El incidente ocurrido el domingo 3 de agosto en la boya petrolera de José Ignacio ha provocado la paralización de las operaciones en la terminal, generando pérdidas significativas para ANCAP. Según fuentes consultadas por la emisora local FM GENTE, la detención de las actividades, sumada a la inactividad del tanquero Eagle San Francisco, le cuesta a la empresa estatal un mínimo de 80 mil dólares diarios, sin contar costos operativos adicionales como horas extras o estudios técnicos realizados para evaluar la situación.
Este miércoles, la empresa estatal informó, a través de su cuenta de X, que “las condiciones climáticas permitieron a los técnicos retomar los trabajos de inspección en la boya, luego de que el domingo se interrumpiera la descarga de crudo tras constatarse una pequeña pérdida de producto durante las maniobras de verificación, previas al bombeo. Mientras tanto, el buque petrolero fue desamarrado y aguarda que concluyan los trabajos en zona segura. El bombeo se retomará una vez solucionada la situación”.
Suspensión
El incidente se desencadenó por una fuga de crudo detectada en el buque de bandera maltesa Eagle San Francisco, que había llegado desde Texas para descargar petróleo con destino a la refinería de ANCAP. La operación fue suspendida de inmediato tras el vertido, y hasta el momento el buque permanece en el lugar sin poder continuar con su itinerario previsto. A pesar de que las autoridades descartan riesgos ambientales significativos, la actividad en la boya no se ha reanudado. Alejandro Nario, director de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio de Ambiente, calificó el incidente como “menor” y destacó que el sistema de detección instalado permitió contener la fuga a tiempo. Por su parte, desde la Prefectura del Puerto de Punta del Este, Sebastián Sorribas explicó el protocolo aplicado: “Cuando se detecta una fuga, se activa una empresa de control de contaminación y se exige que la operación se detenga hasta que el problema sea resuelto”. Sorribas aclaró que los buques de control no pertenecen a la Armada, sino que son contratados por ANCAP, mientras que personal de la Prefectura supervisa que las operaciones se realicen conforme a las normativas. El impacto económico de esta paralización es considerable. Además de los 80 mil dólares diarios estimados por la inactividad del tanquero, ANCAP enfrenta costos adicionales relacionados con la gestión del incidente, como la contratación de empresas especializadas en control de contaminación y los estudios técnicos necesarios para garantizar la seguridad antes de reanudar las operaciones. Aunque las autoridades aseguran que el vertido no representa un peligro ambiental, la demora en retomar las actividades en la boya petrolera de José Ignacio pone en evidencia los desafíos logísticos y económicos que enfrenta ANCAP ante este tipo de imprevistos. La situación sigue en desarrollo, y se espera que las operaciones se reanuden una vez que se complete las medidas desplegadas para eliminar el vertido.
El buque
El Eagle San Francisco, implicado en la fuga de crudo en la boya petrolera de José Ignacio, es un petrolero de bandera maltesa construido en 2018. Registrado con el número IMO 9795127 y MMSI 248669000, este moderno buque transporta petróleo crudo, como el que descargaba para la refinería de ANCAP. Equipado con sistemas avanzados de detección de fugas, permitió contener el vertido menor del 3 de agosto. Aunque no se detallan su tonelaje o dimensiones, su diseño reciente asegura tecnología para operaciones seguras de transporte marítimo de crudo.











