“La razón del artillero”, por David Rabinovich

La historia cuenta que un oficial de artillería no había cumplido la orden de disparar su cañón y fue sometido a un consejo de guerra. El acusado anunció ante los jueces que expondría numerosas razones de su conducta. Bastó con la primera: la falta de pólvora.

A fuerza de ser sinceros. Es tradicional tiempo de balances y me enfrento, una vez más, al desafío de proponer alguno a mis sufridos lectores. En estos ‘balances’ pesan ‘las razones del artillero’, pero como el escorpión, cada uno procede según su naturaleza. Nos estamos acostumbrando a convivir con el Covid y otros bichos malignos y malvados, pero quienes venimos de familia de izquierda y hemos transitado por la vida largos años de militancia, no sabemos cómo convivir con las ‘nuevas derechas’ que resurgen en base a renegar de todo intento de ‘corrección’ política.
Nuestras derechas. Según el general Manini la ‘ideología de género’ vino para fragmentar la familia. Considera que reivindicar los derechos de la mitad de la población nos enfrenta, divide, ‘fragmenta’. Y que eso llegó después de la ideología de izquierda “…para fragmentar lo que le quedaba por fragmentar, después de haber fragmentado a la sociedad en ricos y pobres, en explotados y explotadores, en empleados y patrones”. El general se suma a quienes, además, cuestionan los derechos de las minorías, de los diferentes, en defensa de una sociedad que se dice (¿se cree?) homogénea, tradicional, conservadora, llena de ‘valores’ a preservar. Como otros líderes de la extrema derecha se presenta como un libertario que quiere achicar el Estado actualizando la receta de los ‘Chicago Boys’. Achicar el estado es una manera de decir agrandar el mercado, o sea asociar la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades, incluso las más básicas, a la posibilidad de constituirnos en ‘demanda efectiva’. Esto es tener la necesidad o el deseo de acceder a un bien o servicio y además tener lo suficiente para pagar por él. Achicar el Estado no incluye, en las recetas de las derechas, reducir el gasto –desmesurado y siempre creciente- en seguridad y ‘defensa’. El general ‘manda’ que no es la realidad (la razón del artillero) que ha ‘fraccionado’ la sociedad, ha sido la ‘ideología’ de izquierda…
Nuestros derechos. El diputado del Partido Nacional Juan Martín Rodríguez alega que con la LUC “no ha ocurrido el gatillo fácil, no se ha limitado el derecho de huelga y no se ha privatizado la educación pública”. En realidad vamos camino de eso. Esas son las intenciones de la coalición que nos gobierna. Policías han baleado varias personas y no siempre en situación que claramente lo justifique; pero la nueva ley si no los ampara los alienta. ¿Falta la perspectiva que da el tiempo para ver hacia dónde vamos? La limitación del derecho de huelga está implícita en la campaña antisindical furibunda que se ha desatado. La privatización de la educación y otros servicios públicos no es una intención que el gobierno esconda con mucho empeño. El deterioro progresivo de esos servicios basta para abrir más y mejores oportunidades al mercado. Porque de eso se trata: sustituir derechos y servicios por oportunidades de negocios y rentabilidad.
Políticas. Suelen reclamarnos que no ‘politicemos’ los temas. ¿Cómo se debaten políticas sociales, culturales, económicas, territoriales, de derechos humanos… sin hablar de política? Sin tomar posiciones políticas no se puede sostener opinión alguna sobre la convivencia en sociedad. Lo que no arregla la política lo resuelve el ‘poder’. Por la razón del artillero: quien tiene, puede.
¿Cómo hablar de políticas en materia de seguridad pública sin considerar que la presencia del Estado en todos los territorios no es sinónimo de la policía en las barriadas pobres? La política está en la vida diaria y cuando lleguen los tiempos electorales volverá el dilema de hierro: ‘no votar al menos malo significa que gane el malo que votan otros…’
Fines y comienzos. Vivimos una época de veloces cambios, un cambio de época de inciertas consecuencias. El mundo de la riqueza ultra concentrada y del individualismo feroz puede empeorar notablemente. La humanidad habría fracasado si ganan las derechas y no los derechos. O podemos cambiar la realidad, volvernos solidarios, cooperativos, justos… si los derechos humanos se imponen con el triunfo de las izquierdas. ‘El general’ no sabe qué es eso de izquierdas y derechas. Sin embargo, cuando las izquierdas reclaman por un mundo más igualitario las derechas mandan a dar palos y repartir plomos. ¿El General no sabe de qué lado está?
Dicho sea sin desconocer que ‘el bloque económico-político-social de las derechas’, confronta “izquierdas divididas y diluidas en un progresismo soso donde se confunde responsabilidad con renunciamiento”1
El ejemplo de Chile vale. Es jueves, cae la tarde y el próximo domingo en Chile hay balotaje. En la primera vuelta, los dos más votados, sumados, tuvieron un apoyo de poco más del 50%. Surfeando las olas del malestar, la antipolítica y la partidofobia sólo acudieron al llamado de las urnas el 46% de los habilitados. Hay miles que no se cuentan porque nunca se tomaron la molestia de inscribirse.
Chile fue ejemplo de país exitoso para las derechas de continente. ¿Lo sigue siendo? Todos aspiran a quedarse con ‘el centro’ pero ‘la grieta’ enfrenta una derecha cada vez más radical, reaccionaria y autoritaria con una izquierda movilizada y combativa. Parece que la mitad del electorado se radicaliza y la otra mitad se repliega y retrae su participación. ¿Desilusión ante una democracia fallida?
La derecha impone las políticas económicas al servicio de los más ricos: rebajas de impuestos a las grandes empresas, a quienes más ganan y a quienes más tienen; recortes de gasto público; políticas de privatización y deterioro de los servicios públicos, junto a la profundización de reformas laborales y de la seguridad social claramente retrógadas.
“No se puede hablar de una sociedad libre si el individuo no puede acceder a una vivienda, no puede acceder a un trabajo para mantener a su familia, no tiene una educación de calidad de sus hijos, no tiene la capacidad de prever cuál va a ser el futuro de su familia y de su gente, si no tiene un país que se relacione abiertamente al mundo.”2
Defensa de la meritocracia. Es necesario repasar algunas argumentaciones. “El interés no se centraba en reducir las desigualdades, sino en asegurar que toda persona tuviera una oportunidad de alcanzar la cima.” Desde esta óptica la sociedad jerarquizada es consecuencia natural y deseable del progreso y el desarrollo, no consecuencia nefasta de las leyes del mercado, de la competencia por el lucro, la rentabilidad sin techo y a cualquier precio. Sin dudas el capitalismo le vendió el alma al diablo. No hay nada malo en dejar que las personas con determinados méritos prosperen; el problema surge cuando los llamados inteligentes y cualificados forman una clase superior propia y cierran la puerta a todas las demás.3
La cultura y el éxito. Lo que se llama realismo chino se expresa en el dicho “confuciano en la vida pública, taoísta en la vida privada y budista en la muerte”. El confucianismo se podría entender como una ética social y humanista, de un sistema centrado en los seres humanos y sus relaciones. Los valores éticos taoístas tienden a promover la naturalidad, la simplicidad, la espontaneidad, como ‘camino’ y sobre todo, -como forma de vida- la compasión, la frugalidad y la humildad. Para los budistas, la muerte es sólo el principio de otra vida, un ciclo que se irá repitiendo hasta llegar a la perfección.
Nadie podría alegar que los ‘éxitos’ de China son producto de la democracia. Tampoco negar que, en el mundo occidental y cristiano, el cañón de la justicia hace tiempo que se quedó sin pólvora. En cuanto al anunciado ‘balance’, te lo debo. Pólvora tengo pero se mojó.

1 https://vientosur.info/el-ayusimo-y-vox-tienen-un-gran-acuerdo-recortar-derechos-laborales-sociales-y-democraticos/
2 https://vientosur.info/contra-la-meritocracia/
3 https://www.nytimes.com/2021/04/30/opinion/tax-cuts-rich.html