La Policía busca a los cuatro asesinos de Néstor “Buñuelo” Correa Balladares

Una fuente cercana al entorno familiar de la víctima, entiende que se trata de asesinos contratados para cobrar una deuda que el “Buñuelo” no honró con algún narco brasileño integrante de una nueva banda que pretende instalarse en la zona

Los policías buscan a los cuatro autores del crimen del conocido delincuente Néstor Correa Balladares alias “El Buñuelo”, ultimado de varios disparos en la madrugada del pasado sábado en su casa del barrio “Rodríguez Barrios” de San Carlos.
El “Buñuelo” fue asesinado de varios disparos en su casa a la que había regresado unos días antes después de cumplir una pena de dos años acordada con la fiscalía. Algo parecido pasó con el asesino de uno de sus hermanos (ver más abajo).
Según la información que los investigadores hicieron trascender por algunos medios periodísticos, cuatro sujetos descendieron de un automóvil color blanco estacionado en la puerta de la casa de la víctima. Los asesinos se hicieron pasar por efectivos policiales al golpear en la puerta de la vivienda. Su intención era la de efectuar un allanamiento en el lugar. Según las mismas versiones, “el Buñuelo” abrió la puerta creyendo que estaba ante un operativo policial. Los sujetos, portando armas cortas y largas redujeron al Buñuelo al que, según una versión, ultimaron de varios disparos mientras estaba tirado en el suelo. Otra versión sostuvo que los cuatro asaltantes recorrieron la vivienda y revisaron algunos lugares antes de asesinar a Correa Balladares.
La Policía y la Fiscalía hicieron trascender que, gracias al sistema de videovigilancia, fue posible identificar al automóvil empleado por los sicarios. Empero, las autoridades no precisaron otros detalles del vehículo salvo su color “blanco”. Esto obliga entrar al terreno de las suposiciones para manejar que si el automóvil fue identificado debería ocurrir lo mismo con su propietario y si el mismo fue detenido. O por si el contrario su propietario lo declaró como si se le hubieran robado, prestado o alquilado a una persona de su conocimiento. Tampoco las autoridades permiten conocer el resultado de las imágenes tomadas por el sistema de videovigilancia tal como ocurre en todas partes del mundo. La libre circulación de esas imágenes permitiría, en una de esas, identificar a los cuatro asesinos o al menos a alguno de ellos. De todas formas, el culto al secretismo que reina en el ámbito estatal se dispara cuando se trata de un hecho delictivo.

Distinto “Modus operandi”
El procedimiento para ultimar al “Buñuelo” no fue el habitual usado en San Carlos para el cobro de cuentas entre delincuentes.
En todos los casos registrados en los últimos tiempos, los asesinatos se registraron en la vía pública o en la entrada de las viviendas. Las víctimas fueron abordadas por sujetos que se desplazaban en algún tipo de vehículo ligero, generalmente motos. El ataque fue, en todos los casos, sorpresivo, intenso, pero de corta duración. En algunos casos con el objetivo conseguido, la muerte, o en algunos casos sin conseguir el mismo.
En este caso, los sicarios se presentaron en la casa, según dicen vistiendo “uniformes policías”. A viva voz se presentaron como policías y anunciaron que llevarían adelante un allanamiento. Algo inusual a la hora de querer liquidar a un oponente.
Una fuente cercana al entorno familiar de la víctima, entiende que se trata de asesinos contratados para cobrar una deuda que el “Buñuelo” no honró con algún narco brasileño. No se trató de un ajuste de cuentas entre narcos locales. La misma fuente asegura que se trataría, además, de una nueva banda que pretende instalarse en la zona y que elimina a un potencial competidor. “O los dos casos”, agregó. De todas formas, el modus operandi deja en claro que se trata de cuatro sujetos, lo que demuestra la existencia de una gran capacidad de organización en cuanto a tener sicarios y armamento.

Seis hermanos
Con el asesinato del “Buñuelo” Correa Balladares son seis los integrantes de esa familia ultimados a tiros. Sobreviven dos hermanas y la madre de la familia. No se descarta que otro hermano esté vivo.
José María Correa Balladares tenía 31 años y era conocido por el apodo del “Pipí”.
El 5 de noviembre de 2008 el “Pipi” fue ultimado de dos escopetazos efectuados por un viejo conocido suyo: Rubén Darío La Luz Ojeda alias “Pochita” entonces de 44 años. El homicidio, como todos los relacionados con esta familia”, fue a poca distancia de la vivienda de la familia Correa Balladares. El incidente ocurrió cuando “Pipí” salió a defender a su hermana que mantenía una fuerte discusión con el “Pochita”. Ocho años más tarde, le llegó el turno al “Pochita”. El 5 de enero de 2017 el conocido delincuente fue interceptado por un sicario quien lo mató de nueve disparos efectuados a corta distancia. Al igual que el “Buñuelo”, este sujeto había recuperado la libertad unos días antes luego de cumplir la pena por ser el autor de la muerte del “Pipí”. La muerte lo encontró en la puerta de su casa gozando de la libertad que había recuperado unos días antes. Este caso nunca fue aclarado. En realidad, el único caso aclarado en todos estos años fue la muerte del “Pipí” en manos del “Pochita”. Los otros no fueron aclarados. Se trata de seis homicidios muy especialmente agravados que nunca fueron aclarados. Ahora solo basta esperar si la muerte del “Buñuelo” será aclarada o si correrá la misma suerte que las otras.

“Pochitas”, “Pipis”, “Buñuelos”
El “Pochita”, por diferencia de edad, fue el referente negativo de los integrantes de la familia Correa Balladares. En un principio, el “Pochita” les mostró el camino a esos muchachos, según contaron vecinos del lugar, del contrabando desde la frontera brasileña. En ese principio el bagayo de champúes, garotos, café, aceites, azúcar, edulcorantes y otras yerbas motorizaron a estos sujetos liderados por “Pochita”.
Con el correr del tiempo, tanto el líder barrial como los hermanos Correa Balladares se dieron cuenta que el palo estaba en otro producto: cocaína, pasta base, marihuana. Los contactos de un lado y otro de la frontera generaron fuertes vínculos con delincuentes brasileños.
Con el correr del tiempo los hermanos fueron creciendo y comenzaron a desafiar al “Pochita”. Esto explicaría la muerte del “Pipí” y no un ocasional entuerto con la hermana de los Correa Balladares. Luego, la muerte se llevó al Pochita. En el medio murieron otros cinco integrantes de la familia Correa Balladares.