
El actual gobierno de Angola lleva adelante en los últimos años una amplia investigación para dar con el paradero, en distintas partes del globo terráqueo, de activos obtenidos por el fallecido ex presidente José Eduardo Dos Santos y algunos integrantes de su familia.
En los últimos tiempos Correo de Punta del Este fue consultado en más de una oportunidad sobre diferentes notas publicadas en las que se informa de la presencia en la zona de la poderosa familia angoleña. El último contacto fue el pasado sábado.
La campaña anticorrupción liderada por el actual presidente João Lourenço se ha enfocado principalmente en países como Portugal, Suiza, Dubái, Reino Unido, Países Bajos y algunos paraísos fiscales como Malta, Mauricio y Hong Kong, donde se han rastreado activos vinculados a la familia Dos Santos, especialmente a Isabel dos Santos y José Filomeno “Zenu” dos Santos.
Si bien no hay evidencia concreta ni ampliamente documentada de que Angola haya identificado o recuperado activos específicos en Uruguay relacionados con el expresidente José Eduardo dos Santos o su familia hasta la fecha actual, 18 de marzo de 2025, existen fuertes indicios que apuntan a la presencia del ex presidente angoleño en nuestro país.
Avión y mansión
La pesquisa angoleña apunta a una mansión ubicada sobre la ladera oeste de Punta Ballena señalada durante años como el lugar de descanso del fallecido ex presidente angoleño en la zona. En cada temporada de verano un Boeing 737-800 configurado en la versión BBJ, acrónimo de Boeing Business Jet, aterrizaba en el aeropuerto internacional “Capitán de corbeta Carlos Curbelo” de Laguna del Sauce.
La citada aeronave estaba destinada al traslado tanto del entonces mandatario angoleño como de los integrantes de su familia. Entre los familiares que gozaron del sol esteño en la mansión de Punta Ballena se encuentra Isabel, su hija, una poderosa empresaria sindicada en su tiempo como una de las mujeres más influyentes del mundo.
Isabel gozó en sus estadas en Punta Ballena de la lectura de la revista Caras de Argentina. Tal impacto le provocó que luego de pagar una fuerte suma a los dueños argentinos de esta editorial se hizo de la licencia para editar “Caras de Angola”.
Sonangol
En el mismo sentido, se encuentra en la línea de investigación del actual gobierno angoleño la participación de la petrolera estatal angoleña Sonangol en el capital accionario de la firma Vidaplan propietaria del complejo iniciado como “Cipriani” primero y luego como “Mantra”. Sobre este punto se trata de determinar cómo el dinero salió de la petrolera y luego de pasar por dos empresas, una de Bahamas y otra de Londres, terminó en La Barra para construir el hotel dirigido entonces por el empresario brasileño Rafael Damico. El hotel luego pasó a manos del empresario italiano Gian Angelo Perrucci. Perrucci, un magnate del sector petrolero, adquirió el complejo hotelero y casino a mediados de 2015, en un momento en que el establecimiento enfrentaba pérdidas significativas, estimadas en alrededor de siete millones de dólares anuales. A pesar de los esfuerzos iniciales por revitalizar el Mantra, el complejo cerró temporalmente en 2016 para ajustar su modelo de negocio, lo que reflejó las dificultades financieras persistentes. Cabe destacar que, aunque Perrucci es señalado como el principal comprador, algunas fuentes sugieren que actuó en conjunto con otros inversores, pero su nombre es el más asociado con la operación. Las vueltas de la vida. En los últimos tiempos trascendió que el empresario italiano Giuseppe Cipriani se había hecho cargo del complejo de Perrugi para emplearlo como soporte de la operativa del enorme complejo que levanta en la manzana 815 de la rambla Lorenzo Batlle Pacheco. Poco después trascendió en la agencia Bloomberg que uno de los penthouses del nuevo complejo fue adquirido por diecisiete millones de dólares. ¿Se trató de un canje? No se sabe. Entre italianos hay mucha discreción. Obviamente que estos dos inversores italianos están fuera del radar angoleño.
Iniciativa
Esta búsqueda de capitales robados a los angoleños fue impulsada por el sucesor de Dos Santos y actual presidente João Lourenço que asumió la presidencia en 2017. Lourenço, quien sucedió a Dos Santos tras 38 años en el poder, lanzó una campaña anticorrupción destinada a recuperar fondos y bienes presuntamente obtenidos de manera ilícita durante el mandato de su predecesor. Esta iniciativa se ha centrado en rastrear y confiscar activos que se cree fueron transferidos al extranjero por Dos Santos, su familia y sus allegados.
Uno de los casos más destacados involucra a Isabel dos Santos, hija del expresidente y considerada en su momento la mujer más rica de África. A través de investigaciones como los “Luanda Leaks” (publicados en enero de 2020), se reveló cómo Isabel habría utilizado su posición en empresas estatales, como la petrolera Sonangol, para desviar millones de dólares a cuentas y sociedades en paraísos fiscales. Las autoridades angoleñas han congelado sus activos en Angola y han colaborado con gobiernos extranjeros para identificar y repatriar fondos. Por ejemplo, en 2020, se informó que Angola recuperó activos por valor de miles de millones de dólares, aunque las cifras exactas varían según las fuentes.
Otro hijo de Dos Santos, José Filomeno “Zenu” dos Santos, también ha sido objetivo. En 2020, fue condenado a cinco años de prisión por fraude relacionado con el desvío de 500 millones de dólares del Fondo Soberano de Angola, un caso que reflejó los esfuerzos del gobierno por abordar la corrupción sistémica. Además, se han incautado propiedades y cuentas bancarias vinculadas a otros aliados cercanos del expresidente en países como Portugal, Suiza y Dubái.
El gobierno angoleño, a través de la Procuraduría General y el Servicio Nacional de Recuperación de Activos, ha intensificado la cooperación internacional para localizar estos bienes. Sin embargo, el proceso enfrenta desafíos legales y diplomáticos, ya que muchos activos están protegidos por estructuras offshore complejas. A pesar de ello, la administración de Lourenço ha presentado estas acciones como un paso clave para sanear la economía del país, que sigue dependiendo en gran medida del petróleo.
José Eduardo dos Santos, quien falleció en julio de 2022 en Barcelona, vivía en el extranjero desde su salida del poder, y su familia ha negado muchas de las acusaciones. No obstante, el esfuerzo por recuperar estos activos continúa siendo una prioridad para Angola, tanto por motivos económicos como políticos, en un contexto de creciente presión para reducir la desigualdad y mejorar la gestión de los recursos públicos.










