
El pasado jueves 4 de diciembre se cumplieron 178 años de uno de los episodios políticos más graves de la historia de Maldonado: la detención del brigadier general Don Fructuoso Rivera, primer presidente constitucional y fundador del Partido Colorado. Detención ocurrida el 4 de diciembre de 1847 en el corazón de la ciudad fernandina. En medio de la Guerra Grande (1839-1851), Rivera había llegado semanas antes a Maldonado con la intención de negociar personalmente con su antiguo rival, el presidente Manuel Oribe, un acuerdo que pusiera fin al prolongado conflicto. Instalado en la casa del comerciante Francisco Aguilar —hoy esquina céntrica de Sarandí y 25 de Mayo—, el caudillo colorado diseñó una propuesta de ocho puntos que incluía el cese inmediato de hostilidades, convocatoria a elecciones y respeto al patrimonio confiscado durante la contienda.
La iniciativa, que inicialmente pareció contar con cierta aceptación en Montevideo, terminó siendo vista como traición por los líderes del Gobierno de la Defensa. En respuesta, se decretó el destierro de Rivera hasta el fin de la guerra. Para ejecutar la orden, los coroneles Francisco Tajes y Lorenzo Batlle —futuro presidente y bisabuelo de José Batlle y Ordóñez— llegaron a Maldonado al mando de una fuerza considerable.
Hacia Río de Janeiro
Según la tradición oral fernandina, la tropa riverista recibió a balazos a los enviados del gobierno, aunque el incidente fue rápidamente superado. Rivera fue arrestado en la misma casa donde se alojaba y, sin dilación, embarcado en un buque de pabellón francés rumbo al exilio en Río de Janeiro. Allí permaneció confinado en una residencia de la capital carioca, con expresa prohibición de abandonarla.
El conflicto terminó cuatro años después, en 1851, gracias a la intervención de Justo José de Urquiza y el pacto de “ni vencedores ni vencidos”. Sin embargo, el presidente Juan Francisco Giró mantuvo la prohibición de regreso para Rivera. Solo el golpe militar de Venancio Flores en 1853 permitió designar un triunvirato integrado por Lavalleja, Rivera y el propio Flores. Ninguno de los dos próceres llegó a ejercer: Lavalleja falleció meses después y Rivera murió el 13 de enero de 1854 en el humilde rancho de su compadre Bartolo Silva, en Cerro Largo. De los protagonistas de aquel 4 de diciembre en Maldonado, el coronel Tajes sería fusilado en la tristemente célebre Hecatombe de Quinteros (1858), mientras Lorenzo Batlle alcanzaría la presidencia (1868-1872) e iniciaría la dinastía política que marcó la historia uruguaya del siglo XX.











