
Un fallo dictado el pasado 16 de junio por el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N.° 76 de Buenos Aires puso nuevamente en el centro de la escena a Harry Recanati, el banquero y coleccionista de arte, fundador del Discount Bank de Uruguay y de la red de Museos Ralli, entre ellos el que funciona en el barrio Beverly Hills de Punta del Este.
La sentencia, que trascendió esta semana a través de un informe del periodista Diego Fraga publicado en el medio argentino El Economista, declaró inoponible —a los solos efectos de regular honorarios profesionales— a la fundación panameña de interés privado que administraba buena parte de su fortuna.
El expediente, caratulado “Fideicomiso HR c/ Fundación Harry Recanati y otro s/ acción declarativa (art. 322 Cód. Procesal)” y registrado bajo el número 19.675/2017, tuvo un origen modesto: un abogado que había representado a la cónyuge de Recanati en un proceso de insania reclamaba el cobro de honorarios que quedaron pendientes hasta tanto se determinara con precisión el patrimonio del banquero. Esos derechos de cobro fueron cedidos a un fideicomiso, cuyo fiduciario terminó demandando tanto a la sucesión como a la fundación panameña, con el objetivo de que los bienes en poder de esta última se computaran como parte del patrimonio del causante a los fines de calcular esos honorarios.
La fundación
Recanati, fallecido en 2011 a los 92 años, había transferido una porción sustancial de sus bienes a esa fundación, pero conservaba sobre ella facultades muy amplias: podía modificarla, reformarla o disolverla por su sola voluntad, era beneficiario junto a su familia, y tenía la potestad de designar y remover a los integrantes del consejo y decidir las inversiones. Según reconstruye la sentencia, cuando el banquero sufrió un ACV la estructura quedó sin capacidad real de conducción propia, lo que expuso la falta de una gobernanza autónoma detrás de un entramado que llegó a sostener cinco museos de arte latinoamericano en cuatro países: Uruguay, Chile, España e Israel.
El juez no cuestionó la validez de la fundación conforme a la ley panameña ni anuló las donaciones que dieron origen a los museos, sino que resolvió algo más específico: al advertir que Recanati nunca se había desprendido efectivamente del control sobre los bienes, aplicó por analogía criterios propios del derecho tributario argentino —vinculados a la revocabilidad y al desapoderamiento real de las estructuras del exterior— para incorporar ese patrimonio a la base regulatoria del litigio de honorarios.
Aunque el fallo es de primera instancia y su efecto quedó circunscripto a esa cuestión puntual, especialistas consultados por El Economista advirtieron que su razonamiento podría proyectarse hacia otros terrenos: la reconstrucción de una masa sucesoria, la división de bienes en un divorcio o los reclamos de acreedores frente a estructuras patrimoniales que, más allá del nombre que lleven, sigan respondiendo en los hechos a la voluntad de una sola persona.
El museo de Punta del Este: la primera piedra de la red Ralli
El Museo Ralli de Punta del Este fue el primero de la red internacional, inaugurado el 8 de enero de 1988 en el corazón del barrio Beverly Hills, sobre la calle Los Arrayanes. Su éxito y su filosofía sentaron las bases para la posterior expansión de la Fundación a Santiago de Chile (1992), Cesarea, Israel (1993 y 2007) y Marbella, España (2000).
El edificio, proyectado especialmente para funcionar como museo por los arquitectos Marita Casciani y Manuel Quinteiro, ocupa más de 6.000 metros cuadrados y combina amplias salas de exposición con patios interiores donde se despliegan esculturas en bronce y mármol, integrando la arquitectura con el parque arbolado que rodea la propiedad. Alberga una de las colecciones de arte latinoamericano contemporáneo más importantes del mundo, con obras de Fernando Botero, Julio Le Parc y Armando Amaya, entre otros, además de un núcleo de piezas de Salvador Dalí que es único en el país. Como el resto de la red, funciona como institución privada sin fines de lucro, no acepta donaciones ni subsidios públicos o privados, no realiza actividad comercial y su entrada es completamente gratuita.
El fallo conocido esta semana en Buenos Aires no afecta directamente al museo puntaesteño ni a su funcionamiento, pero vuelve a poner el foco sobre la estructura patrimonial que Recanati diseñó para sostener, entre otros bienes, la propiedad y el financiamiento de este espacio cultural que desde hace casi cuatro décadas es uno de los atractivos distintivos de Punta del Este.











