“El código de Hammuraluis”, por David Rabinovich

Supongo que la ley será aprobada y se comenzará a castigar con prisión a quienes incurran en conductas ‘irresponsables’ en materia de salud pública. Bastará para ello con reincidir. Por menor que sea el delito cometido, si se tiene antecedentes, el ‘formalizado’ marcha preso. El Estado policial, que comenzó a instalarse con la LUC, avanzaría algunos casilleros más. El que avisa no es traidor y el anuncio de una política de ‘mano firme’ estaba claramente expresado. El eufemismo no alcanza a disimular lo que es una concepción autoritaria del ejercicio del gobierno al que se concibe, en gran medida, como ‘control’ de la ciudadanía, de su libertad de expresión, reclamo, protesta. Me hago cargo significaba: “Acá mando yo”. Ustedes son protagonistas de los éxitos y yo responsable de los fracasos, dijo el presidente en el inicio. Ahora los números nos dan mal pero venimos vacunando bien y sólo de eso hablaremos. Para ponerle freno al desastre, todo vale. Todo menos afectar a los negocios claro. El credo está por encima de todo.
No está claro qué deberán instrumentar, en cumplimiento de la nueva ley, la policía, los fiscales, la justicia. En todo caso, para ‘los pie letristas’ en materia legal, será un dolor de cabeza, porque todo parece indicar que ante las dificultades de tipificar los delitos de forma clara y concisa se recurriría –una vez más- a fórmulas generales que, en derecho, son complicadas, peligrosas. Cuanto menos clara sea la tipificación del delito, más diferencias habrá en las consecuencias de reales o supuestas transgresiones según sea la policía, el fiscal y el juez que toque en suerte.
Creo que, en estas circunstancias, eso de la libertad responsable es un juego de palabras ingenioso, sin otro sentido que confundir a la opinión pública. Los grados de libertad individual posibles tienen un marco de referencia ineludible: la sociedad en la que vivimos. En muchos aspectos está claramente establecido que no somos libres de dañar a los demás. Quizá donde sea más complicado discernir los límites naturales de nuestras libertades individuales, en función de los derechos de otros y de la sociedad en su conjunto, sea cuando están en juego los ‘derechos’ y ‘libertades’ que se relacionan con la propiedad. Nada más reacio a las limitaciones que la riqueza y los ingresos concentrados. Para la ganancia y la rentabilidad el límite es el cielo.
Cuando las libertades de cada uno se adquieren en el mercado, resulta que los ricos son más libres que los pobres. Esto, asumido y naturalizado, es sustento de la idea que existe algo llamado libertad responsable donde cada uno termina siendo, en última instancia, quien decide estar sano o enfermo. Es así, tanto como es realidad que se decide tener trabajo, vivienda, auto y casa en la playa…

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