“¿Se compraría un auto ruso?”, por Danilo Arbilla

Usted, se compraría un automóvil ruso?
Respondamos con sinceridad. Sin prejuicios ni militancia: si fuera a comprarse el autito de sus sueños, en el que va a invertir sus ahorros, ¿optaría por un auto ruso?. No es que le vaya la vida y la salud – si fuera tan serio seguro que militancia y simpatías pasarían a segundo plano (es como cuando se emigra, nadie se va a Rusia, más bien se buscan países capitalistas). Pero importan temas como repuestos, valor de reventa y ciertas comodidades y seguridades extras y de terminación y de excelencia y control de calidad para cumplir con las exigencias del mercado (esta palabra tan fea).
Si no hubiera otra opción, seguramente se abrazaría a esa posibilidad y depositaría toda su confianza, y la salud y la vida incluso.
Pero si pudiera optar por un auto ruso o uno estadounidense o inglés o alemán o con todo ese abanico de chances, ¿se compraría un auto ruso?. Doy por descontado que si igual opta por ello no lo hará así nomás, de apuro, de buenas a primera, sin tener fundamentos firmes (en definitiva, uno no es un Alberto Fernández cualquiera).
Si se tienen varias posibilidades es de cajón que conviene no apurarse y estudiar todo lo que ofrece el mercado (¡uf!), el nivel de calidades, la experiencia y trayectoria y por supuesto también lo que uno tiene en su bolsillo. Aunque sean todos los ahorros hay quienes tienen más y pueden manejarse mejor. Es cuestión de ubicarse.
Pero, como lo que está en juego es mucho, parece aconsejable recurrir a la asesoría de un experto, de un conocedor, de alguien con probados antecedentes en la materia para confiarle la gestión. Así como uno confía en los dirigentes políticos para que le administren la tajada de fondos con la que uno contribuye (no se sabe con qué retorno ni para qué, aparte de solventar el bien pasar de los funcionarios públicos), es oportuno encomendarle la tarea a algún entendido. Lo inteligente es encargárselo a un “entendido en serio”, porque hay mucho improvisado, oportunistas, vendedores de espejitos y esperanzas, que después que a uno lo “agarran del lado del cuchillo”, es difícil quitárselos de encima (aplican la doctrina).
Por ejemplo, puesto que se trata de quizás su mayor inversión y pretende que su dinero se administre y se gaste con seriedad, prudencia y sin sueños de grandeza – o “berretin de zorzal” como diría el Mago-, a quien le daría su platita ¿a Carolina Cosse o a Azucena Arbeleche?
Y en caso de que haya alguna negociación de por medio ¿a quién se la confiaría: a Álvaro Delgado o a Javier Miranda?
Yendo más arriba y tratándose del manejo de dineros suyos pero ajenos para el otro, a quien se los entregaría con mayor tranquilidad: ¿a Luis Lacalle Pou o a José Mujica Cordano?
¿A quién le tendría más confianza, al “Cuquito” o al “Pepe”?
Una última, y ya más referida específicamente a este tema de la pandemia y la vacuna que nos atañe a todos y nos tiene tan ansiosos e inquietos.
En las actuales circunstancias y dado lo que todos sabemos, ¿Usted quitaría a Daniel Salinas del Ministerio de Salud Pública para poner a Daniel Olesker?
Con una mano en el corazón: ¿cambiaria a Salinas por Olesker?
¿Verdad que no?