
El escenario de Enjoy Punta del Este se prepara para recibir un espectáculo que cruza la vibración del bandoneón con la poesía del cuerpo. La Ruta de Piazzolla es un homenaje coreográfico y musical a la obra del célebre compositor argentino, dirigido artísticamente por Iñaki Urlezaga, quien regresa a Uruguay con un montaje que combina tradición, vanguardia y emoción.
Por Julieta Troielli – @azarero
“Los únicos núcleos de creación son los intermezzo”, escribió el filósofo Gilles Deleuze. Allí donde los lenguajes se cruzan, las formas se dislocan y algo nuevo puede surgir. En ese entre —ni tango ni ballet; o tal vez ambos— se despliega La Ruta de Piazzolla, una propuesta que reúne a bailarines consagrados y jóvenes talentos, con la música en vivo del Cuarteto de Tango Buenos Aires. La cita es el 31 de mayo, y el repertorio incluye no solo obras de Astor Piazzolla, sino también de otras leyendas del género.
A 50 años del nacimiento de Libertango —pieza que marcó un antes y un después en la historia del tango—, este espectáculo invita al público a dejarse atravesar por un repertorio que recorre una amplia paleta de emociones: sensualidad, dolor, nostalgia y gloria traducidos en movimiento.
En esta entrevista, Iñaki Urlezaga reflexiona sobre el arte de bailar, la huella de Piazzolla, la fusión entre tango y ballet, y las emociones que espera despertar en quienes asistan a este viaje danzado.

—“Libertango” marcó una ruptura dentro del tango tradicional. ¿Qué aspectos de esa transformación quisiste resaltar en este homenaje?
Iñaki Urlezaga: Mirá, Libertango implica varias cuestiones. Te lo podría simplificar diciendo que es un número muy lindo para abrir o cerrar una obra, porque es una música muy arriba, con mucha energía. Pero lo que me conmueve de ese “muy arriba” es que, al mismo tiempo, hay una hondura emotiva tremenda. Piazzolla, para mí, es un ser profundamente nostálgico. No escondía sus dolores ni sus sentimientos más oscuros: los expresaba. Libertangosi uno lo escucha es como una canción de gloria. Como si él ya sintiera su reconocimiento interno. Más allá de lo electrizante que es la música, hay detrás una sensación de triunfo que me emociona mucho. Después de tanto luchar, logró estar en el mundo con lo que mejor sabía hacer: su música.
—¿Por qué Piazzolla? ¿Qué te devuelve su figura, su música, su modo de habitar el arte?
Iñaki: Bueno, te diría que lo dije casi todo en la primera respuesta. Lo que me atrapa de él es su individualismo, sin la necesidad de distanciarse del resto. En contraste con lo que sucede hoy, él se expresó a sí mismo. Como dice otro autor divino, del universo literario: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Piazzolla llevó su aldea, su mundo interior, a todo el mundo. Esa autenticidad, lo hizo universal. Su decisión de no maquillar ni esconder lo que sentía, sino mostrarlo de una forma poética y artística es lo que lo vuelven el gran artista universal que es.
—La obra cruza el tango con el ballet. ¿Cómo se construye un lenguaje en ese cruce?
Iñaki: La obra no incluye solo música de Piazzolla. Está Tanguera de Mariano Mores, Derecho viejo, La Cumparsita… Con esto quiero decir que el lenguaje musical ya es heterogéneo y tiene sus diferenciaciones dentro del espectro musical. Esto nos dio laposibilidad de trabajar el lenguaje coreográfico de una forma más fluida. Cada melodía tiene su riqueza coreográfica propia y sus posibilidades expresivas. Hay ballet, hay 2×4, hay vanguardia. El concepto es la danza en sí misma, y el cruce nos permite quizás no quedar atados a una sola forma de movimiento.
—Después de tantos años en el escenario, ¿qué es para vos hoy “bailar”? ¿Cómo cambió esa definición?
Iñaki: Paradójicamente, desde que no bailo tanto físicamente, me he vuelto más atento a la escucha del cuerpo. Antes buscaba la perfección, o quizás el foco estaba puesto en la excelencia… pero eso puede limitar la capacidad expresiva que el cuerpo tiene. Con el tiempo, he dejado la perfección de lado, mental o académica, para hacer espacio a que algo más humano surja.Siempre buscando la belleza, porque la danza es una forma de expresar emociones bellas, aunque no siempre sean “lindas”: pueden ser oscuras, tristes, alegres… Lo importante es que sean reales. Hoy estoy más atento a las posibilidades de que el movimiento sea verdadero y no tan perfecto.
—¿Creés que el cuerpo guarda memoria? ¿Que se transforma con cada obra?
Iñaki: Un espectáculo trae al otro. Si está atravesado por algo personal de uno, te modifica, sin lugar a dudas. El artista se moldea a través de su existencia. Uno se va moldeando artísticamente –como arcilla— a través de que vive. No recuerdo tanto los lugares, pero sí las transformaciones particulares que me dejó cada proceso. Uno no es el mismo antes y después de una obra.
—¿Qué buscás que quede resonando en el público?
Iñaki: Este espectáculo no tiene texto ni argumento. Es una sucesión de emociones que se encadenan. El tango, en este caso, es una expresión del humanismo: el dolor, la sensualidad, la alegría, la pasión, el desencanto, el éxito. Todos tenemos ese rango de emociones, aunque a veces las desconozcamos. Lo lindo de ir al teatro quizás sea eso: emocionarse y reencontrarse con lo que estaba guardado, o incluso con lo que no sabíamos que sentíamos.











