
Los trabajos de reparación de un manguerón ubicado en el lecho marino, en la zona donde se encuentra fondeada la boya petrolera de la Terminal Este de ANCAP han sido ejecutados con éxito. Esta intervención, que involucró a buzos especializados y equipos técnicos, permite que la terminal vuelva a estar en condiciones para operar, mitigando los riesgos de interrupciones en el abastecimiento de combustibles durante la alta demanda invernal.
El anuncio llega tras semanas de tensión luego de un incidente ocurrido el 3 de agosto, cuando se detectó una fisura en el Pipeline End Manifold (PLEM), una estructura submarina clave que conecta la boya con el ducto que transporta el crudo a tierra.
Según fuentes el caso, la falla provocó un vertido menor de entre 10 y 40 litros de petróleo durante maniobras previas a una descarga, lo que obligó a paralizar las operaciones y activar protocolos de contingencia ambiental. La refinería de La Teja incluso detuvo temporalmente su producción por falta de crudo, recurriendo a importaciones de productos refinados para garantizar el suministro nacional.
Trabajo especializado
Los trabajos de reparación, realizados a unos 20 metros de profundidad, incluyeron el corte y reemplazo de secciones dañadas de tubería, un proceso complicado por corrientes marinas y visibilidad limitada. Buzos de ANCAP y la Armada Nacional, alojados en el buque de servicios WP Halle, lograron superar estos desafíos. Con la terminal operativa, se espera que en la próxima jornada el buque tanquero Eagle San Francisco, actualmente anclado en la zona de servicios frente a Piriápolis, levante fondeo y navegue hacia la boya para descargar aproximadamente un millón de barriles de crudo almacenados en sus tanques. Este barco, de bandera singapurense y con capacidad para grandes volúmenes, ha permanecido varado desde el incidente, junto a otros como el Marathon TS, incrementando la congestión marítima en la costa este.
Expertos en el tema indicaron que el tramo que conecta a la boya con tierra nunca fue cambiado y es el mismo colocado a fines de los años setenta cuando se construyó la terminal este de ANCAP. En cambio, la boya si fue cambiada algunos años atrás.
Detalles técnicos
El buque de servicios WP Halle, de pabellón uruguayo, fue el epicentro de esta misión. Funcionando como un “hotel flotante”, alberga a los diecisiete buzos encargados de las tareas: tres pertenecientes a ANCAP y catorce de la Armada Nacional. La tripulación se completa con tres o cuatro personas adicionales para asistir en el amarre y la operativa general. El capitán del WP Halle levantó anclas el lunes a las 21:45 desde la Bahía de Maldonado, dirigiéndose directamente al sitio de la boya, ubicada a 3.600 metros de la costa. La preparación para esta intervención no fue improvisada. Incluyó intercambios de experiencias con buzos chilenos y ecuatorianos, quienes compartieron conocimientos sobre reparaciones similares en entornos marinos hostiles. Cada buzo cuenta con dos trajes especializados: uno seco y otro húmedo, seleccionables según las condiciones del agua para maximizar la seguridad y eficiencia. A bordo viajan también técnicos equipados con repuestos para subsanar fallas en las conexiones submarinas, enfocados en el PLEM (Pipeline End Manifold, o Colector de Extremo de Tubería), una estructura clave que actúa como punto de conexión entre el oleoducto principal y las mangueras que ascienden a la boya. El PLEM incluye válvulas para aislar secciones durante el mantenimiento, esenciales para evitar derrames en esta zona de alto valor ambiental. La boya petrolera en cuestión es una monoboya de acero con 10 metros de diámetro, diseñada bajo el sistema Single Point Mooring (SPM). Tiene capacidad para amarrar buques tanqueros de hasta 150.000 toneladas de desplazamiento muerto (dwt). Está anclada con seis cadenas y anclas de 22 toneladas cada una, más dos cabos de amarre de 55 metros de largo y 40 cm de circunferencia. Las conexiones incluyen dos líneas de manguerotes flotantes de aproximadamente 230 metros de largo, con diámetros variables (30, 40, 50 y 60 cm) y presión de 21 kg/cm², equipados con doble carcaza para prevenir derrames. Los manguerotes submarinos son dos de 50 cm, también con doble carcaza anti-derrames. El oleoducto submarino, de 3.600 metros de longitud y 90 cm de diámetro (36 pulgadas internas), está fabricado con paredes de acero de 12 mm de espesor, revestidas exteriormente con 11 cm de hormigón armado. Opera en una profundidad oceánica de 19 metros, conectando la boya directamente al parque de tanques en tierra. En las maniobras habituales de acoplamiento intervienen dos embarcaciones de apoyo: el ANCAP VII, con eslora de 21 metros, manga de 6,8 metros y 600 HP de potencia; y el ANCAP VIII, de 15 metros de eslora, 4,8 metros de manga y similar potencia. Ambas están equipadas para combatir incendios, generar espuma mecánica y controlar derrames de hasta 1.000 m³, incluyendo elementos para aplicar dispersantes y mitigar impactos ambientales. Este incidente pone a prueba el impecable registro de seguridad de la terminal. Con 423 operaciones sin accidentes reportados, la instalación cuenta con certificaciones internacionales como ISO 14001 para Gestión Ambiental (en mar y tierra, avalada por UNIT/AENOR) y el Código PBIP de la Organización Marítima Internacional (OMI) para protección de buques e instalaciones portuarias (certificado por la Prefectura Nacional Naval, PNN).











