Ana Paula Orellano, que desde hace cuatro años se desempeña como cuidacoches en la calle 29 entre Gorlero y calle 20, donde es reconocida por su amabilidad, decidió abandonar su trabajo tras un episodio que la dejó profundamente afectada. El incidente ocurrió el pasado sábado 31 de enero. Según relató la mujer, un turista argentino llegó con su familia en auto. Ella lo recibió como de costumbre. El hombre bajó al supermercado, mientras su esposa y los niños quedaron en el vehículo. Al bajar a los niños y cerrar el auto, la familia perdió las llaves en el trayecto. Cuando el turista regresó, el vehículo no abría y se activó la alarma. Ante la imposibilidad de encontrar las llaves, la familia acusó a Orellano, basados en el testimonio de una vecina que aseguró haberla visto tomarlas. “Si las hubiera tomado, se las devolvía en el momento. En cuatro años jamás toqué nada que no fuera mío”, afirmó Ana Paula, visiblemente conmovida.
La situación escaló: llegaron efectivos de policía, la familia los llamó y Orellano fue sometida a un cacheo corporal frente al supermercado, realizado por una policía mujer. No le encontraron nada. “Estaba llorando”, contó.
Al día siguiente, el domingo, se revisaron cámaras de comercios cercanos, pero no apareció ninguna prueba en su contra. Tampoco recibió disculpas. “Me enteré que fue por una vecina. Ya no tengo ganas de estar en esa cuadra. No soporto un ambiente tan tóxico donde me ensucian injustamente”, explicó.
Orellano presentó una denuncia en la Comisaría Décima por calumnia, difamación y falsa acusación, pero según ella no fue sellada ni derivada a Fiscalía: “La dejaron ahí y la archivaron”. Desde entonces, su asistencia fue irregular: trabajó pocas horas el domingo, lunes, martes y miércoles. Finalmente decidió no volver. “Mi cabeza no tolera estar ahí. No puedo ver a la gente a la cara como si nada. Me hace mal”, dijo.
Los turistas, oriundos de Entre Ríos, Argentina, terminaron llamando a un cerrajero el domingo para hacer una llave nueva, ya que las originales no aparecieron. Orellano, que muchos conocen como “la señora servicial y simpática”, quiso hacer un descargo público: “Gracias por el apoyo estos años. No me fui por ellos, sino porque ya no tolero estar ahí”. Añadió que siempre actuó con corrección y que cualquiera en la zona puede confirmarlo.
Ana Paula Orellano, cuidacoches de la Península, dejó su puesto tras acusación falsa de robo de llaves
Presentó una denuncia en la Comisaría Décima por calumnia, difamación y falsa acusación, pero según ella no fue sellada ni derivada a Fiscalía












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