Hotel L’Auberge: uno de los clásicos de Punta del Este celebra 75 años   

El espíritu familiar de trabajo no solo circula entre los colaboradores del hotel, sino que también llega a los huéspedes; “lo más importante creo que es la familia”, dice Ignacio Carrera, quien actualmente es el director ejecutivo del establecimiento

El hotel, obra del arquitecto argentino Arturo Dubourg cuenta con casi 10.000 mts2 de parque con variedad de especies, para disfrutar de momentos de paz rodeado de naturaleza.

El Hotel L’Auberge conmemora su 75 aniversario como un tesoro arquitectónico, rodeado de bosque, que ha marcado la historia de este balneario. La familia Carrera Chaquiriand, propietaria del hotel, presenta un libro que recorre su historia y la transformación de Punta del Este desde una villa de pescadores hasta el balneario más distinguido de América del Sur. “Familia” y “Casa” son los conceptos claves para comprender cómo esta perla de la hotelería uruguaya conserva su excelencia y calidez a lo largo de los años.

Existe un término literario llamado Locus amoenus. En latín, significa “lugar perfecto”, “lugar ameno”, “lugar amado”. Se suele utilizar para describir aquellos espacios que más que territorios geográficos, son escenarios de vida. En ellos se maceran con el tiempo aromas, recuerdos, historias y emociones. L’auberge es precisamente eso: un Locus amoenus. Un pequeño universo que hace 75 años regala experiencias. Un lugar amado por quienes lo visitan y vuelven año tras año.

La clave es lo familiar

La primera propietaria de este prestigioso hotel fue Marguerite Jouvenau, de origen belga. Luego vino Don Víctor Chaquiriand. Le siguió su hija, Cristina quien se casó con Ignacio Carrera, y juntos continuaron desarrollando el negocio. Su hijo, Ignacio, es actualmente el Director Ejecutivo.

“Lo más importante creo que es la familia”, dice Ignacio Carrera, quien actualmente es el Director Ejecutivo del hotel. Ignacio habla con calma y alegría de la historia de L’Auberge. Su presencia emana esa hospitalidad de quien recibe a un viajero en el living de su casa. “Mi familia ha estado siempre acá, desde hace 60 años, haciéndolo crecer y desarrollarse”, cuenta con orgullo.
Carrera rememora una breve cronología: “la primera dueña era una señora belga llamada Marguerite Jouvenau; mi abuelo, Víctor Chaquiriand, le compró el hotel a ella. Después vinieron mis padres, Cristina e Ignacio Carrera; y ahora estoy yo junto a mi esposa, Soledad Queirolo, para seguir escribiendo la historia de L’Auberge”.
Muchos se preguntarán cuál es el secreto para estar a la vanguardia de la hotelería en Uruguay hace 75 años. Ignacio responde con seguridad: “la familia en este hotel es el diferencial principal en comparación con cualquier otro hotel de la zona”. El espíritu familiar de trabajo, remarca Carrera, no solo circula entre los colaboradores del hotel, sino que también llega a los huéspedes, quienes al llegar a este mágico refugio rodeado de árboles, encuentran una suerte de recogimiento, “de casa fuera de casa”.

La calidez de un hogar

La propuesta de L’Auberge se caracteriza por su mágico salón de té, las habitaciones decoradas con elegante estilo europeo, una sala de reuniones equipada con los más sofisticados equipos y un servicio gastronómico de creciente nivel.

“Quienes vuelven, año tras año, se encuentran con las mismas caras de las personas que los atienden y de los dueños que los recibimos personalmente”, cuenta su Director Ejecutivo.
Llegar a L’Auberge es una experiencia única. Un gran jardín, el aroma a la masa tierna de los clásicos waffles por la tarde, la elegante arquitectura en ladrillo a la vista que abraza el terreno con la gran torre de agua como un faro, hace sentir al visitante en un rincón europeo atemporal.
“Le dedicamos mucho tiempo a los huéspedes, al personal y al hotel, en infraestructura”, relata Ignacio Carrera, al hablar del trabajo diario. “El aprecio por el trabajo es un valor clave para nuestro equipo y siempre intentamos predicar con el ejemplo”, agrega. Quizás esto explique por qué hay familias que hace más de treinta años eligen este hotel o hay clientes que reservan habitaciones diez veces el mismo año. “También nos eligen por la paz y la tranquilidad”, cuenta Carrera y menciona algunas personalidades reconocidas que han pasado por el hotel: George Bush (padre), Ehud Barak, María Bethania, Vinicius de Moraes, Pelé, Niki Lauda, Alejandro Sanz.
Como en todo hogar, en L’Auberge hay sabores inolvidables. Su salón de té —abierto al público— es un clásico del circuito gastronómico de Punta del Este. Una parada obligada para quien pasea por el barrio Parque de Golf por la tarde. La ceremonia de los waffles belgas es una de esas recetas que viajan en el tiempo y conservan su magia. Quizás gracias a que las waffleras de hierro son originales, traídas de Bélgica en el año 1948. Porque como dice Walt Disney, “no hay magia en la magia, todo está en los detalles”.

El festejo de 75 años de historia

La hipnótica torre de L’Auberge mide 45 mts y fue la primera construcción del barrio Parque del Golf, ideada para llevar agua potable al resto de las casas del barrio.

El sábado 7 de octubre, el hotel celebrará un aniversario especial. “Será un evento corto y emotivo, por la tarde, que es el horario que nos caracteriza por los waffles”, cuenta entusiasmado Ignacio Carrera, y agrega: “esperamos poder contar con la presencia de algunas autoridades, nacionales y locales”.
Para este festejo de los 75 años, la familia Carrera Chaquiriand, presentará un libro que recorre la historia del hotel acompañada de la expansión y el desarrollo de un balneario que nació siendo una villa de pescadores y es hoy el más distinguido de América del Sur. “Habrá una lectura breve de párrafos a cargo de personas seleccionadas”, anticipa Carrera.
Pero tal vez el reflejo más fiel del cariño y la fidelidad de sus huéspedes, está en este detalle que Ignacio relata emocionado: “cuando anunciamos este evento, no podíamos creer la cantidad de clientes de afuera que nos dijeron ¡voy!, y les empezamos a mandar invitaciones como si fueran parientes. Nos decían: me tomo un avión, voy por dos días, tres días… viene gente de Río Janeiro, de San Pablo, de Porto Alegre, de Argentina, y de acá obviamente. Nos hace muy felices sentir la pasión y la ternura que sienten por nuestro hotel”.
Así, el encuentro le hará justicia a la identidad de L’Auberge: simpleza, calidez y elegancia. Un brindis, un cóctel, waffles y algunos bocaditos. Y como broche de oro, la presentación y lectura del libro, como cierre emotivo, para recordar, es decir, pasar por el corazón la historia de este mágico lugar.

Crecer cuidando las raíces


Desde 1981, L’Auberge permanece abierto los 365 días del año. El hotel comenzó con diez habitaciones y hoy tiene 36, incluyendo 13 adentro de la torre. Se construyó una hermosa piscina con barbacoa para disfrutar en verano. También se sumó un restaurante para almuerzos y cenas. Las habitaciones y los espacios comunes crecieron en cuanto a sofisticación y detalles. En 2010, el L’Auberge alcanzó una distinción sin precedentes al ser reconocido como el “Most Excellent Hotel” de América del Sur por la prestigiosa guía de turismo de lujo Condé Nast Johansens. Sin embargo, Ignacio Carrera dice humildemente: “en realidad el hotel sigue siendo lo que siempre fue, un hotel chico, familiar. Un lugar donde quedarse y sentir pertenencia. Esa es nuestra esencia”.
Se dice que una perla cuantas más capas de nácar tiene, más valiosa es. Así, este hotel de lujo con corazón de posada, con los años se volvió más bello, brillante y valioso. Quizás por que logró lo más difícil: expandirse sin perder su identidad. Modernizarse cuidando sus raíces. Nunca olvidó que lo esencial, como dice el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, es invisible a los ojos. Que el arte de recibir viajeros se trata de valores como el respeto, la atención, el amor por el trabajo, la humildad y el cariño.

POR Julieta Troielli – @azarero

1 COMENTARIO

  1. Mis sinceras felicitaciones a los propietarios del Hotel L’Auberge por los primeros 75 años de vida. Toda una historia y famoso por sus riquísimos waffles que entrarán a la historia de Punta del Este.

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