Este miércoles se cumplen 210 años del hundimiento del Salvador a unos cientos de metros de la playa Mansa

Enfrente adonde hoy está el parador I’Marangatú se encuentra el pecio del navío transformado en la tumba de medio millar de militares y marinos españoles

Las crónicas aseguran que el barco estaba al mando de José Álvarez, un inepto capitán con poca pericia para la práctica del arte navegar. Que a la hora de zarpar de Cádiz hacia Montevideo fue desembarcada parte de la tripulación para hacer lugar a más soldados y más pertrechos. Las urgencias militares de la corona española para poder reforzar la única plaza que le era fiel en el Río de la Plata, la realista Montevideo, motivaron la drástica decisión de cruzar el océano Atlántico con sobrecarga y menos tripulantes. Un coctel explosivo al que se sumó un capitán poco preparado para semejante travesía. Algunos lo llamaban “Triunfo” pero su verdadero nombre era “Salvador”. Su historia, a pesar de muy poco conocida, forma parte de las peores tragedias marítimas que se recuerden. La noche de este miércoles 31 de agosto de 2022 se recordará el ducentésimo décimo aniversario del hundimiento del “Salvador”, ocurrido en el mismo día pero del año 1812 a unos cientos de metros de la playa Mansa donde actualmente se encuentra el parador I’Marangatú. Allí se encuentra el pecio del Salvador transformado en la tumba de medio millar de militares y marinos españoles ahogados en medio de un temporal.
Las urgencias del momento determinaron que el barco, a pesar de no estar preparado para semejante pasaje y carga, recibió abordo a los soldados extremeños del 29º Regimiento Albuhera cuyos comandantes eran los coroneles Jerónimo Galeano e Ignacio La Tusy. También embarcó un destacamento de Dragones de caballería, con todos sus implementos. Los militares fueron despachados a Montevideo para sofocar la revuelta patriota que comenzó en mayo de 1810.

Crónica
“Al amanecer y en medio de un gran temporal, el “San Salvador” se hunde para siempre, encallando en un banco de arena de la Rivera del río de la Plata. Estaban junto a la costa, encontrándose en la bahía llamada “de Maldonado”. Con excepción de la isla de Gorriti, toda la Bahía está abierta a los frecuentes vientos del océano Atlántico. Ese día el “El Triunfo” era un simple cascarón de nuez a merced de los vientos. Muchos pueblos de Castilla y Extremadura, de los cuales eran oriundos los hombres de la tropa, ni habían escuchado esta tierra en su vida. El caso es que allí murieron muchos de sus hijos. El Salvador fondeó durante la noche y fue arrastrado con el ancla garreando a 4 millas del sitio en el que había detenido su marcha. Cuando ocurren este tipo de cosas la situación suele terminar muy mal. Abatidos por los fuertes temporales, las anclas son arrojadas por la borda desesperadamente… El capitán presintió lo peor y tomó la decisión de ingresar el barco en la bahía, llevándolo a la muerte en una infeliz maniobra contra el bajo conocido como “del monarca” (por el naufragio del buque inglés HMS Monarch ocurrido pocos años antes). Allí quedaría abatido por la tormenta. El resultado es que casi todo el batallón pereció. En acto de servicio, dando su vida por la España y el gobierno de entonces. Centenares de hombres se arremolinaban entre las aguas que golpeaban el casco de la nave. La costa, en la lejanía. A ver quien era capaz de llegar hasta allí con la mala mar existente. Cuestión de vida o muerte”, sostiene la crónica publicada en el diario ABC de Madrid.

Absoluta ignorancia
El ABC sigue: “Tan sólo 130 hombres sobreviven finalmente. Según el contador del navío se habían embarcado 110 cajones de los cuales no se detallan sus contenidos. Allí se encontrarán cubiertos de arena, sumergidos todos los pertrechos; armas, sables, pistola, gran cantidad de cañones y culebrinas con su respectiva munición. Vajillas, pertrechos e intendencia…Con el Salvador herido de muerte, su capitán ordenó echar abajo los mástiles para desarbolar la estructura de las velas y de esa manera ofrecer menos resistencia al viento, empezaron por los mástiles y terminando por los masteleros. Desde la costa sólo se escuchaban los gritos del navío y unos cañonazos que pedían auxilio. El relato del naufragio es llevado a cabo por el que en ese entonces era piloto, vigía y capitán interino del puerto de Maldonado Don Antonio de Acosta y Lara. Consta de un documento que este le manda al entonces Comandante General de Marina de Montevideo. Como siempre los documentos y los archivos nos legan la historia. Quien también se traslada al lugar del naufragio es el comandante de Marina de Montevideo Don José de Obregón a quien le encomendaron la tarea de recuperar todo lo que fuera posible del naufragio. Al principio del informe escribe una oración que termina “…una criminal absoluta y general ignorancia de los conductores del SALVADOR…”. Deja bien claro el por qué y el cómo del naufragio. General ignorancia lo llama, el caso es que más de un barco da con la quilla en esa bahía en el margen de entrada al siempre traicionero Río de la Plata, la desembocadura de uno de los más grandes de Sudamérica”.

 

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