“De profesión labores”, por David Rabinovich

Un breve intercambio con Margarita Percovich volvió a replantearme, como problema, la frecuencia con la que se usan empleo y trabajo como si fueran sinónimos. El mundo del trabajo es mucho más amplio que el del empleo, pero eso no impide que se hable de la necesidad de generar empleos y, como si fuese lo mismo, de las condiciones para que haya más y mejores puestos de trabajo.


I.- Se ha instalado un suerte de doble consenso en la información a los uruguayos: 1 La generación de empleo depende de la inversión de capital. 2 Es muy conveniente para los trabajadores asegurar la alta rentabilidad del capital, porque dependen de esos jornales que sólo el inversor asegura. De acuerdo con este enfoque, los ‘malla oro’ son intocables.
En la política del gobierno y hasta en demasiados análisis, falta considerar con más detalle, atender, entender, la cantidad enorme de trabajo informal, zafral y por cuenta propia que se mueve en torno a las actividades formales o al margen de éstas. La desprotección de ese amplio sector de la sociedad es total. Realmente, es mucha gente.
La pandemia llegó al Uruguay pocos días después que el nuevo gobierno. En poco más de un año fueron decenas de miles los desocupados y los que ni siquiera buscan trabajo, perdida toda esperanza de conseguirlo. Aumentó la pobreza y la miseria. Es en ese sector, especialmente vulnerable, donde se concentran las familias numerosas. La pobreza golpea más duro a niños niñas y adolescentes que a la población mayor. Las políticas del gobierno lucen escasas y tardías frente a la realidad. La central de trabajadores propuso, con el apoyo de la oposición frenteamplista, otorgar una renta básica a 300.000 familias en serios problemas, pero el gobierno de coalición está, por ahora inconmovible. 15.000 jornales solidarios: tarde y poco. Mejor que nada claro. Y muy, muy difundido.
La apuesta parece ser ‘acampar hasta que aclare’ o sea esperar que la vacuna baje la tasa de enfermedad y muerte en la que tenemos el espantoso privilegio de estar entre los primeros del mundo. Como decía un amigo: “El tiempo lo resuelve todo… de la peor forma posible”. Por ahora, el ómnibus que se lleva los muertos pasa todos los días, lleno, con gente parada.

II.- Hay quienes sólo ven “agentes económicos” que concurren al mercado; entonces solo existen las empresas y los recursos que manejan, humanos inclusive. A lo más que se llega es a considerar las micro-empresas como parte del ecosistema. Veo en la sociedad y en las relaciones económicas, un montón de familias en las que sus miembros, todos o algunos, “trabajan por cuenta propia”. Acá hay un tema interesante e importante. Nos quieren convencer que un trabajador por cuenta propia, incluso el que sale a buscar un rebusque, una changa, es una suerte de empresario… Su suerte, buena o mala, depende solo de él, de su esfuerzo inteligente en el ejercicio de su ‘libertad responsable’. ‘Emprendedurismo’ le llaman a la actitud que se le recomienda para sobrevivir. Pero hay mucha gente que quiere vivir de su trabajo (o de su arte) sin tener condiciones para enfrentarse al mercado. Del pibe/piba que hace malabares en el semáforo, también estoy hablando.

III.- Sociólogos y economistas saben sistematizar estos conceptos y me parece que en los análisis faltan cosas que tienen que ver con un enfoque más cercano a esos sectores heterogéneos, que por definición son difíciles de agrupar en categorías y organizar en la realidad.
Sobre el contexto en que se mueven, una nota de Vientosur1 aporta elementos que parecen tener validez más allá de las fronteras del reino de España, aunque sobre esa realidad se escriba. En la situación objetiva de los trabajadores se ve “un factor muy negativo: la desmovilización y la pasividad ante la situación.”
Pasa esto en nuestra realidad, en la que la Central de Trabajadores está, dentro de los cuidados que es necesario tomar por la pandemia, alerta y movilizada? Mientras que en España “Las grandes centrales sindicales practican una política de concertación social con las patronales que deteriora su correlación de fuerzas cada día y, pese a los discursos, los sindicatos no han forzado al gobierno a defender el valor de las pensiones de jubilación, aumentar el salario mínimo profesional prometido, ni a derogar la legislación laboral que ha dejado sin gran parte de derechos a las y los trabajadores y a los mismos sindicatos sin capacidad de negociación colectiva efectiva.” Realidades diferentes. Nuestra Central ha reivindicado, en cada uno de esos y otros aspectos, soluciones acordes a la crisis que se enfrenta. Ejemplo claro me parece el paro acordado para el 17 de junio “contra el hambre y la desigualdad, por trabajo y salario, en defensa de la vida y en solidaridad con los 15 profesores de San José separados del cargo”.

IV.- Acá como en muchos otras latitudes hay luchas en las empresas amenazadas por el cierre y focos de resistencia social por el derecho a la vivienda o a la salud pública, pero estamos muy lejos de realidades como las de otros países. Quince años de gobiernos progresistas muestran luces y sombras sí, pero buena parte de la institucionalidad construida funcionó y fue aprovechada por un gobierno de derechas que criticó duramente “la maldita herencia” recibida. Para ejemplo de ello basta la imagen de la ministra de economía haciendo gárgaras (ayer) con el éxito de la emisión de bonos por 1700 millones de dólares. Afirmó Arbeleche entusiasmada, que los intereses a los que se había conseguido la plata eran muy buenos. Gracias al prestigio del país claro. Si “la herencia maldita” fuese algo más que un slogan, el prestigio del país no sería tal, por cierto. La plata, más difícil y cara de obtener.

V.- Ciertamente acá como allá –en el reino de España- “hay sectores patronales que se ven beneficiados, pero, a su vez, hay clases medias en las que ha avanzado una concepción insolidaria de la libertad de consumo y movimiento; y lo que es más grave, hay muchos trabajadores y trabajadoras con empleos muy precarios e ingresos en riesgo que se han visto ante el dilema de escoger entre dos riesgos: salud o hambre.”
En el marco de una realidad caótica, ante un futuro tan incierto, el intercambio con Margarita y la cara de satisfacción de Azucena, una mañana fresca y luminosa de otoño como la de hoy me alienta a pensar que quizá, sólo quizá, salgamos de ésta para despertar en otra realidad. Una en la que decir “de profesión labores”, no esconda el sentimiento de ser una especie de desocupada y mantenida. Una realidad donde se valore y se remunere el trabajo por lo que vale y no por el ‘precio vil del mercado’.

1 https://vientosur.info/la-izquierda-derrotada-en-madrid-cronica-de-urgencia/