
El fuerte temporal de sureste que azota desde hace días las costas de Maldonado impide la salida al mar de las lanchas de pesca artesanal que abastecen de pescado fresco a los restaurantes de Punta del Este. A esta interrupción se suma una situación preocupante: la brótola, el pez emblemático de la gastronomía esteña, desapareció de las capturas desde el 27 de diciembre pasado.
Los pescadores artesanales describen un panorama desolador. “Desde el 27 de diciembre no aparece ni una brótola. No hay nada. Es un desastre”, relató uno de ellos mientras esperaba que mejoraran las condiciones para salir a calar sus cuatro palangres.
En las últimas salidas, las embarcaciones regresaron con apenas tres o cuatro cajas de corvinas, un volumen insuficiente para cubrir los costos operativos. “Cada vez que salís tenés no menos de dieciséis mil pesos de gastos”, explicó un trabajador.
Cada lancha utiliza cuatro palangres, con alrededor de cien anzuelos encarnados cada uno, pero los resultados siguen siendo muy magros.
Un pampero que limpie
El temporal del sureste no solo paralizó la actividad, sino que tampoco contribuye al regreso de las especies. “Este temporal del sureste no sirve para nada. Necesitamos un pampero –viento del suroeste– que limpie todo o un viento desde el este”, detalló uno de los pescadores.
La principal causa de la escasez es el aumento de la temperatura del agua, que se mantiene por encima del promedio para la época. La brótola, especie que prefiere aguas más frías, migró hacia otras zonas, lo que también afectó la captura de corvinas y otros peces costeros.
Como consecuencia, estos días el pescado que llega a los platos de Punta del Este es mayoritariamente congelado o importado, y no fresco como se acostumbra en temporada alta.
El hecho revive antiguas controversias: hace algunos años, un conocido chef denunció que varios restaurantes de la zona ofrecían pangasius vietnamita –un pescado importado de menor calidad– como si fuera brótola, para no interrumpir la oferta en los menús.
La crisis golpea de lleno a los pescadores artesanales y, de manera indirecta, al sector gastronómico, que depende del producto local para diferenciarse y atraer turistas. Los pescadores advirtieron que, sin un cambio climático favorable, la situación se prolongará y pondrá en riesgo la sostenibilidad de esta tradición artesanal tan ligada a la identidad de la zona.











