El exintegrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, Henry Engler, abordó su participación en el asesinato del peón rural Pascasio Báez Mena, ocurrido el 21 de diciembre de 1971. Interpelado por el periodista Leonardo Haberkon en el programa Desayunos Informales de Canal 12, Engler reconoció su rol en la decisión que culminó en la muerte de Báez, calificándola como “lo peor que puede suceder”. El asesinato de Báez Mena ocurrió en el campo Spartacus ubicado sobre ruta 9 a corta distancia de Pan de Azúcar donde los tupamaros habían construido una enorme tatucera.
Haberkon, autor del libro Caraguatá, que relata el episodio de la tatucera Espartacus, confrontó a Engler con los testimonios de Enrico Sano y Mael Vassini, quienes lo señalan como un actor clave en la determinación de ejecutar a Báez. “Estaba en la dirección y hubo consultas con un montón de gente, y no hubo prácticamente oposición”, admitió Engler, explicando que la opción inicial de trasladar a Báez a Chile para protegerlo no se concretó porque el encargado de esa tarea se negó.
El exguerrillero expresó un profundo pesar por el hecho: “Me parece espantoso. Es lo peor que puede suceder”. Al ser consultado sobre si este episodio reforzó su rechazo a la violencia, Engler afirmó que “por supuesto que lo refuerza enormemente”. Sin embargo, reveló que no ha discutido el tema con el fallecido José “Pepe” Mujica, ni ha tenido contacto con la familia de Báez.
El caso de Pascasio Báez sigue siendo un símbolo de los excesos de la violencia política en el país. Báez fue secuestrado el 11 de diciembre de 1971, mantenido cautivo durante aproximadamente dos meses y ejecutado con una inyección letal de pentotal.
Implicados
Henry Engler, médico de profesión y miembro de la dirección del MLN-Tupamaros en 1971, fue señalado como uno de los responsables de la decisión de ejecutar a Báez. Según investigaciones, Engler actuó como enlace con la tatucera Espartacus, participó en las consultas para determinar el destino de Báez y llevó la dosis de pentotal utilizada en la ejecución. Muchos tupamaros, incluido Engler, fueron amnistiados tras la restauración democrática en 1985. Sin embargo, su responsabilidad en el asesinato fue reconocida por él mismo y por testimonios de otros exguerrilleros, como Jorge Zabalza, quien calificó el hecho como un “delito de guerra” y una “trasgresión de los derechos humanos”.
Los otros implicados en el asesinato de Báez, según fuentes periodísticas e históricas, incluyen a Ismael Bassini Campiglia, estudiante avanzado de medicina, como ejecutor material del crimen, administrando la sobredosis de pentotal que causó la muerte de Báez. Bassini, conocido como “Falucho”, había sido detenido en 1968 por actividades subversivas, se fugó en 1971 y fue recapturado en 1972 tras el allanamiento de la tatucera Espartacus. Tras la amnistía, obtuvo su título de médico y ejerció en el Hospital de Clínicas, sin enfrentar procesos por este homicidio.
Néstor Sclavo Arman y Gloria Etcheveste de Sclavo, propietarios de la estancia Espartacus, estuvieron presentes durante la detención de Báez y participaron en las discusiones sobre su destino. Conrado Fernández Caveles, Jorge Becca Tessa, Xenia Itte González, Integrantes del comando tupamaro en la tatucera, participaron en la ejecución y encubrimiento del crimen.
Mauricio Rosencof, Wasem Alaniz, Donato Marrero, Mario Píriz Budes, miembros de la dirección del MLN en 1971, aprobaron la decisión de ejecutar a Báez. Píriz Budes, señalado como posible agente infiltrado, habría impulsado la orden. Ninguno enfrentó cargos específicos por este homicidio tras la amnistía.











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