
Este viernes 13 de marzo de 2026 se cumplen 27 años de un episodio singular en la historia aeronáutica y diplomática del departamento de Maldonado: la visita del entonces Príncipe de Gales, hoy Rey Carlos III de Inglaterra. Este acontecimiento, que combinó aviación de alto nivel, protocolo real y tensiones geopolíticas, tuvo como epicentro el Aeropuerto Internacional Capitán de Corbeta Carlos A. Curbelo en Laguna del Sauce.
Basado en una columna del Controlador de Tránsito Aéreo (CTA) Yamandú Verdún, quien participó directamente en la operación, revivimos este momento que puso a Uruguay en el mapa de la diplomacia británica.
El 13 de marzo de 1999, un imponente Boeing 777-300 de British Airways aterrizó en Laguna del Sauce a las 12:03 horas locales, procedente del Aeropuerto Internacional de Carrasco. No era un vuelo común: transportaba al heredero al trono británico, quien llegaba para una agenda oficial en Uruguay como parte de una gira por América del Sur. El aeropuerto, diseñado en ese entonces principalmente para aviones de fuselaje estrecho, enfrentó un desafío logístico con este gigante de casi 74 metros de longitud y más de 60 metros de envergadura.

Saludos, obsequios y una conservadora con sangre
Tras el aterrizaje en la pista 08, recientemente inaugurada, el avión rodó por calles de rodaje específicas y se estacionó fuera de las posiciones habituales, paralelo al terminal, con la proa hacia el oeste.
Verdún, desde la Torre de Control, recuerda detalles vívidos de esa jornada. Los pilotos británicos subieron a saludar al equipo uruguayo, obsequiando una remera conmemorativa con el logo de British Airways y el diseño “World Tails”, correspondiente al avión matrícula G-RAES. La ilustración representaba “Emmly Masanabo – Southern Africa”, parte de una serie cultural que decoraba las colas de la flota entre 1997 y 2001. Como gesto excepcional, solo tres personas accedieron al interior del avión: el Gerente General Gabriel Gurméndez, el Oficial de Operaciones José Cigliuti y el propio Verdún.
Dentro de la cabina, Verdún quedó impresionado por la tecnología puntera de 1999, como el VHF Data Link, precursor del actual CPLDC (Controller Pilot Data Link Communications), que permitía comunicaciones digitales entre aviones y estaciones terrestres.
Un detalle intrigante fue el asiento del Príncipe: allí quedó olvidado el libro que leía durante el vuelo (cuyo título se perdió en la memoria del tiempo). Más notable aún, una conservadora con sangre del propio Carlos III viajaba a bordo como precaución médica, un protocolo estándar para la realeza británica en giras oficiales.
Helicópteros y aviones de patrulla
El motivo principal de la visita a Maldonado era militar y simbólico. El Príncipe inspeccionó la Base Aeronaval N.º 2, donde la Aviación Naval había incorporado recientemente cinco helicópteros Westland Wessex HC-MK II, cedidos por la Royal Navy a un precio simbólico. Estos aparatos, retirados del servicio británico en 1998, eran robustos y versátiles: con motores Rolls-Royce Gnome, velocidad máxima de 212 km/h, autonomía de 772 km y capacidad para hasta 18 tropas o 8 camillas. Eran ideales para transporte, apoyo logístico, operaciones aeronavales y búsqueda y rescate. Carlos III, quien durante su servicio en la Royal Navy pilotó Wessex en unidades embarcadas, mostró un interés personal en estas aeronaves, agregando un toque simbólico a la cooperación bilateral. Además, pasó revista a dos aviones de patrulla marítima Jetstream MK II, incorporados el 30 de enero de 1999 y matriculados como ARMADA 875 y 876. Estos turbohélices, fabricados por Scottish Aviation, con velocidad de crucero de 546 km/h y autonomía de 3 horas, se usaban para patrulla marítima, control de aguas, adiestramiento y emergencias.
El Príncipe saludó a las tripulaciones que los trajeron desde la Estación Aeronaval de Culdrose (Reino Unido), con escala en la Base Aérea de Gando (España), marcando oficialmente su integración.
Recuerdos
La partida fue el momento más delicado. El vuelo se dirigía a las Islas Malvinas, territorio administrado por el Reino Unido pero reclamado por Argentina desde 1833. Para evitar tensiones, la Fuerza Aérea Argentina no aprobaba planes que sobrevolaran su espacio aéreo. Así, el Boeing 777 despegó por la pista 08, viró a la derecha inmediatamente y navegó por coordenadas oceánicas fuera de aerovías habituales, directo a la RAF Mount Pleasant.
Verdún conserva algunas reliquias de ese día como una credencial de seguridad para la “Visit of HRH Charles Prince of Wales”, la remera de British Airways y entradas en el libro de guardia de la torre, compartida con su compañero Rubén Daniel Ubal.
En palabras de Verdún, fue “un pequeño capítulo de la historia de la aviación del Atlántico Sur”, donde diplomacia, cooperación militar y aviación se entrelazaron.
(Fuente: Memorias de Yamandú Verdún, CTA en Laguna del Sauce. Nota original: “Un Boeing 777 rumbo a las Malvinas”)











