
Por Julieta Troielli (@azarero)
El pasado domingo 25 de febrero, en horas de la mañana, llegaba al puerto de Punta del Este Stefano Caiafa junto al resto de la tripulación del velero australiano Explorer. Stefano, con 20 años, es el navegante más joven del equipo que concretó la tercera pierna de la regata Ocean Globe Race alrededor del mundo.
Para quien no conoce, la regata Ocean Globe Race no es cualquier regata. Se trata de una aventura de ocho meses que recorre 27.000 millas alrededor del mundo. Una de sus principales características es su estilo “retro”, es decir, que se navega como si fuera el año 1973: sin GPS, sin wifi, ni computadoras, todo el mecanismo es manual.
Stefano Caiafa, nació el 25 junio del 2003, en Montevideo. Se inició en la vela gracias a una familia amiga, que estaba en el mundo de la náutica desde hacía años. “Los hijos de esta familia son de la misma edad que mis hermanos y yo. Por eso arrancaron juntos en la escuelita de Optimist del Yacht Club Punta del Este, que tenía sede en Punta Carretas”, recuerda. También menciona las clases divertidas y didácticas de su primera profesora, Lucía Azar, alias, “La Pocha”, a quien le tiene un especial aprecio. “Desde ese momento me apasioné por la vela, y cuando entré al mundo náutico más competitivo, me empecé a mentalizar en hacer regatas”, confiesa el joven navegante.
La elección de participar en la Ocean Globe Race fue principalmente por el cruce de Cabo de Hornos, que es el punto más austral del continente americano. “Es como el Everest para los navegantes, no hay hito más grande que cruzar Cabo de Hornos”, relata entusiasmado Stefano, y agrega: “también me pareció interesante el desafío de volver a 1973, ya que en la OGR solo se puede navegar astronómicamente, porque no hay ni GPS, ni wifi, ni teléfono.” Un detalle especial: en la travesía no hay música digital, por lo que Stefano cuenta entre risas que tuvo que aprender a usar un CD, porque por su generación, nunca había escuchado música con esta tecnología.
Uno de los requisitos de la Ocean Globe Race, es que cada tripulación tenga un miembro menor de 24 años y de nacionalidad perteneciente a alguna de las escalas. En este sentido, Stéfano fue el representante del Yacht Club Punta del Este a bordo del Explorer australiano que comenzó su travesía en Auckland (Nueva Zelanda) con destino a Punta del Este.
Navegación Old School
El día a día en la vida de los navegantes del Explorer, según su joven tripulante, es puro presente. “El tema de no tener tecnología hace que estés viviendo el momento literalmente, no pensás ni siquiera en lo que va a pasar en la siguiente guardia. Estás en el aquí y ahora, y no hay nada que te distraiga”, destaca Stéfano.
Además, relata cómo es la navegación “retro”: todo se calcula a través del cielo y las cartas náuticas. Por ejemplo, para fijar o cambiar el curso de la navegación, cuenta Stéfano que el skipper, es decir, el capitán, salía de día, en momentos específicos, y hacía avistamientos del sol. “Medía el ángulo entre el horizonte y el sol, y según la hora y muchos otros cálculos, podía encontrar aproximadamente las coordenadas en las que estaba el barco, y partir de eso y las cartas náuticas, podía saber hacia dónde ir”, describe. El equipo, en su guardia, tenía que informar cuántas millas había avanzado y hacia qué rumbo. Con esa información y los cálculos del skipper, se lograba confirmar que el barco iba por buen camino.
El momento más desafiante de la travesía

El mayor desafío que atravesó el equipo fue estar una noche a la deriva, sin gobierno del barco, porque se había roto el timón. Acá el relato de ese momento:
Justo dos días antes de llegar al Cabo de Hornos, había mucho viento y olas. Una compañera estaba al timón, con otro compañero de apoyo. Vino una ola grande, el barco se giró, los dos intentaron corregir el rumbo del barco, pero en ese tirón dejaron de sentir presión en el timón. Escucharon un ruido. Algo andaba mal. Se dieron cuenta que el timón giraba en falso y que el barco no reaccionaba. Nos habíamos quedado sin gobierno del barco. Lo que se hace en esos casos es tocar la alarma, que salgan todos y ayuden a bajar todas las velas. Solo se deja la vela más pequeña. Como nuestro piloto automático no estaba funcionando del todo, se consiguió un timón de emergencia, que es como una “T” grande de metal, que se tranca hacia un costado. Con eso y la vela pequeña en posición “contra amurado” ya estábamos en una condición segura, para ver cómo resolveríamos el problema del timón. Se vino la noche y el capitán decidió que se arreglaría al día siguiente. Lo que después nos enteraríamos es que se había roto la unión entre una cadena y un alambre, que se logró solucionar con dos “grilletes”. Yo durante todo este episodio, estaba durmiendo porque no era mi guardia. Fue muy loco despertar y que el líder de guardia me diga: “tranquilo, todo está bien, no va a pasar nada, estamos en una posición muy segura, hay mucho mar para seguir estando…”. Yo no entendía nada y pregunté “¿qué pasó?”. La respuesta fue: “nos quedamos sin timón”. Me quedé helado.“Si querés podés ir a dormir, no va a haber guardia esta noche, mañana lo arreglaremos”, me explicó el líder. Como no había nada que hacer, me fui a dormir. No sé cómo hice, pero dormí 12 horas de corrido. Otros compañeros no pudieron pegar un ojo de solo saber que estábamos sin gobierno del barco, con mucho viento y mucha ola, a la deriva. Básicamente estábamos a la deriva. Por suerte al día siguiente tuvieron la idea de usar dos grilletes, que son como dos enganches de metal, y gracias a eso llegamos hasta Punta del Este.
La familia del Explorer

“En la náutica se generan amistades de por vida”, afirma Stefano y agrega: “en esta regata conocí diez personas increíbles de todas partes del mundo. A pesar de la diferencia de edad nos llevamos todos super bien”. También recalca la labor del capitán “con muchísima experiencia” y de los dos líderes de guardia, que fueron claves para la comunicación y fomentar el trabajo en equipo. El joven navegante también comparte uno de sus momentos preferidos de la rutina a bordo del Explorer: “todos los domingos hacíamos “reunión familiar”, es decir, nos reuníamos y hablábamos de todo lo que había pasado en la semana, cuánto faltaba, cuánto habíamos avanzado, temas importante para el equipo”.
Los tesoros del camino
Stéfano, cuenta que la regata Ocean Globe Race fue “una increíble experiencia”, que le regaló grandes aprendizajes: “desde lenguaje náutico en inglés, el poder afinar algunas maniobras que quizás no estaba tan seguro en barcos grandes, hasta aprender a cocinar para once personas en una cocina de un metro por un metro, hirviendo agua que se me podía volcar encima… parece un detalle, pero aprender a cortar cebolla para once personas, sin cortarme todos los dedos…”.
Cuatro postales inolvidables
Correo de Punta del Este le pidió a Stefano Caiafa que comparta 4 imágenes significativas para él de la travesía.
1.50 delfines
Estábamos en el medio del pacífico, rumbo al Cabo de Hornos. Yo estaba al timón, y de la nada, veo aparecer, a la derecha, algo grande en el agua. Yo pensé que era un pez y le grité a mis compañeros, en inglés “¡un pez muy grande a la derecha, miren!” Todos llevaron la mirada para ahí y me respondieron “son dos delfines”. Lo increíble fue que mientras ellos me decían esto, yo miré hacia la izquierda y vi no uno, ni diez, deberían ser como 50 delfines nadando, saltando, chapoteando a lo loco. Mientras todos estaban distraídos con los dos delfines, yo vi toda esa cantidad. La imagen fue impresionante. Finalmente todos los vieron y empezaron a gritar. Salió toda la tripulación, fue un momento muy especial. La postal sería los 50 delfines chapoteando.
- El Cabo de Hornos
Sin duda una de las postales más significativas fue ver el Cabo de hornos. Verlo al fin. En la vida real, ya no en mi imaginación. La montaña inmensa, los colores, las olas rompiendo ahí abajo. El Everest para cualquier navegante.
- La basura en el agua
Esta postal sería algo así como una de las imágenes que más me chocaron. Estábamos subiendo desde el Cabo de Hornos rumbo a Punta del Este. Ya habíamos pasado Malvinas. Yo había escuchado acerca de los barcos pesqueros chinos, pero cuando íbamos por afuera de la frontera argentina, de golpe vemos en el AIS, que es una pantalla que tenemos que nos avisa si hay barcos cercanos, que había más de 70 barcos pesqueros en línea. No los vimos físicamente, pero la imagen que tengo guardada en la memoria fue la cantidad de basura que empezamos a ver en el agua. Botellas de coca cola, de café, de agua, envoltorios de comida, un montón de cosas desparramadas en el agua. Nos pareció innecesario, para un barco que tiene motor y se podría llevar todo al puerto.
- Los insectos
A esta imagen vuelvo después de haberme enterado que en Argentina hubo una invasión de mosquitos este verano. Resulta que cuando estábamos a 200 millas de la costa argentina, aparecieron mosquitos mágicamente. Nos resultó insólito: a 200 millas de la costa había mosquitos. Veníamos de días y días de no ver insectos en absoluto y nos topamos con mosquitos. Lo gracioso fue que después de eso, aparecieron algunas polillas, que se metieron al locker de las velas y lo invadieron. Un día bajé la malla de la vela para desenfundarla y salieron volando como cuarenta polillas. Otra imagen inolvidable.











