Un tribunal de apelaciones confirmó la sentencia en primera instancia contra una mujer que intentó asesinar a su esposo colocando veneno para ratas en el termo que usaba para cebar mate. El asunto se remonta al 23 de noviembre de 2015, cuando la jueza penal de 4º Turno, Adriana Morosini, había condenado a la pena de cuatro años de penitenciaría a la mujer por un delito de homicidio muy especialmente agravado en grado de tentativa. Los agravantes específicos fueron el empleo del veneno y el hecho de que la víctima era su esposo, como lo establecen los incisos 1º y 3º del Código Penal.

A partir de la sentencia en primera instancia, y tal como lo establece el artículo 255 del Código del Proceso Penal, por tratarse de una pena de penitenciaría superior a tres años la causa pasó de forma automática a un tribunal de alzada para su revisación formal y de fondo.

Antes de fallar, el Tribunal de Apelaciones en lo Penal de 2º Turno pidió el concurso de una junta médica para establecer si la cantidad de veneno empleada por la mujer era suficiente para provocar daños en la salud de la víctima.

Los hechos

La instrucción judicial probó que la mujer, de 52 años, compartía con su esposo de 53 una vivienda en el complejo Covidem de la ciudad de Maldonado. Sin embargo, en los hechos, el vínculo sentimental había desaparecido con el correr el tiempo, a tal extremo, que el hombre mantenía desde hacía tiempo una relación con otra mujer.

La esposa supo de la situación y experimentó diversos trastornos psicológicos; a tal extremo que no ocultaba sus celos y se mostraba demandante hacia su expareja.

La situación llegó al extremo cuando la esposa se enteró de que su esposo había ido con su amante a un desfile de carnaval en la ciudad de Maldonado.

Los hechos se desencadenaron una mañana de 2015 cuando el hombre se preparaba para ir a su trabajo. “¿Te caliento el agua?”, le preguntó la señora. El hombre asintió mientras continuaba vistiéndose.

La mujer puso el agua en la caldera y prendió el fuego de una de las hornallas. Casi de inmediato tomó el termo y puso un puñado de pastillas de veneno para ratas marca Brumoline que estaban en una bolsa de nailon guardada en la alacena de la cocina.

Con la clara intención de causarle la muerte a su marido, colocó el veneno en el termo. Luego el agua. Además, armó el mate con la yerba y los yuyos consumidos por su esposo. Ella, como era habitual, armó su propio mate. Los dos se sentaron en la mesa de la cocina. Su esposo alcanzó a tomar dos o tres mates cuando se quejó de que el agua no salía como debería del termo. Al sacar el tapón del termo, el hombre se percató de que en fondo había grajeas de color rosadas similares a las que empleaba para matar a las ratas. Se levantó para tirar el agua en el fregadero de la cocina. Al caer el agua, también quedaron depositadas las pastillas. “¡Me pusiste veneno de ratón!”, exclamó el hombre, mientras miraba atónito las grajeas en el fregadero. “No sé lo que me pasó”, dijo la mujer.

Confesión

La mujer dio su versión de los hechos por los cuales terminó en prisión: “Me levanté a calentar agua en la caldera y le dije a mi marido que si quería para el termo de él. Y me dijo que sí. No sé qué me pasó en ese momento y le echo en el termo veneno de ratón granulado, que estaba en el mueble de la cocina. Le puse un montón, se lo eché con la bolsita. Guardé el veneno en el mueble y le cerré el termo con el agua caliente. Se lo dejé arriba de la mesa del living, tomó unos dos mates y dijo que el agua estaba caliente y se levantó y abrió el tapón. Vio unas pastillitas rojas y me preguntó por qué yo le había puesto veneno de ratón. Le dije que no sabía por qué lo había hecho. Y me preguntó: ¿tú me querías matar?. Yo le dije: no, no; a lo que llamó a la hija para que viniera a ver lo que le había hecho. Cuando llegó me dijo: ¿por qué hiciste esto mamá?. Y yo le dije no sé qué me pasó. Mi esposo me preguntó si yo venía haciéndoselo desde varios días atrás antes, porque él se venía sintiendo mal. Le dije que fue solo ese día que yo le puse veneno de ratón”.

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