
En una intensa puja que atrajo a entusiastas del motociclismo, la legendaria Suzuki Hayabusa GSX-R de 1300 cc modelo 2016 fue rematada este lunes por la tarde frente al Juzgado Letrado de 8° Turno de Maldonado. El rematador Gabriel Etcheverry lideró el evento, donde la superbike, símbolo de velocidad extrema y diseño aerodinámico, se adjudicó por 19.100 dólares, un precio que refleja su atractivo pese a no alcanzar el valor de mercado de una unidad nueva, estimado en 34.900 dólares. Al monto del remate debe agregarse la comisión más IVA del 12.2 por ciento. Lanzada en 1999, la Hayabusa ha revolucionado el mundo de las superbikes con su motor de cuatro cilindros en línea, capaz de superar los 300 km/h gracias a tecnología de vanguardia. Representa el pináculo de la ingeniería japonesa, evocando adrenalina y récords de velocidad. Su silueta agresiva y potencia han convertido a este modelo en un objeto de deseo para pilotos deportivos, aunque en subastas como esta, el precio final depende del estado del vehículo y la demanda.
El remate, realizado a las puertas del juzgado, comenzó con una descripción entusiasta por parte de Etcheverry. “Esta, todos saben lo que es, me imagino. Una moto espectacular, clásica, con una velocidad increíble. El estado lo pueden apreciar”, exclamó el rematador, invitando a los presentes a examinar la máquina. La puja arrancó con ofertas tentativas: “¿Cuánto vale? ¿Vale ocho? ¿Vale nueve mil dólares? ¿Vale diez mil dólares?”. Rápidamente escaló desde 300 dólares iniciales a 5.000, impulsada por postores ansiosos.
Ofertas
La emoción creció con incrementos veloces. “Ocho mil. Nueve. Diez mil. Once. Once mil dólares”, narraba Etcheverry, mientras las manos se alzaban. Alcanzó los 13.000 dólares “al lado de ti”, y prosiguió a 14.000, 15.000 y 15.100. Un salto audaz llevó a 16.000, luego 16.100 y 16.200. “Vamos a hacerlo rápido”, apuró el rematador ante la tensión. Diecisiete mil dólares marcaron un nuevo hito, seguido de 17.100, 17.500 y 17.600. La puja se intensificó: 18.000, 18.100, 18.500, hasta un vertiginoso 19.100. “Diecinueve mil cien, aquí. Fuerte. Gracias”, reconoció Etcheverry ante la oferta ganadora. Tras una pausa dramática –”Diecinueve mil cien a la una… a las dos”–, el martillo virtual cayó: “Vendido aquí, diecinueve mil cien dólares. Muchas gracias, chicos”. El comprador, anónimo entre la multitud, se llevó un ícono del asfalto por unos cuantos dólares menos.











