“Impuesto sobre impuesto”, por Ricardo Garzón

Para dar una idea de la anarquía y derroche experimentados durante la administración frenteamplista, baste señalar que el Poder Ejecutivo de la hora ha debido apelar, “in articulo mortis”, a volver a gravar parcialmente y por dos meses los sueldos y jubilaciones de los funcionarios públicos y pasivos que cobran mensualmente más de 120 mil pesos nominales.
Finalizada la temporada veraniega, la prensa continental destaca que las naftas uruguayas siguen siendo las más caras de la región, y que ANCAP, aflojada la cincha, volvió a dar resultados negativos en 2020.
Finalizada también la Semana Santa, la televisión vuelve a llevar a pantallas a un Sendic resucitado, acusado de ser el responsable directo del desquicio que floreció durante la administración Vázquez en el ente petrolero, responsabilidad compartida con el resto del directorio, una pandilla de incompetentes y cómplices.
¡Lejos en el tiempo la presidencia de ANCAP en manos del Ingeniero Raúl Penadés, acompañado en el directorio por el Químico Industrial Silvio Moltedo!…”
¿Cómo puede ser que un organismo monopólico, que exhibe las tarifas más altas del mundo en la comercialización de combustibles, que es una máquina fértil para recaudar minuto a minuto dinero contante y sonante, registre pérdidas multimillonarias que comprometen su viabilidad como organismo del estado? Todo un “lastre”, Ancap, vocablo de palpitante actualidad.
¿Qué ha hecho para revertir esta situación el poder político todo, que juega al Gran Bonete, y que le ha obligado a esta Administración a seguir metiendo mano al bolsillo de la gente para mitigar los efectos devastadores de la herencia frenteamplista?
La situación es desesperante por donde se la mire. El despilfarro corrido durante quince años de gobierno del FA se traduce en que la gente no puede vivir, mal se alimenta, en tanto los canales informativos de la televisión y prensa adquirida y complaciente “compiten” al son de una propaganda oficial multimillonaria en dólares, teledirigida a la pandemia del coronavirus, al fútbol, y al puntual homicidio barrial filmado diariamente por las cámaras de seguridad que controlan la vida ciudadana. Las puertas del Comcar, de Libertad y de Campanero están siempre abiertas para los ladrones de gallinas, pero cerradas a cal y canto para quienes han llevado el país a este estado de postración irrecuperable.
A poco que se investigue, saltará la liebre en UTE, ANTEL y OSE, porque está podrida en su máxima expresión la estructura de recaudación de los servicios, al igual que el incalificable régimen de impuestos nacionales que gravan con impiedad los magros y siempre insuficientes sueldos, jubilaciones y pensiones miserables de la inmensa mayoría de los ciudadanos. La carga tributaria de los uruguayos, pues, en su máxima expresión insoportable.
Para dar una idea de la anarquía y derroche experimentados durante la administración frenteamplista, baste señalar que el Poder Ejecutivo de la hora ha debido apelar, “in articulo mortis”, a volver a gravar parcialmente y por dos meses los sueldos, jubilaciones y pasividades de los funcionarios públicos y jubilados que cobran mensualmente más de 120 mil pesos nominales. Estas prestaciones vienen siendo puntualmente gravadas desde hace años, -IRPF y solapado IASS-, impuesto sobre impuesto este último nada menos que a la pasividad, pese a las incumplidas promesas de liberación impositiva que los presidenciables y restantes candidatos de todos los partidos políticos formulan con flagrante irresponsabilidad y a coro en cada campaña electoral.