“Inconductas y torpezas”, por Luis Eduardo Pereira

Lo del título viene a cuento de las formas improvisadas -sin más fundamento que meros voluntarismos-, con que se han presentado frente a la ciudadanía los campeones de la mentira. Esos que le quieren hacer creer a los que aún no han procesado toda la información a su alcance, para darse cuenta que la ¨Isla de la Fantasía¨ en el mundo real, es inexistente. Nadie en el universo puede aspirar a trabajar menos y ganar más. Verso total por donde se le mire.
Lo malo es que esas declaraciones desafortunadas han permeado más de lo tolerable, generando más dudas que certezas entre los votantes, que lamentablemente -después de idas y venidas-, no terminan de comprender los desafíos a que nos enfrentamos ante tamañas falacias desplegadas.
La falta de claridad de sus anuncios populistas, aunque irresponsables, antes que tarde terminarán horadando la imagen de estabilidad y confiabilidad que el Uruguay ha sabido construir a través de los años. Esto sin dudas ocurrirá si no tomamos ¨el toro por las astas¨, y golpeamos la mesa con decisión y determinación de una vez por todas.
A poco menos de un mes de las elecciones, queda a nuestro juicio, mucho trabajo de difusión y persuasión por hacer en beneficio de aclarar los tantos. Por un lado es difícil seguir esquivando el bulto, y por otro más que necesario hablar de la coyuntura electoral.
Y precisamente una de las entelequias más preocupantes que nos ha traído esta campaña que transitamos, es la constatación de enormes contradicciones en la conducta y forma de manifestarse algunos actores mal llamados de ¨primer nivel¨.
Justamente, de lo que se carece es de nivel intelectual como de coherencia para exponer responsablemente sus propias miradas del ¨que se trata¨…
Eso lo advertimos un día sí y otro también, en quienes deberían ser los más interesados en que se les conociera por tratarse de los ¨retadores¨ de la contienda.
Sin dudas que no es necesario profundizar en sesudas disquisiciones, para percatarse de la carencia de unidad ideológica y política en los patrocinados por el PIT-CNT y algunos partidos del Frente Amplio para darse cuenta de su falta de madurez. Porque no dar sus puntos de vista y afirmar a dónde apuntan tras la elección, es de una pobreza franciscana como hacía tiempo no veíamos.
Se olvidan nada más y nada menos, de lo que hace a la seguridad social de los habitantes del país y a sus derivados efectos en la economía, en las relaciones de trabajo y de convivencia, en las certezas jurídicas, en las inversiones, en la consideración internacional que se nos tiene, sin perjuicio de los demás componentes fundamentales de la relación nacional. Y todo, cuando creemos que no hay espacio para dudas, lo hacen para evitar riesgos que pudiesen hacer tambalear un vínculo atado con alambre, y que pudiese resquebrajar la permanencia de esa amalgama, máxime cuando evitan pronunciarse sobre tan relevantes aspectos que tienen que ver con la vida de las personas que conforman nuestra nación.
Se olvidan nada menos, que de unos de los objetivos más preciados que debe ostentar cualquier organización política que se precie de tal, como lo es la finalidad de ejercer -naturalmente en un sistema democráticos-, el Gobierno con definiciones y posturas claras, precisas y concretas sobre todas las cuestiones que le atañen, con la sustantiva y necesaria legitimidad para asumir las responsabilidades que se le confieren.
Sin embargo, la coalición ¨progresista¨, junto a las ¨bases programáticas¨parecen empeñados en un ¨laissez faire, laissez passet¨, pues se conforman con los anuncios esgrimidos por el candidato Orsi en Buenos Aires, para desembuchar ¨certezas¨ y ¨garantías¨ de un no cambio si les tocase gobernar.
Dada allí la necesidad de la ocasión, el presidenciable del MPP no tuvo más remedio, aunque era medio sabido pero no terminaba de confirmarlo, viéndose obligados a anticipar que su Ministro de Economía sería el Ec. Oddone, siempre con falta de énfasis y dejando dudas, para sus notorios circunloquios como lo acostumbra para otros temas.
Casi se diría que ahora quiere ganar pareciéndose a quien con anterioridad desacreditó y mucho explícitamente.
Por eso entendemos que no hay derecho a ser omisos y dejar de dar la cara acerca de lo que se piensa hacer en adelante.
Porque si tanto se van a parecer, el pueblo tiene todo el derecho a conocer las particularidades de cada participante, y de sus ideas para con el País. Porque si no se accede a debatir y explicitar, habrá quien se pregunte, ¨¿no será mejor quedarse con la marca auténtica, y no ir por la imitación? ¨
Entrar de lleno en la recta final y conocer fehacientemente todo lo inherente al plebiscito de la seguridad social, supone no andar con medias tintas y dubitaciones. Menos a mostrar divisiones y miedos con flojeras para enfrentar el futuro que tendremos por delante. Los señalamos porque ha sido demasiado frecuente que se salga por parte de algunos a aventurar puntos de vista, en forma inmediata otros de su entorno a aclarar sus ideas provocando cierto desconcierto. Esas actitudes, en vez de aclarar certezas potencian las dudas.
¿A asunto de qué, se pretende minimizar el impacto del plebiscito -con alerta de tragedia-, y encima se encienden luces amarillas ante eventuales aumentos impositivos? Para colmos y como si fuera poco, un paladín de la impoluta honestidad ha terminado imputado por abuso en el uso de los recursos públicos.
Pero en esencia, todo confluye en estocadas mediáticas sin profundizar en el meollo de la verdadera cuestión. Porque aunque sepamos que para ciertos sectores ¨lo peor es lo mejor¨, el plebiscito ¨pesenetista¨ no deja de ser pura dialéctica encaramada en una gran pulseada con sus afines, pero que no permite al gran público terminar de saber a qué atenerse.
De ahí nuestro recurrente reclamo argumentativo en pos de echar luz donde no la hay.
¿Por qué ese miedo reverencial de algunos sectores para que los contendientes expongan sus pareceres y formas en que piensan encarar un nuevo Gobierno? Si se actuara con debida transparencia y mayor ponderación para encarar algo tan relevante como lo constituye el tema del plebiscito y sus consecuencias, debería existir la posibilidad manifiesta de que todos tuviésemos oportunidad de adentrarnos en la temática de forma tal de tomar las opciones que nos dieran la mayor tranquilidad a la hora de volcar la balanza.
Y ello lo estaría permitiendo un sólido intercambio de razones y de visiones que hasta el momento no aparecen en el horizonte.
A no dudarlo, cada debate -en el buen sentido-, traería aparejado un verdadero progreso temático.
Y en ese sentido, ya no sería una facultad a la que el candidato -sea del partido que sea-, podría renunciar, sino que sería un derecho de todos, que ningún aspirante a gobernar nos podría soslayar.
Por tanto, esas moralinas que nos quieren hacer creer -Orsi en primer lugar-, de que él preferiría debatir, pero que por instrucción de sus asesores se ve impedido, no tiene razón de ser.
¿Cómo es posible que alguien con tamañas responsabilidades en ciernes, se doblegue ante una barra que no le permite acceder a los derechos de los más?
¿Cómo no vamos a entrar en pánico cuando nos toca oír esas apreciaciones faltas de contundencia por parte de uno de los postulantes que aspira a ser Presidente de la República, y nos genera esas dudas tan profundas, propias tal vez de jugadores amateurs?
¿Por qué en vez de exhibir permanentemente esas muecas divagantes con frases inconclusas, no se expone en forma coherente lisa y llanamente un Plan de Gobierno como se debe?
¿No es vergonzoso que aún no se le conozca y del que parece carecer? ¿No es inmoral y poco ético?
Definitivamente, a escasos días de algo tan importante, parecería lógico que ha llegado el momento sin más aplazamientos en que de forma concluyente los demás candidatos de la Coalición Republicana se dispongan a apercibir a este navegante solitario a firmar un documento conjunto -de donde indefectiblemente surgirá quien nos gobierne en el futuro-, de un inequívoco rechazo al tan mentado plebiscito, presentándose los cinco juntos -como tema de Estado que es-, y donde se exprese con claridad meridiana a lo que se expone el país si se confirmase ese desastre que en apariencia comparten. Como de una idea concertada de qué harán cada uno, en caso de hacerse con la responsabilidad de gobernar en las elecciones próximas.
Respuestas que la civilidad merece.

Luis Eduardo Pereira
Presidente de la Departamental Nacionalista