A 183 años de la tragedia del “Leopoldina Rosa”: un naufragio que enlutó al mar uruguayo

El suceso, que dejó un saldo de 243 víctimas mortales, marcó un capítulo sombrío en la inmigración vasca hacia el Río de la Plata

La tragedia del “Leopoldina Rosa” no solo dejó una cicatriz en la memoria colectiva de Uruguay, sino que también puso en evidencia las duras realidades de la inmigración en el siglo XIX

El pasado lunes 9 de junio de 2025 se conmemoró el 183º aniversario de una de las mayores tragedias marítimas en la historia de Uruguay: el hundimiento del barco “Leopoldina Rosa” en la restinga de Castillos, ocurrido el 9 de junio de 1842. El suceso, que dejó un saldo de 243 víctimas mortales, marcó un capítulo sombrío en la inmigración vasca hacia el Río de la Plata, exponiendo no solo los peligros del mar, sino también las miserias humanas en tierra.

El “Leopoldina Rosa” era un buque que transportaba 303 personas, entre tripulantes y pasajeros, estos últimos en su mayoría inmigrantes vascos que buscaban un futuro mejor en América del Sur. La travesía, sin embargo, formaba parte de un oscuro negocio conocido en España como “la trata de blancos”, un sistema de explotación llevado a cabo por traficantes de emigrantes que lucraban con las esperanzas de los más vulnerables. Los pasajeros, cargados de sueños y pocas pertenencias, enfrentaron un destino trágico cuando el barco encalló a unos 200 metros de la costa rochense, en medio de una feroz sudestada.

Desertores

La violencia del temporal y las difíciles condiciones del mar complicaron cualquier posibilidad de maniobra. En un intento desesperado por salvar a los pasajeros, el capitán del buque ordenó a un tripulante nadar hasta la orilla con un cable que permitiera asegurar el desembarco. Sin embargo, la operación se convirtió en un reflejo de las peores facetas humanas. De los cinco tripulantes capaces de realizar esta hazaña, todos desertaron al llegar a tierra, abandonando a sus compañeros y pasajeros a su suerte. El barco, incapaz de resistir el embate de las olas, comenzó a ceder, desatando el caos entre los que aún permanecían a bordo.

El naufragio se cobró la vida de 243 personas, incluido el capitán, quien, según los registros, se mantuvo en su puesto hasta el final, demostrando un coraje y una decencia que contrastaron con la cobardía de los desertores. Muchos de los pasajeros perecieron ahogados junto al barco, atrapados por las corrientes y el oleaje implacable. Los pocos que lograron llegar a la costa enfrentaron un nuevo calvario: fueron atacados y despojados de sus escasas pertenencias por gauchos locales, quienes aprovecharon la vulnerabilidad de los sobrevivientes para saquearlos.

La tragedia del “Leopoldina Rosa” no solo dejó una cicatriz en la memoria colectiva de Uruguay, sino que también puso en evidencia las duras realidades de la inmigración en el siglo XIX. Los vascos, que partieron de sus tierras en busca de oportunidades, encontraron en cambio un destino fatal, víctimas tanto de las fuerzas de la naturaleza como de la codicia y la indiferencia humana. La restinga de Castillos, un lugar de belleza agreste en la costa uruguaya, quedó marcada para siempre como el escenario de este desastre.

Hoy, a 183 años de aquel fatídico 9 de junio, la historia del “Leopoldina Rosa” sigue siendo un recordatorio de los riesgos que enfrentaron los inmigrantes y de la fragilidad de la vida en el mar. En Rocha, donde ocurrió la tragedia, se realizan actos conmemorativos para honrar a las víctimas y reflexionar sobre las lecciones de solidaridad y humanidad que este episodio dejó. La memoria de los 243 fallecidos, incluido el valiente capitán, permanece como un llamado a no olvidar las historias de quienes, en busca de un futuro mejor, encontraron la muerte en las costas uruguayas.

Credito info e imagen Eldiario.es