Las Rosas: la población carcelaria creció un 9,5% en diez meses y supera los 1.200 reclusos

En diciembre pasado, el establecimiento penitenciario local albergaba el 7,3% de la población penitenciaria nacional, estimada en alrededor de 16.109 internos

El Establecimiento Carcelario Nº 13 “Las Rosas” registra un aumento significativo en su población reclusa, lo que genera preocupación por las condiciones de hacinamiento y la gestión penitenciaria.
Según datos oficiales del Ministerio del Interior, la unidad pasó de 1.176 internos en diciembre de 2024 a 1.288 este miércoles, un incremento de 112 personas en apenas diez meses.
La cárcel fue inaugurada en febrero de 2012 con una capacidad de albergar 544 reclusos. Desde ese entonces, hasta ayer, la cantidad de reclusos aumentó un 136%.
Este crecimiento representa un alza del 9,52% en la cantidad de reclusos, un ritmo acelerado que contrasta con las promesas de descompresión del sistema carcelario uruguayo.
En diciembre pasado, Las Rosas albergaba el 7,3% de la población penitenciaria nacional, estimada en alrededor de 16.109 internos en todo el país. Hoy, con 1.288 reclusos, esa proporción podría haber variado, aunque el Ministerio no ha actualizado el total nacional para octubre.
El fenómeno no es aislado. Fuentes del Observatorio del Sistema Penitenciario, dependiente del Instituto Nacional de Rehabilitación, atribuyen el aumento a varios factores: el endurecimiento de penas por delitos como narcotráfico y robos violentos, que representan el 45% de los ingresos en Maldonado; la saturación de otras unidades como la de Montevideo; y demoras en la implementación de medidas alternativas a la prisión, como brazaletes electrónicos o salidas transitorias.
La situación en Las Rosas ilustra la crisis crónica del sistema penitenciario, que en 2024 superó los 16.000 internos por primera vez, según el Ministerio. Con un presupuesto anual de 15.000 millones de pesos para todo el INR, las unidades como esta enfrentan escasez de personal (solo 1 guardia por 8 reclusos) y programas educativos limitados.

Inauguración

En un esfuerzo por modernizar el sistema penitenciario uruguayo y combatir el hacinamiento crónico, el entonces ministro del Interior, Eduardo Bonomi (hoy fallecido), inauguró en febrero de 2012 el nuevo Centro de Rehabilitación Las Rosas. El evento, al que asistieron autoridades del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), marcó el cierre definitivo del antiguo establecimiento, que albergaba a más de 500 internos en un espacio diseñado para apenas 280 personas. La nueva instalación representó un avance significativo en la clasificación de reclusos, alineándose con normativas internacionales de derechos humanos de las Naciones Unidas. Según Bonomi, el objetivo principal fue “separar a procesados de penados, primarios de reincidentes, y considerar el tipo de delito, género y etapa procesal”, lo que facilitaría un modelo de rehabilitación progresiva basado en ejes como el estudio, el trabajo y la recreación. Esta segmentación buscó reducir conflictos internos y promover la reinserción social, resolviendo problemas endémicos del viejo penal, conocido por motines y sobrepoblación. Técnicamente, el centro contaba entonces con una capacidad total de 544 plazas, distribuidas en dos módulos principales. El primero, habilitado en junio de 2011, ofrecía 256 lugares divididos en cuatro sectores: el Sector A incluye 16 celdas individuales y 83 para tres internos cada una; los Sectores B, C y D, con 72 celdas de tres plazas cada uno. El segundo módulo, inaugurado entonces, replica esta estructura con cuatro sectores de 72 plazas. En ese entonces, albergaba a 514 internos: 496 hombres (60 penados y 436 procesados) y 18 mujeres, dejando un margen de 30 plazas libres. Entre las innovaciones destacadas, el complejo incorporó una moderna panadería equipada con hornos eléctricos. Adicionalmente, la cocina central, asesorada por nutricionistas, incluyó una cámara de frío para almacenar al menos cuatro medias reses semanales. El traslado de los 507 internos del antiguo penal se realizó sin incidentes, y el edificio viejo fue destinado a expandir programas educativos y laborales. Expertos del INR proyectaron en ese entonces que, en un año, el 70% de los internos participarían en actividades rehabilitadoras, reduciendo la reincidencia en un 15% según estudios preliminares.