“Al descubierto la poca efectividad de las vacunas chinas”, por Luis Zúñiga*

El Director del Centro para el Control de Enfermedades y su Prevención de China, Gao Fu, reconoció que las vacunas fabricadas en su país tienen una pobre efectividad.
Como evidencia de ese reconocimiento, están los casos recientes del Obispo de Santiago de Chile, Celestino Aos, y del Obispo Auxiliar de la misma arquidiócesis, Alberto Lorenzelli, que contrajeron el coronavirus una semana después de recibir las dos dosis de la vacuna fabricada por los laboratorios Sinovac de China. Ambos eclesiásticos tuvieron que ser internados de emergencia en el Hospital Clínico de la Universidad Católica de Santiago.
La declaración de Gao Fu tuvo lugar en una conferencia de prensa en la ciudad de Chengdu, el sábado pasado, y publicada, posteriormente, en el medio digital del gobierno “The Paper”. Gao indicó que sus expertos están considerando mezclar las diferentes vacunas como una vía para mejorar su eficiencia. Varios países han referido diversas complicaciones en los vacunados.

En China se conocen 3 vacunas fabricadas por los laboratorios Sinovac, Sinopharm y CanSino. Poco más de 161 millones de personas han recibido en China esas vacunas y varios países las han importado y usado, entre ellos: Chile, Brasil, Perú, Indonesia, Turquía, Azerbaiján, Serbia, Hungría, Zimbabwe, Egipto, Marruecos, Emiratos Arabes Unidos, Filipinas y Hong Kong.

Los 3 laboratorios chinos alegaron que podían producir 2,600 millones de vacunas este año. El régimen de Xi Jinping había prometido 500 millones de vacunas a unos 45 países, según un conteo realizado por la agencia de prensa Associated Press (AP). Hasta el momento, más de 9 millones de personas en el mundo se han puesto las vacunas chinas. Técnicamente, las 3 vacunas chinas que han sido aprobadas “condicionalmente” para el mercado, usan una tecnología “tradicional” que se basa en un cultivo del virus que luego es desactivado. Esa técnica requiere de mucho tiempo.

Los grandes laboratorios occidentales, como Pfizer, Moderna y BioNTech están usando una tecnología más moderna conocida como mRNA o Messenger RNA. La tecnología se basa en que los virus contienen un núcleo de genes hechos de DNA o RNA que está envuelto en una capa de proteínas. El concepto desarrollado por los científicos occidentales fue que si se inyectaba mRNA en el torrente sanguíneo para que fuera “comido” por las células del sistema inmunológico, entonces esas células comenzarían a fabricar esa proteína. De esa forma, “educarían” al sistema inmunológico.

Por supuesto que los científicos tuvieron que resolver numerosos escollos, entre ellos: modificar el mRNA para que no produjera reacciones violentas del sistema inmunológico, tuvieron que descubrir cómo estimular que las células del sistema inmunológico se “comieran” las mRNA que estaban en la sangre, tuvieron que aprender como inducir esas células a crear grandes cantidades de esa proteína crítica y, finalmente, aprendieron cómo encerrar el mRNA dentro de cápsulas microscópicamente pequeñas para protegerlas de ser destruídas por los químicos que también están en la sangre.
Los científicos descubrieron que, comparado con el sistema antiguo de fabricación de vacunas, las nuevas vacunas mRNA generan un tipo de inmunidad mucho más fuerte porque estimulan el sistema inmunológico para fabricar anticuerpos y a la vez, crear células “asesinas” en el sistema inmunológico. Una doble acción contra el virus. Esta trascendental tecnología científica les ha permitido a las compañías fabricantes, Pfizer, BioNTech y Moderna, construir “plataformas” que, teóricamente, pueden ser usadas para crear una vacuna contra cualquier enfermedad infecciosa mediante la “simple” inserción de la apropiada secuencia de mRNA para esa enfermedad. La tecnología mRNA es nueva pero, no desconocida. Ha estado siendo estudiada desde hace más de una década.

Ninguna de las vacunas chinas usa la tecnología mRNA. Actualmente los científicos chinos están desarrollando un “candidato” a vacuna con esa tecnología, al que llaman ARCoV, que está en fase de pruebas clínicas. Sin embargo, el régimen chino no ha publicado ningún resultado.

La industria farmacéutica china se ha creado una imagen de desconfianza producto de escándalos sucesivos. En el 2018, se descubrió que los mayores fabricantes de vacunas habían falsificado los datos para vender sus vacunas contra la rabia. Ese mismo año, se supo que una compañía subsidiaria de Sinopharm, que es una de las que está fabricando vacunas contra el coronavirus ahora, había producido vacunas contra la difteria por debajo de la calidad requerida, para usarlas en vacunaciones obligatorias en China.
La Agencia de Medicinas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) publica en su página web una larga lista de medicamentos y productos médicos fabricados en China que tienen prohibida su entrada a los Estados Unidos debido a numerosas violaciones que oscilan desde etiquetas con cifras falsas hasta deficiencias en el control de calidad durante la fabricación.

*Analista político – Ex diplomático