Publicamos y recibimos: “A 50 años del rescate del Pontón del Faro”

De Guillermo Techera, “Pequeco”
Hoy se cumplen 50 años del aquel icónico rescate que fue el gran comentario del momento, al día siguiente, la enorme presencia del buque varado en playa Buceo quedó grabada en la retina de los montevideanos.
Hoy el “Gallego García” patrón de ADES 1 en ese rescate nos recuerda el hecho y lo revivimos con este relato:

El temporal del 16 de julio de 1973 quedó asociado con el encallamiento del pontón faro ROU Banco Inglés en la playa del Buceo. La violencia sostenida del huracán que desde la noche del 15 se abatió sobre estas latitudes cobró particular intensidad en medio del Río de la Plata, convirtiendo la zona del banco Inglés en un verdadero infierno. En las inmediaciones del escollo, el pontón faro que llevaba su nombre, sacudido por las olas, terminó por romper las amarras, comenzó a garrear peligrosamente y quedó a la deriva. A bordo, la dotación de cinco hombres se esforzaba por mantener la nave bajo control. Una vez comunicada a tierra la emergencia, se puso en movimiento un operativo que habría de culminar varias horas después, a la altura del Museo Oceanográfico y a unos 500 metros de la costa, con el rescate de los exhaustos y aterrorizados marinos.
Éstos eran el suboficial Luis Alberto López, el cabo de la Enrique Olivera Mancuello y los marineros Artemidoro Techera Morales, César Enrique Cabrera Pálido y Jesús Geovani Coitinho Figueredo, quienes fueron trasladados a la sede del comando de la Armada para brindar declaraciones sobre el accidente.
Mientras sucedían las peripecias del rescate, es tiempo de rememorar la historia del pontón faro. En el año 1969 fue traído en navegación desde Boston —con una tripulación de alrededor de veinte hombres de nuestra marina de guerra— y se recuerda que en su última etapa, ya frente a costas brasileñas del sur, sufrió serias averías en la maquinaria, por lo que debió ser remolcado por el barreminas Pedro Campbell. El pontón estaba dotado de un faro luminoso, radiofaro, sirena de niebla, estación radiotelegráfica y un sistema de pantallas reflectoras de radar. Todo el instrumental —al que debe agregársele un previsor duplicado, por si alguno de los instrumentos quedara fuera de servicio a raíz de un desperfecto— hacían del ROU Banco Inglés una ayuda invalorable para cuanta embarcación recorriera el Río de la Plata, pues advertiría de la presencia del temido banco Inglés, el Tragabarcos, como se lo denominaba en la época colonial. Volviendo a 1973, corrían las primeras horas de la tarde del 15 de julio cuando el pontón rompió sus amarras y comenzó a derivar. En un primer momento, los tripulantes —acostumbrados a los violentos ruidos de la nave en medio de la tempestad—, no tuvieron exacta noción de lo que ocurría, pero finalmente advirtieron que se encontraban al garete. De inmediato dieron la alarma a través del sistema radiotelegráfico de a bordo, y el aviso, recogido por el Centro Coordinador de Búsqueda y Rescate de la Armada, puso en marcha un complejo operativo. Se dispuso la salida de un remolcador de la ANP y del barreminas Pedro Campbell, con el cometido de localizar al ROU Banco Inglés y brindar auxilio a los cinco hombres. Pero el remolcador debió regresar a su amarradero, ante la imposibilidad de seguir navegando en condiciones tan adversas, mientras el barreminas, sin haber logrado acercarse al pontón, ponía proa mar adentro para capear el temporal. Sacudido por el intenso oleaje y tomado por una persistente sudestada, el pontón pasó a través de la isla de Flores y enfiló hacia la costa montevideana, pasando muy cerca de Las Pipas —frente a Carrasco—, donde pudo hacerse pedazos sin que el personal tuviera medios para evitarlo. Entre rolidos y cabeceos derivó hacia Punta Gorda y entró al garete en el amplio arco que describen las playas capitalinas, en momentos en que arreciaba la tempestad. Era sumamente incierta la suerte que correría la embarcación, que se mantenía en comunicación con el Comando de la Armada por medio del potente transmisor —que siempre estuvo activo— informando de sus forzosas singladuras. A las cinco de la tarde se dispuso la partida de la lancha de ADES, que a la postre lograría evacuar exitosamente a la tripulación.
La lancha partió al mando del patrón Carlos García, con Heber Ansorena como segundo y los tripulantes Néstor Trenka, Ernesto De Francesco, Álvaro Espósito, Alejandro Montautti y Luis Seoane, todos civiles aficionados a la náutica.
Minutos antes de las seis y a dos millas al sudeste del puerto del Buceo, la Ades 1 tomó contacto con el pontón, en torno al cual efectuó varias pasadas, procurando acercársele por una de sus bandas para transbordar al personal. Esta tarea se hizo dificilísima por los continuos golpes de mar, que impedían amadrinar la lancha, pero finalmente los hombres del pontón extendieron una balsa salvavidas como si fuera una plancha por encima de la borda, y gracias a ella consiguieron saltar a la embarcación de auxilio. La lancha, apartándose del viejo casco al garete, retornó al puerto del Buceo cerca de las siete horas. Los rescatados estaban ilesos y fueron llevados con gran celeridad, en un vehículo de la Marina, hacia el Comando General de la Armada, a fin de prestar las correspondientes declaraciones.

*Extracto del libro “50 años de salvamento en aguas uruguayas” de Juan Antonio Varese