
Este lunes 21 de julio de 2025 se conmemora el 60° aniversario de un suceso que marcó la historia de Punta del Este: el encallamiento del barco Santa María del Luján en la restinga entre las playas Brava y El Emir, en el año 1965.
Este evento, ocurrido en una madrugada envuelta en densa niebla, no solo dejó una huella imborrable en la memoria de los habitantes del balneario, sino que también conecta a Punta del Este con un pasado bélico y una trayectoria que comenzó en los astilleros de Illinois, Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial.
Los orígenes del USS LST 517
La historia del Santa María del Luján comienza mucho antes de su llegada a las costas uruguayas, en un contexto de conflicto global. El 10 de septiembre de 1943, en el astillero Chicago Bridge and Iron Company de Séneca, Illinois, se colocó la quilla de lo que sería el USS LST 517, un buque de la clase Landing Ship Tank (LST) diseñado por la Marina de los Estados Unidos para la Segunda Guerra Mundial. Este tipo de embarcaciones, conocidas por sus característicos portones en la proa, fueron fundamentales para los desembarcos aliados, ya que permitían transportar y descargar tropas, tanques, vehículos y equipamiento directamente en las playas enemigas.
La construcción del USS LST 517 fue un proceso rápido, típico de la maquinaria industrial estadounidense en tiempos de guerra. En apenas cuatro meses, el barco fue botado el 15 de enero de 1944 y comisionado el 7 de febrero del mismo año, cuando enarboló el pabellón de guerra de la Marina estadounidense. La ceremonia de bautismo estuvo a cargo de Onita Watland Walk, una dama local que, siguiendo la tradición naval, estrelló una botella de champagne contra la cubierta del navío.
El USS LST 517 tuvo una destacada participación en el teatro de operaciones europeo. Una fotografía histórica lo muestra navegando por el río Mississippi en febrero de 1944, rumbo a Nueva Orleans, desde donde cruzó el mar Caribe y el océano Atlántico para unirse a las fuerzas aliadas en Europa y África. Su momento de mayor relevancia ocurrió el 2 de agosto de 1944, durante el desembarco de Normandía, en la playa Utah. Allí, el LST 517 descargó tanques de la Segunda División Armada de la Francia Libre, liderada por el general Charles De Gaulle. Por su actuación en esta operación, el buque recibió una estrella de batalla, un reconocimiento a su valentía y eficacia.
Sin embargo, la vida militar del USS LST 517 fue breve. El 21 de enero de 1945, menos de un año después de su comisionamiento, fue retirado de la flota. En enero de 1946, el mando naval decidió que el barco sería reducido a chatarra, y el 17 de enero de 1947 fue vendido a la firma National Metal & Steel Corp de los Estados Unidos para su desguace.


Un nuevo capítulo
El destino, sin embargo, tenía otros planes para el USS LST 517. En un giro inesperado, la familia Pérez Companc, un grupo empresarial argentino, logró adquirir el buque y otros dos similares a un precio simbólico, gracias a la mediación del cardenal Francis Spellman de Nueva York. Así, el USS LST 517 fue renombrado Santa María del Luján y comenzó una nueva etapa en su vida, esta vez en aguas sudamericanas, al servicio de la incipiente industria petrolera argentina.
Bajo la bandera de la Compañía Naviera y Comercial Pérez Companc, el Santa María del Luján se convirtió en una herramienta clave para el transporte de materiales en el sur de Argentina. En 1948, el buque protagonizó un hito al realizar el primer embarque de carbón desde Río Gallegos, utilizando su rampa de proa para cargar camiones directamente en sus bodegas. Este versátil navío, diseñado originalmente para la guerra, demostró su utilidad en tiempos de paz, transportando todo tipo de cargas pesadas.
En enero de 1960, la compañía Pérez Companc vendió el Santa María del Luján a la Importadora y Exportadora Sociedad Anónima de la Patagonia. Tres años después, en 1963, el barco pasó a manos de la empresa Marifran SA, marcando el inicio de su última etapa operativa.
El fatídico encallamiento
La historia del Santa María del Luján llega a su capítulo final el 21 de julio de 1965, cuando, en medio de una densa niebla y con su radar fuera de servicio, el buque encalló en la restinga entre las playas Brava y El Emir, en Punta del Este. La tripulación, sorprendida por las condiciones adversas, no pudo evitar que el barco quedara atrapado en los bancos de arena. Los habitantes del balneario fueron despertados en la madrugada por los insistentes bocinazos del navío, que anunciaban su desesperada situación.
El Santa María del Luján transportaba un cargamento de madera de pino procedente de Brasil, destinado a Buenos Aires. Durante días, remolcadores intentaron liberar al buque, pero los esfuerzos fueron en vano. La fuerza de los tirones terminó por partir el casco en dos, un daño que, según se especuló en la época, pudo haber sido consecuencia de un golpe sufrido durante el desembarco de Normandía, dos décadas antes. Finalmente, los armadores decidieron abandonar el barco, dejando su destino a la merced del tiempo y el mar. La carga de madera fue adquirida por la firma Cantera Adrados y utilizada en la construcción de decenas de casas en los barrios residenciales de Punta del Este, que en los años sesenta experimentaban un auge inmobiliario. Con el paso de los años, las olas y el viento fueron desmantelando el casco del Santa María del Luján, cuyos restos aún hoy son visibles en la playa, como un testigo silencioso de su rica historia.
Características técnicas del LST
Los buques de la clase LST, como el USS LST 517, eran verdaderas obras de ingeniería naval diseñadas para cumplir misiones específicas. Con un desplazamiento de 1.625 toneladas en lastre y 4.080 toneladas a plena carga, estos barcos medían 100 metros de eslora y 15,25 metros de manga. Su calado variaba según la operación: en lastre, alcanzaba 0,712 metros en proa y 2,287 metros en popa; durante los desembarcos, el calado mínimo era de 1,194 metros en proa y 3 metros en popa. Propulsados por dos motores General Motors de 900 caballos de fuerza, los LST podían alcanzar una velocidad máxima de 12 nudos, aunque su lentitud les valió el apodo de Large Slow Target (blanco lento grande) entre sus tripulantes. Su autonomía, sin embargo, era impresionante: con una carga completa de combustible, podían recorrer hasta 24.000 millas náuticas sin repostar. En términos de armamento, los LST estaban equipados con dos montajes dobles Bofors de 40 mm, cuatro montajes simples de 40 mm y doce de 20 mm, lo que los convertía en plataformas antiaéreas efectivas. Su capacidad de carga era igualmente notable, pudiendo transportar hasta una lancha de desembarco de tanques (LCT), veinte vehículos de todo tipo (incluidos tanques y piezas de artillería) y una dotación de 14 oficiales y 130 soldados, además de su tripulación regular de 9 oficiales y 120 marineros.
Un legado que perdura
El Santa María del Luján, antes USS LST 517, es mucho más que un barco encallado. Su historia conecta los campos de batalla de Normandía con las tranquilas playas de Punta del Este, pasando por los esfuerzos industriales de Argentina en la posguerra. Cada fragmento de su casco, aún visible en la restinga, cuenta una historia de valentía, reconversión y, finalmente, resignación ante las fuerzas de la naturaleza. Al cumplirse este lunes el 60° aniversario de su encallamiento, el Santa María del Luján sigue siendo un recordatorio de cómo los objetos, al igual que las personas, pueden tener vidas múltiples, marcadas por momentos de gloria, trabajo y olvido. Sus restos, erosionados por el tiempo, invitan a los visitantes de Punta del Este a reflexionar sobre el pasado y a imaginar las historias que yacen bajo la superficie del mar.










