos determinan nuevas sociedades, y por ende una nueva Política debe interpretarlos de la mejor forma posible para desde ahí gestionar la pública felicidad (con una nueva visión de lo público y también de la felicidad, paradojicamente)
Estamos inmersos en la 4ª revolución, la última y más rápida. La que mezcla tecnologías como big data, inteligencia artificial, internet de las cosas, impresión 3D, realidad aumentada, metaverso.
Y no siempre el plano de lo virtual es el reflejo de la realidad. Esta es la premisa desde donde debemos partir si queremos entender el mundo en el que vivimos.
Ni los relatos colectivos coinciden necesariamente siempre en ambos planos, ni los personales.
Las causas y las consecuencias de esas distorsiones son variadas. Van desde cuestiones tecnológicas, hasta aspectos antropológicos o sociológicos. Todo ello nos obliga a agudizar el sentido crítico y la visión analítica. La búsqueda de la verdad, esa que nos hará verdaderamente libres, se vuelve un ejercicio cada día más complejo, al saber que todo lo que tenemos ante nuestros ojos no es incontrastable
La libertad es un instrumento increíble de transformación. Los nuevos tiempos la han redimensionado, y por lo tanto nosotros desde un mandato ético ineludible debemos abrazarla, entenderla y protegerla de las nuevas amenazas.
Nunca está definitivamente conquistada, por lo cual la batalla es diaria y cotidiana, en las pequeñas cosas y en las gigantes, en las banales y en las sagradas. El desafío está en escapar del sesgo de los algoritmos, porque solo la verdad nos hará libres. Con ética, basada en un pacto que establezca qué limites se deben establecer a la inteligencia artificial y que no pueden traspasarse, como sucedió con la clonación en un pasado muy lejano.
Porque la ciencia lo sabe y la sociedad lo necesita
Como última reflexión, cabe resaltar la óptica con la que elegimos analizar la realidad, para desde ahí mejorarla. La realidad es una sola, pero somos libres de elegir como encarar esa realidad.
La mirada humanista, sensible, realista y por sobre todo optimista es clave para avanzar. Entendiendo que la tecnología es un aliado y no un enemigo
Si, tenemos todo para creer que vamos a estar cada día mejor. El mundo avanza en ese rumbo, y lo dice la ciencia, la estadística y la historia. Vamos hacia un futuro cada día mejor.
Publicada originalmente en El País










