No es lo mismo hacer pronósticos con las legislativas argentinas que con las presidenciales de Nicaragua o las regionales de Venezuela. En estas dos dictaduras se sabe de antemano que gana el caballo del comisario. Son una farsa y un agravio a la dignidad democráticas. En Venezuela no son problemas democráticos, como dice el aparentemente seguro presidente del FA. No hay libertad de prensa, se persigue a la oposición, hay presos políticos, hay represión y muertos, no existe un parlamento libre y legítimamente electo, el Poder Judicial no es autónomo ni independiente.
¿Problemitas? No hay democracia, decididamente. Y eso ocurre en este continente, en nuestro continente, con países que integran la OEA y violan decididamente su Carta Democrática. No son los mismos casos que Rusia o China u otros tantos no democráticos, con los que Uruguay comercia como lo hace con Cuba, con Nicaragua y con Venezuela. Relacionarlos con China no tiene sustento. Como tampoco lo tiene comparar Venezuela con Colombia. En este país hay un Congreso y un Poder Judicial autónomos e independientes, hay libertad de prensa, no hay presos políticos. Hay elecciones libres. Hay también grupos ideológicos de derecha y de izquierda y bandas de narcotraficantes organizados para el crimen y contra ellos lucha el gobierno. La prueba está que el Tribunal Internacional de Justicia consideró que en Colombia no hay motivos para iniciar una investigación sobre crímenes de lesa humanidad y en cambio en Venezuela sí.
Volviendo a Argentina si uno se atiene a las principales encuestas -y al propio resultado de las primarias del 12 de setiembre pasado-, el kirchnerismo sufriría una dura derrota.
Mañana (por hoy) los argentinos habrán de decidir una renovación parcial legislativa. Si el oficialismo pierde será un duro golpe y más aún si pierde el control del Parlamento. En este caso, por ejemplo, puede cambiar la suerte de Cristina Fernández de Kirchner en los tribunales judiciales. Sobre ella, hoy vicepresidenta de la Nación y presidenta de la Asamblea General Legislativa y, “la mandamás” y “mujer fuerte” del gobierno, pesan más de un juicio por corrupción, demasiado demorados. La capacidad de presión y de maniobra se le reduciría y es posible que empiecen a aparecer las condenas por tantos esperadas.
Hay siempre una cuota de incertidumbre, empero.
Sobre lo que no hay incertidumbre es en materia económica. Más del 50 % de inflación, un dólar supersónico y un índice de pobreza de casi el 41% . Hay índices de recuperación, pero tras tres años de recesión y una caída del producto en el 2020 del 9,9%. El desempleo es del 9,6 % y el déficit fiscal – el oxígeno electoral- del 8,5% del PBI. Y por delante hacer frente a una deuda de más de 45.000 millones de dólares.
No es fácil y mirado de afuera no parece que el gobierno, que preside Alberto Fernández, aquí considerado por la izquierda un político Clase A, pero allá apodado de “el títere” o ”el testaferro” a nivel de calle, tenga claro cómo se sale. Queda un campo muy limitado para la demagogia y pocos recursos genuinos para hacer populismo.
“Si el kirchnerismo pierde hará locuras, y si gana seguirá con las que ya hace; es difícil evitar el desastre. No se arregla echándole la culpa a la pandemia, al FMI y al gobierno anterior”, me dijo un desesperanzado colega argentino.
En conclusión, lo que está en juego en Argentina este domingo 14 no son solo 151 bancas del Parlamento; son muchas otras cosas más.











