“Un desinterés manifiesto”, por Luis Eduardo Pereira

Socializando como acostumbramos a interactuar en consideraciones -en el caso que les comento, con una periodista conocida desde hace muchos años-, me manifestaba hace unos días de su extrañeza ante el desinterés de la gente sobre determinados tópicos, fundamentalmente cuando sube las notas políticas a la web y procede a comparar y analizar segmentos de quiénes y cuántos las leen, y culmina advirtiendo con estupor la falta de interés, desconociendo las motivaciones de sus seguidores.
Como se trata de una persona seria, responsable, muy analítica y totalmente independiente, me asocié rápidamente a su meditación.
Naturalmente que con la confianza que nos prodigamos, le expuse mis puntos de vista ¨a corazón abierto¨; como debe ser con quien nos tenemos tanto aprecio y respeto recíproco.
A la sazón, en la jugosa charla no estuvieron ausentes las singularidad de los titubeos y el juego a las escondidas -para mi gusto demasiados prolongados en el tiempo-, que ha ofrecido reiteradamente el presidenciable profesor Orsi, sin perjuicio de lo macanudo que pueda ser para algunos.
El meollo de la conversación a la que deseo referirme -nobleza obliga que por una cuestión de deferencia personal y ética, no identifique a mi interlocutora-, el tema estribó en razonamientos a lo que no estamos acostumbrados en esta fase de una campaña electoral.
Ciertamente que, aunque hace tiempo que lo vengo rumiando, tengo el presentimiento de algo que honestamente desearía hacer votos para que fuese así. Y es justamente que la gente no se queja ni se expresa con vehemencia cuando está razonablemente conforme.
En efecto; ante todo considero que la gente de una población -cualquiera sea-, o de un determinado país, no es que sea desaprensiva y no le preocupen las cosas que ocurren a su alrededor, o incluso las que atañen a su futuro y el de los suyos, cuando calla.
Y esto es lo que -definitivamente presumo-, está aconteciendo en todo nuestro territorio nacional actualmente.
El asunto es que, cuando hay opinión formada y generalizada de que todo transcurre mesuradamente de acuerdo a lo esperado, y sin grandes sobresaltos extemporáneos que pongan en peligro la rutina y el bienestar de sus vidas, todos somos parecidos en las formas de reaccionar, y en todo caso nos animamos a inferir que si nada nos lastima, ¨más vale dejar las cosas quietas¨ a la hora de tomar decisiones sensibles; que todo siga por el camino que se viene transitando, y ¨Santas Pascuas¨.
Esto es así, desde el fondo de la historia, pasando por el Mundial de Brasil 1950, en la final del Maracaná, cuando en el ¨2-1¨, Ghiggia le señaló a Miguez ¨dejala ahí, que ahí está bien¨, hasta nuestros días, cuando el comportamiento del ¨no cambio¨ empezó a hacer carne entre los votantes habilitados.
Para mi forma de ver, esto es lo que está sucediendo hoy día entre nosotros.
Hasta podría tratarse de ¨la conformidad silenciosa¨ que las encuestas encuadran con el rótulo de ¨indecisos¨. De ahí que piense asímismo que a la hora que los pueblos se enfrentan a alternativas cruciales, ¨no hay indecisos que te valgan¨.
Si durante la actual Administración se creció más que durante los 5 años anteriores de Gobierno Frenteamplista, creció el empleo, hay mayor masa salarial y menor inflación, ¿cómo la mayoría de la civilidad va a estar pensando en salir a la calle a manifestarse y abundar en rechazos sobre la conducción Gobernante?.
Sencillamente, esos son datos objetivos de la realidad. Algo que ni el PIT-CNT puede discutir, por más que se empeñen en su acotada y propia campaña.
¿O acaso la falta de credibilidad y predicamento que parecería hoy tienen el PIT-CNT y los sindicatos frente a la ciudadanía, no proviene entre otras cosas por el alto índice de aprobación con que cuenta hoy, tanto Lacalle Pou y su equipo de gobierno, como aquí en Maldonado el Intendente Antía y el suyo?. Porque si los índices de aquí, cuando baja el desempleo, nos dicen y demuestran que además, la población económicamente activa quiere trabajar, es indubitablemente gracias a todo eso que venimos de decir.
¿Por qué, sino, la paupérrima concurrencia del 16 de octubre próximo pasado ante la convocatoria de la central sindical frente a la Intendencia de Maldonado, anunciada con estridentes cohetes y popu música que a nadie pareciera le interesaba oír?.
Bueno, todos son al menos claros indicios de que la cosa no está tan mal, como habían presagiado los difamadores de siempre, que aún sustentan el ¨cuando peor mejor¨… Aunque ahora empiecen -perdidos por perdidos-, a intentar usar oprobiosos artilugios, como la organización palestina de Hamás a utilizar niños -aquí a los estudiantes liceales-, para justificar su disminuida presencia. Ellos a su manera, mandatan y hacen ocupar liceos organizadamente en todo el país.
¿Y eso qué es si no querer desestabilizar un País en marcha, serio, que funciona bien y mejor después de una reforma en la educación, orientado como siempre se dijo a favorecer a los estudiantes, como nadie antes nunca hizo?.
El civismo nacional todo sabe claramente cómo -con cuánto esfuerzo y compromiso-, el País salió adelante contra viento y marea, a pesar del Covid-19, de la crisis hídrica, de la desfavorable situación cambiaria, de la guerra de Ucrania, y de toda adversidad que debió enfrentar. ¿Por qué? Bueno, porque ha tenido un Gobierno comprometido y compacto que sabe cómo pararse en la cancha para cuidar a los gobernados.
El Uruguay sigue adelante, sí o sí, en ¨libertad responsable¨, como acostumbra siempre.
Personalmente estimo -y así lo adelanté al comienzo que sería mi óptica de lo que tengo ahora plena convicción-, es que ese ¨no decir¨ y falsa apatía encierran toda una forma muy sugestiva de manifestarse que ha encontrado la ¨sociedad organizada¨ en estos tiempos. De tal forma, que nos inducen a pensar al final, ¿cómo puede entenderse que en medio de una campaña electoral las formas de expresar expectativas y pareceres de la población mayoritariamente sean tan insignificantes y cautelosos, en todo el País?
Si el País está bien rumbeado, en general todo está bien para los más, aunque falten cosas -cuando no- para mejorar, ¿de qué preocuparse al santo botón de armar escombros inconducentes?
Por supuesto que no suelo dar vaticinios, ni guiarme por pálpitos temerarios -menos infundados-, pero abrigo la esperanza -confiando como siempre acostumbro en la inteligencia de mis compatriotas-, en que sabrán estar a la altura de las circunstancias a la hora de definir su voto.
Así será que pueda presentarme nuevamente ante mi querida amiga, para demostrarle que tenía un poco de razón en nuestro animado encuentro anterior; queda claro entonces que la efervescencia de la elección del año 2019 se justificaba en la urgente necesidad de un cambio en los destinos de nuestro País. Hoy felizmente esa necesidad no es la que visualizan los uruguayos.
En situaciones límites, casi siempre los silencios y las palabras sin nacer, pueden conseguir un significado más fuerte e ilustrativo, que el resultado de gritos desaforados.
Este es su turno.

Luis Eduardo Pereira
Presidente de la Comisión Departamental del Partido Nacional.