Paro pesquero: setenta y seis días de conflicto impactan la industria

El presidente de la Cámara de la Industria Pesquera del Uruguay califica los reclamos como "desprolijos" y enfatiza que no se trata de un problema real de seguridad o descanso, sino de una medida de fuerza

Foto: Visión Marítima

El sector pesquero uruguayo enfrenta un prolongado conflicto laboral que ha paralizado la actividad por más de 76 días, según detalla el Ing. Juan Riva-Zucchelli, presidente de la Cámara de la Industria Pesquera del Uruguay (CIPU). En una entrevista concedida a Correo de Punta del Este, Riva-Zucchelli reconstruyó los hechos, destacando un convenio colectivo firmado el año pasado por tres años, que regulaba la actividad de manera habitual, como se ha hecho por décadas.
Sin embargo, el 27 y 28 de mayo, el Sindicato Único de Trabajadores del Mar (SUNTMA) impidió la salida de barcos costeros, alegando inicialmente que los marineros no estaban capacitados para realizar “guardias” durante el descanso del patrón. Posteriormente, los reclamos variaron: exigieron un marinero adicional, pese a admitir capacitación. Los barcos costeros, de unos 20 metros, operan con una tripulación estándar: un patrón (capitán), un maquinista, seis marineros y un grumete (aprendiz). Por norma y tradición, los marineros rotan guardias de 1-2 horas cuando el patrón descansa, adaptándose al ritmo irregular del mar. Riva-Zucchelli califica los reclamos como “desprolijos” y enfatiza que no se trata de un problema real de seguridad o descanso, sino de una medida de fuerza. La escalada afectó también a los barcos de altura, más grandes y equipados como factorías flotantes, con dos patrones que se turnan, eliminando la necesidad de guardias marineras. A pesar de no tener el supuesto problema, cinco de estos barcos fueron obligados a regresar tras 5-6 días en alta mar, un hecho inédito en la historia pesquera uruguaya. Esto, según Riva-Zucchelli, demuestra que el conflicto no radica en las guardias, sino en una demostración de poder por parte del sindicato, que controla el 100% de los afiliados y decide quién trabaja.

Bajo presión
El dirigente empresarial critica la falta de libertad en el sector: para embarcar, un marinero debe afiliarse obligatoriamente al sindicato, bajo presión de delegados en los barcos. “Somos libres y en Uruguay hay democracia, pero en este sector no se cumple”, afirma. En respuesta, la CIPU adoptó dos medidas disruptivas como lo son la apertura de contrataciones: Citando a personas con o sin afiliación sindical, siempre que tengan libreta de embarque (habilitación marítima). Esto busca expandir la fuerza laboral, limitada actualmente a unos 650 marineros (250 en costeros, 400 en altura). La pesca está restringida por escasez de personal; con más trabajadores, se podrían incorporar 10 barcos adicionales para otras especies.
La cámara también también adoptó el cese de retención automática de cuotas sindicales. “Cumpliendo la ley, ahora se requiere una solicitud explícita del trabajador (con carta firmada y cédula) para descontar y transferir la cuota. Anteriormente, se hacía por “uso y costumbre”, sin consentimiento, violando normativas”.

Más de seis mil respuestas
La respuesta pública fue abrumadora: más de seis mil personas se inscribieron para trabajar, aunque la mayoría sin libreta. Alrededor de 300 sí poseen habilitación (de pesca, marina mercante o Armada). Riva-Zucchelli ve esto como un paso hacia la despresurización del conflicto, fomentando libertad y reduciendo presiones sindicales. Contrario a acusaciones del PIT-CNT y el sindicato, cree que ayudará a destrabar la situación.
Económicamente, el impacto es severo. En zafra pico (junio-agosto, extendiéndose a mayo-septiembre, unos cuatro meses), un marinero costero gana unos 10.000 pesos líquidos por día, incluyendo salario, incidencias legales (licencia, vacacional) y descuentos. Es remuneración “a la parte”, dependiente de capturas: no garantizada, ya que tormentas o bajas capturas reducen ingresos. Fuera de zafra, en verano o media estación, se gana menos (promedio anual: 4.500-5.000 pesos/día trabajado). Si no hay salidas, no hay salario. Riva-Zucchelli rechaza acusaciones de engaño. “No aseguramos nada; depende de la pesca normal”. El conflicto genera pérdidas millonarias para el país, paralizando capturas y procesamiento. Riva-Zucchelli espera que esta semana haya una resolución, con cordura reinante y primeros barcos saliendo, impulsados por el interés masivo en empleos. “La pesca necesita libertad para desarrollarse”, concluye, urgiendo un fin al impasse que afecta a trabajadores, empresas y la economía nacional.