“Derechos humanos y la mujer”, por José Luis Rapetti Tassano

La frecuencia de delitos contra la mujer, donde su condición de tal es el leiv motiv de los mismos obliga a la reflexión. Varios homicidios durante este año 2020, con un reciente caso de condena muy severa por un crimen contra una mujer cuyo cuerpo aún no ha aparecido, reveló algo sorprendente en el expediente judicial y es la condición inferiorizante que el criminal tuvo de la víctima y el menosprecio por ser mujer.
Según se informa, de las actuaciones judiciales además de la gravedad del hecho en sí, esa fue la consideración diminutoria que el autor tuvo de su víctima por ser mujer. Esto nos pone muy en alerta sobre una concepción perversa en algunas partes de nuestra Sociedad.
Es evidente que culturalmente, aún no se ha llegado por todos los estamentos de la Sociedad a aceptar la concepción de la igualdad entre los seres humanos.

LOS DD. HH. Y LA IGUALDAD
En la conmemoración del 10 de diciembre, Día de la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, debemos poner el énfasis en la situación de la Mujer, especialmente en nuestro País. Nos hemos acostumbrado a creer que tenemos solucionados todos los aspectos de los derechos de nuestra gente. Y nos damos de frente contra un tren ante la realidad cuando escuchamos estas atrocidades contra las mujeres.
La legislación nacional, emanada de los principios básicos de nuestro Estado liberal y democrático que consagra la igualdad entre las personas, artículo 8 de la Constitución de la República “…. no reconociéndose otra distinción que la de los talentos o las virtudes”. Nuestro País tuvo una evolución encomiable durante el Siglo XX y también en el presente. De modo general digamos que las mujeres votan oficialmente desde 1938, que en 1946 se promulgó la Ley de Derechos Civiles de la Mujer, leyes recientes sobre la Reproducción, la Despenalización del Aborto o de la Violencia Doméstica y de Género y sus tribunales de Justicia especializados. Pero esas concreciones jurídicas, fruto del avance político del Uruguay, no han terminado por ser incorporados al modo de actuar de muchos individuos. O sea que cultural y socialmente estamos todavía sin el debido consenso que asegure el objetivo de la convivencia armónica y sin temores de las personas. El hecho que la inmensa mayoría acepte, comprenda y sea partícipe de esa idea de igualdad, no nos debe conformar, porque quedan algunos cabos sueltos y sin atar socialmente.

NACIONES UNIDAS
Con un valioso antecedente que fue la “Declaración Americana “ de la Conferencia de Bogotá de abril y mayo de 1948, con un texto prácticamente idéntico, las Naciones Unidas en su Asamblea General del 10 de diciembre del mismo año 1948, aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos, que en su artículo primero dice: “TODOS LOS SERES HUMANOS NACEN LIBRES E IGUALES EN DIGNIDAD Y DERECHOS Y, DOTADOS COMO ESTÁN DE RAZÓN Y CONCIENCIA, DEBEN COMPORTARSE FRATERNALMENTE LOS UNOS CON LOS OTROS”. Aquí no se admite ninguna clase de diferencias entre personas, y en el artículo 2 de esa Declaración Universal, lo reafirma en la parte final del mismo: “ …..SIN DISTINCIÓN ALGUNA DE RAZA, COLOR, SEXO, IDIOMA, RELIGIÓN, OPINIÓN POLÍTICA O DE CUALQUIER OTRA ÍNDOLE, ORIGEN NACIONAL O SOCIAL, POSICIÓN ECONÓMICA, NACIMIENTO O CUALQUIER OTRA CONDICIÓN”. Es indiscutible que la mujer es un ser humano, que está dotada razón y conciencia, que no hay distinción de sexo y demás componentes de esa magnífica Declaración.

DECENIO DE LA MUJER
También las Naciones Unidas con la finalidad de promover acciones de destaque de la mujer, del respeto y la participación igualitaria en la Sociedad, afirmando el tratamiento de sus derechos a esa otra parte de los seres humanos, aprobó lo que se llamó El Decenio de la Mujer. Así se le llamó al período entre 1976 y 1985.
Antes de ese período, en 1952 hubo una Convención de Naciones Unidas sobre Derechos Políticos de la Mujer, algo que hoy nos parece normal que exista, que inclusive para quienes asoman hoy al conocimiento de estas situaciones del relegamiento de personas por cuestión de su sexo, se mostrarán con rostros de asombro porque recién en el Siglo XX se inicia el camino de las reivindicaciones, llegándose a consagrar en las legislaciones de varios países. Las viejas costumbres arraigadas en muchas sociedades sentían el avance de esta nueva sensibilidad que quería poner fin a la discriminación donde la hubiere. Las Naciones Unidas aprobó una Convención en 1979 para “La Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer”, la cual entró en vigor en el año 1981, realizándose a la vez en el período la promoción de ese objetivo de la ONU. En las distintas reuniones y conferencias de NN UU desde la de Río de Janeiro de 1992, la Cumbre de Derechos Humanos de Viena en 1993, más las reuniones en El Cairo, Estambul y Copenhague, se reconocieron los derechos de la Mujer. Otro importante impulso dio la Organización de Naciones Unidas en un tema estrechamente vinculado a las mujeres, como ha sido a lo largo de la Historia la explotación y el sometimiento sexual de las mujeres, que han sido las víctimas primeras en las conquistas de los ejércitos de ocupación y de las bandas de delincuentes traficantes de personas. En 1949 se celebró un Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena.

EL CAMINO QUE FALTA
No solamente en nuestro País nos queda aún por impregnar de la convicción de los Derechos de todos los seres humanos, así como de la sensibilidad y la fraternidad que nos debemos los unos a los otros, como reza el artículo primero de la Declaración Universal. Uruguay es uno de los Países de América donde existe legislación con garantías de Derechos desde inicios del Siglo XX y avanza en el actual. Pero la gran deuda en derechos y garantías para la Mujer, la encontramos en países de religiones severas y dogmáticas que imponen al resto de la Sociedad sus concepciones y la discriminación hacia la Mujer. Esto acontece y no es no es novedad en el mundo musulmán, donde en la inmensa mayoría de los países donde esa religión domina, lleva al plano jurídico la condición secundaria de la Mujer. O sea que no es una cuestión meramente social o cultural que determine un rol inferior de la Mujer en el Estado, es jurídica y eso es lo más grave. No olvidemos la situación de las mujeres africanas, con una estructura social tribal arraigada de siempre, donde el sometimiento es el rasgo característico en la mayoría de esas Naciones. Las normas y las convenciones internacionales que mencionamos, tienen de principio un alcance universal, pero desdichadamente se comprueba como en esos Estados donde la violación de los Derechos Humanos es constante, no se aplican, aunque la Comunidad Internacional paso a paso logra avances con el sacrificio de intelectuales libre pensadores como en algunos Estados islámicos particularmente de África. La legislación que en Uruguay reconoce derechos y garantías, iguales para todos los seres humanos, se inicia con la adopción de los principios del liberalismo político del Siglo XVIII y los avances del Siglo XIX, cuyas expresiones de Libertad e Igualdad marcan el rumbo a la legislación. Todo ello es fruto de la evolución de las ideas que se van elaborando en nuestra educación laica y su base científica.